Capítulo 3.

3649 Palabras
Capítulo Tres: Una cita accidentada y un primer encuentro memorable. No podía conducir lo suficientemente rápido para alejarme de las últimas horas. Mi madre me obligó a ir a almorzar con ella esta tarde. Prácticamente me arrastró allí. Sabía que se trataba de un almuerzo para tener la temida conversación que había logrado esquivar con éxito estos últimos días. Todo iba relativamente bien, hasta que llegamos al restaurante. Había pensado que se trataba de un almuerzo rápido entre las dos, donde me contaría que se había sentido sola durante mucho tiempo y se había dejado llevar por un momento con el Señor Benson. Sería incómodo para mi escucharlo, pero era aceptable. Sin embargo, esa idea se fue al garete cuando entramos al local y encontramos a otros tres hombres esperándonos. Liam, Oliver y el señor Benson estaban allí, los dos primeros luciendo realmente confundidos. Y el señor Benson se removía algo nervioso en su asiento. Okay... Eso no pintaba nada bien. Resultó ser que dicho almuerzo había sido planeado para contarnos a los tres, que nuestros padres se encontraban en una relación desde hace casi un año. ¡Un año! Y que las cosas iban en serio, al parecer, porque Thomas tomó la mano de mamá durante todo el tiempo. Si no fuera una extraña imagen a la que debería acostumbrarme antes, sería un momento adorable ver a mamá sonreír de esa forma de nuevo. No había visto esa sonrisa en años. Liam y Oliver se veían más emocionados y esperanzados de lo que pensé. Creí que estarían igual de confundidos que yo con esta repentina situación. Pero luego, era la primera vez que tendrían una figura femenina al lado de su padre. El señor Benson no había salido con nadie luego de la muerte de su esposa. Con nadie hasta ahora. Para Liam y Oliver, esta sería la primera vez que tendrían una mamá. Para mi... Se sentía como una traición a mi padre. Sonaba irracional, pero no podía controlar esa sensación. —Habíamos estado posponiendo esta conversación con ustedes por cerca de un mes —había dicho Thomas. Liam codeo mi costado, tratando de atraer mi atención, pero al parecer mi plato con Mussaka griega,era mucho más interesante para mi que el participar en la conversación. —Solo quería estar segura que éramos estables y nos mantendríamos durante mucho tiempo. No estaba en mis planes iniciar una relación con Thom, y luego terminar a medio camino, haciendo las cosas incómodas para todos —intervino mamá, haciendo que enderezara mi espalda de un tirón. —¿Thom? —mascullé entre dientes, hablando por primera vez desde que llegamos. Mamá me lanzó una mirada con una mezcla de preocupación y confusión. Y eso fue todo. Había tenido suficiente de esto. Me levanté de un salto, apartándome de la mesa y corriendo fuera del restaurante como si mi vida dependiera de ello. Por suerte habíamos venido en mi auto, por lo que subí a mi destartalado bebé y conduje fuera del estacionamiento, justo antes de que Liam lograra alcanzarme. **** —¡Dios! ¿Cómo haces para comer tanto y seguir igual de caliente? —dijo Van luego de que yo terminara mi segunda hamburguesa. Estaba tratando de borrar las últimas horas con comida. Era eso, o terminaría de enloquecer por la bizarra conversación. —Los buenos genes —le dije luego de tomar un largo trago de mi coca-cola. Y era cierto. Siempre he sido delgada, pero con curvas suficientes para atraer la mirada de los chicos, no tanto como Vanessa y eso se debía a mi constante entrenamiento en la pista de atletismo. Siendo alta, con ojos claros y rubia, tenía una belleza típica, lo que me hacía la chica bonita del grupo. Mientras que Van, con su cabello castaño y ojos verdes, se llevaba el título de chica sexy. —Eres una egocéntrica —me dijo y robó una de mis papas, ganándose un gruñido de mi parte. ¿Qué? No me gusta que toquen mi comida. —¡Oye! Son mis papas. Además, merezco algo de comida, luego del incómodo almuerzo de hoy —le dije. Cuando logré tranquilizarme lo suficiente, conduje hasta la casa de Van y ella me propuso la terapia ¡Vanessa McLean! que consistía en ir de compras hasta no poder con nuestros pies y comer hasta reventar. —¿Crees que estoy siendo inmadura? —cuestioné cuando terminamos de comer. Esa pregunta no dejaba de rondar por mi cabeza. —Dani, ¿qué es realmente lo que te molesta? —hizo a un lado los restos de su comida. Reflexioné sobre su pregunta e hice una mueca ante lo infantil que iba a sonar mi respuesta. —Creo que es el hecho de que mi papá ya no sería el único en su corazón. No lo sé... Crecí viéndolos como la historia de amor perfecta. Lo que quería para mi futuro —bebí lo último de mi coca cola y suspiré antes de continuar—. A pesar de como se fue papá, nunca empañó el cuento de hadas que fue su relación con mi madre para mi. Siempre creí que mamá le sería fiel incluso si él no estaba con nosotras. — Ya veo —asiente Van, jugando con el lóbulo de su oreja, como lo hacía cada vez que estaba concentrada en en algo—. Simplemente tienes miedo de que Thomas remplace a tu padre, ¿es eso, verdad? Asentí de forma reticente. —En el fondo sabes que eso nunca va a pasar, Dani. Tu padre siempre será el amor de la vida de Katherina —estira su mano a través de la mesa y toma la mia, dándole un apretón reconfortante —. Pero ella tiene que avanzar. Son siente años, Danila. Ya es tiempo de que ambas lo dejen ir. No es justo que le impidas encontrar la felicidad de nuevo, ¿no lo crees? Arqueó una ceja de manera desafiante en mi dirección y me encogí de hombros. —Si lo pones de esa forma... —murmuré, sopesando sus palabras. Tenía toda la razón y me sentí muy mal al pensar en que estaba impidiéndole a mi madre la oportunidad de sentirse amada de nuevo. »Ugh, odio cuando tienes razón en todo —Van rió ante el tono de mi voz y yo saqué mi móvil de mis pantalones, entrando a la opción de mensajes y escribiendo un texto rápido, pero significativo para ambas. Mi madre y yo. Yo: Es hermoso que encontraras el amor de nuevo, Mami. Solo no me pidas que lo llame papá. Su respuesta no tardó ni un minuto en llegar. Era una simple palabra, que significaba que todo iba a estar bien. Mami: Gracias. Sonreí por eso. Tomaría tiempo acostumbrarme a eso, pero este era un gran primer paso. ***** —Ollie me invitó a la playa mañana —habló Van, rompiendo el silencio que se había instaurado entre nosotras desde que había recibido ese texto de mamá. Me detuve en seco, ante la enormidad de esa pequeña frase. ¡Oliver la invitó a salir! Solté un chillido y dejé caer mis bolsas mientras abrazaba a Van contra mi pecho. Un anciano que pasaba a nuestro lado se llevó un gran susto gracias a mi chillido y nos dio una mirada que podría habernos matado. Si las miradas mataran. —¿Cuándo? ¿cómo? ¿dónde? ¿por qué? —le pregunté zarandeándola levemente. El anciano se alejó de nosotras refunfuñando algo que no alcancé entender. Pero puedo asegurar que no era nada bueno. —Ayer, luego de que le pidiera que me recogiera luego del entrenamiento de animadoras, porque mamá no pudo pasar por mi. Me preguntó que si iría a la playa con él. En su auto. No sé porqué, solo lo hizo —me respondió como sí no fuera la gran cosa, pero ambas sabíamos que no lo era. Volví a chillar y cantarrutear algo sobre el Valiver. Van sólo rodó los ojos ante el ridículo que estaba haciendo y subió nuestras bolsas a su Audi A3—modelo escogido exclusivamente por uno de los libros que se la pasaba leyendo—, antes de subir al asiento del conductor. —No te hagas la impasible, sé que estás tan emocionada como yo —le dije subiéndome al asiento de copiloto y colocándome el cinturón de seguridad. Ella solo se encogió de hombros y comenzó a salir del estacionamiento. —Me sorprende que sepas el significado de la palabra impasible —se burló, con la mirada puesta en la carretera. —Soy una cajita sexy de sorpresas —bromeé, todo el estado de ánimo pesado y algo triste de antes quedado relegado por esta nueva información. Tomé mi móvil y le mandé un mensaje a la persona con la cual, había tenido que sufrido por la tensión entre ellos. Yo: ¡Dime que tú no lo sabías! Liam respondió en dos segundos. Liam: ¿? Yo: Valiver, tonto. Liam: ¿qué? Yo: Tu hermano se puso los pantalones de niño grande y la invitó a la playa. Yo: Van se hace la que no es la gran cosa, pero la conozco, y sé que esta brincando en un pie. Liam: Diablos, yo estoy bailando en un pie. Yo: Sacúdelo, bebé! Liam: .l. Reí. Reí como una idiota, solo porqué estaba feliz. Me sentía feliz por Oliver y Vanessa, me sentía feliz por mamá. Porque aunque aún no me siento cómoda con su relación, me alegra que por fin haya superado la muerte de papá. Y estaba feliz, porqué tenía una pequeña posibilidad de conocer a Cole Carter. —Cariño, tú y yo, definitivamente vamos a volver el viernes a comprar tu nuevo bikini —le dije cuando nos detuvimos en una luz roja. Con el paso de los años, cambiamos un poco los papeles. Vanessa se tornó más tímida y retraída, escondida casi todo el tiempo detrás de sus libros, a excepción de sus momentos como animadora. Por otro lado, yo empecé a sobresalir más, participando en la dirección de obras de teatro o en las carreras. Y también por Liam. Siempre era arrastrada a todos sus brillantes planes. Brillantes entre enormes comillas. Porqué, aunque ambos lo neguemos, tenemos un vínculo especial, diferente a mi amistad con Van. Él sabe todo de mi. Incluso aquellas cosas que Van ignora. Y supongo que lo mismo pasa con Ella y Oliver. Siempre tuvieron su propio universo, y Liam y yo teníamos el nuestro, basado en bromas y malos tratos. —Ya lo hice —dijo, y señalo una pequeña bolsa arriba de la guantera. De inmediato la tomé en mis manos y saque un sencillo bikini vino tinto, con un pareo marrón. Las tiras del bikini eran lo suficientemente pequeñas para ser sexy, pero no tanto para caer en lo vulgar. Mi pequeña estaba creciendo. —¡Wow! ¿lo escogiste tú? —pregunté, porque ella siempre llevaba un vestido de baño de nadador cuando íbamos a nadar. Nunca la hemos visto en bikini. Dios, el pobre Ollie va a alucinar en cuanto la vea. —Si, con un poco de ayuda de la dependienta —dijo y lo miró un segundo, antes de volver la vista a la carretera, conduciendo cuando la luz cambió a verde. Mordió su labio y sabía lo que venía—. ¿No creés que es demasiado revelador? Es el más conservador que encontré en la sección de trajes de baños de dos piezas —habló atropelládamente y luego cerro su boca de golpe cuando su móvil empezó a sonar con Dream on de Aerosmith, tono que Oliver asignó en cada teléfono para darle estilo a sus llamadas. Por lo menos no escogió algo tan inmaduro como Barbie girl de Aqua. Ese fue escogido por Liam. Tomé su móvil y contesté antes de que ella pudiera hacer nada. —¡Hola, hermoso! —le dije imitando la voz de Van. O por lo menos intentándolo. Ella solo me miró mortificada, temiendo que la avergonzara. —¿Vanessa? —preguntó Oliver al otro lado de la línea. —Sip, la misma que ha estado enamorada de ti por los últimos once años —respondí, tratando de contener la risa. Van frenó de golpe al escuchar mis palabras, haciendo que me. estrellara con el cinturón de seguridad y maltratando mi hombro. —Mierda, Van. ¿Podrías tener más cuidado? Casi me dislocas el hombro —le dije mientras sobaba el área afectada. Oliver solo reía al otro lado de la línea, por lo que le corté la llamada y guardé el móvil en la guantera. —Eso es para que aprendas a no decir mentiras sobre mi —respondió, sonando triunfante. Yo me encogí de hombros y guardé silencio por el resto del viaje. —Vamos, no me digas que estas enojada. Si tú comenzaste, diciendo todo eso a Ollie —me codeó Van luego de un rato. No me había dado cuenta que ya estábamos en mi casa. Creo que me dormí en el camino. —No, cariño. No estoy enojada, solo cansada. Pasé cada noche de estos últimos tres días en vela, esperando la temible charla con mamá que nunca llegó —le dije y me bajé del auto para tomar mis bolsas del maletero. Van me siguió y me acompañó adentro, encontrando que mi madre no estaba. —Tal vez, ahora que ya no tiene que esconderse, esté pasando algo de tiempo con el Sr. Benson —dijo Van, dejando mi bolsa en el sofá y moviendo sus cejas de manera sugerente. —Demasiado pronto para esos chistes, Vanessa —le dije y me dirigí a la cocina por un vaso de agua. —Solo digo la verdad —respondió encogiéndose de hombros. —Entonces prefiero que me mientas —serví un vaso de agua, bebiendo la mitad de este de un solo trago— ¿Te quedas a dormir? Van asintió y tomó su móvil para avisarle a su madre de nuestros planes. Pasamos el resto de la tarde, entre risas y películas de Star Wars. Mi papá me heredó su amor por la ciencia ficción y el cine, pero su amor por la lectura no me alcanzó a mi. Prefiero las películas a los libros, cosa que hace enfadar y mucho a Van, ya que ella está, literalmente obsesionada con los libros. Respeto su amor por los libros, pero no lo comparto. No señor. **** Cole. —¿Estás soltero, Cole Carter? —preguntó el periodista de turno. Rodé los ojos internamente ante su cuestión. Era lo mismo en cada rueda de prensa. Como sí mi vida amorosa fuera algo que debían saber de vida o muerte. Eran unos cuervos, en busca de su próxima víctima para desmembrar. Pero yo era mucho más inteligente. Los años me habían dado experiencia para no entregarles demasiado de mí. —La última vez que lo revisé, si —fue mi respuesta y deseé con todas mis fuerzas tener un cigarrillo en las manos. Sin embargo, luego del incidente en la habitación de hotel hace una semana, Mason no me permitía acercarme a nada que pudiera nublar mi percepción de la realidad a tal punto, de perder la noción del tiempo durante días. —¿Qué hay de los rumores sobre su adicción a los medicamentos de prescripción? —soltó otra reportera. Me tensé en mi incómodo asiento y giré mi rostro hasta la mujer que tuvo la osadía de hacer esa pregunta. Era caliente, pero demasiado rabiosa. Cabello pelirrojo. Labios provocativos. Arqueaba una ceja en mi dirección de manera desafiante. Ethan pateó mi pierna debajo de la mesa, instándome a continuar. —Es la primera vez que escuchas sobre ello — Daniel se inclinó en mi dirección susurrando palabras que seguramente Mason le ordenó que dijera. Mi ira aumento, porqué estaba cansado de que me dijeran que hacer. Había llegado a mi punto de quiebre. Me levanté de mi lugar y enseñé mi dedo medio a todos los reporteros que estaban allí para cubrir la noticia de nuestro próximo álbum. Mientras salía de la sala de prensa por la parte de atrás, sentí como múltiples flashes eran disparados en mi dirección. No podría importarme menos. Sabía que el gesto me traería problemas después. Probablemente Mason tendría un aneurisma en ese momento, pero no había ningún asomo de arrepentimiento en mí mientras caminaba por el pasillo, con rumbo al estacionamiento del lujoso hotel. Cuando llegué al estacionamiento subterráneo, toqué mis bolsillos, rogando por encontrar las llaves del auto en ellos. Estaba de suerte, al parecer, porque las encontré en el bolsillo interno de mi cazadora. Roger—mi guardaespaldas— me alcanzó justo antes de subir al Mercedes. —¿Señor? ¿Quiere que lo lleve a algún lado? —cuestionó. Roger rondaba los cuarenta y pocos y era un exmilitar. Bastante callado, debía añadir. Era mi hombre de confianza. Me encogí de hombros y subí al asiento del conductor. — Puedes seguirme. Solo necesito alejarme un rato —contesté y él asintió, alejándose de mi. No me quedé a esperar que me siguiera, sabía que me encontraría. Salí del estacionamiento, observando sin mucha atención a las personas esperando fuera del hotel. Por mi. Por los chicos. No sentía nada. Comencé a manejar sin rumbo fijo, por las calles de San Diego, cantando a todo pulmón todas y cada una de las canciones que sonaron en mi reproductor. —¡Si me amas, déjame ir! —canté igualando el rango vocal de Urie. La letra malditamente me estaba llegando. —¡Por qué estas palabras a menudo son como cuchillas que dejan siempre cicatrices! Y tengo miedo de fracasar. Aunque a decir verdad, nunca fui tuyo —me detuve en una de las muchas playas de San Diego, dejando que las últimas notas de la canción se desvanecieran, dejándome con una sensación de vacío. ¿Mi música aún era lo suficientemente buena para dejar al oyente con ganas de más? ¿O también había perdido su esencia en algún punto? Justo cómo yo. Subí la capucha de mi cazadora y me coloqué mis lentes de sol negros, haciendo todo lo posible para permanecer oculto de las wingers. Abrí la puerta del coche y sentí como el calor del lugar me alcanzaba de inmediato. Caminé un par de segundos, antes de inclinarme y quitar mis zapatos, andando por la arena caliente. Disfrutando de la sensación de ésta entre los dedos de mis pies. Amaba esa pequeña libertad que tenía en estos momentos. Hasta que escuché como una puerta se cerraba a mis espaldas y supe que Roger estaba aquí. Seguí caminando, fingiendo que era una persona normal, que podía hacer esto cada día sin mil fotógrafos queriendo obtener una toma de él. A lo lejos veía a los niños jugar con sus padres y un par de enamorados que caminaban por la orilla del agua, disfrutando de la simplicidad de sus vidas. Una pareja se escondía detrás de... ¿un arbusto falso en medio de la playa? La chica parecía estar regañando al joven y este solo asentía con la cabeza, como sí el hecho de estar siendo regañado por ella, ya fuese algo cotidiano. Me detuve en mi lugar, observando con un poco de curiosidad el intercambio. La chica continuaba manoteando y señalaba algo de espaldas a ella. De un momento a otro, el joven soltó los tirantes del bikini de su pareja, y los más perfectos pechos que he visto en mi vida quedaron al aire libre. Ups... pechos a la vista. Detallé el perfecto par, deslizando mi mirada por su plano vientre y culo respingón, para finalizar con unas piernas jodidamente kilométricas. Estaba caliente. Muy caliente. Subí mi mirada, para ver si podía atrapar un vistazo de su rostro, pero ella apartó el cabello rubio de este y su mirada encontró la mía. Sus ojos se abrieron con sorpresa al descubrirme y sus mejillas se tornaron de un tono escarlata, visible incluso desde donde me encontraba. —¿Te gusta lo que ves, pervertido, hijo de perra? —gritó y su compañero se giró para verme. —Claro que me gusta lo que veo, nena. Con esas podría pasar un buen rato —no pude evitar picarla y la señorita topless se levantó, con la clara intención de perseguirme. Sentí a alguien detenerse a mis espaldas y me tensé al darme cuenta que Roger también había visto los pechos de la chica. No sé porque, la idea de eso me molestó. —¿Es divertido verle las tetas a una chica sin su consentimiento? —la chica cubrió sus pechos con un brazo y levantó su mano libre enseñándome su dedo medio. Le soplé un beso y eso pareció encender la chispa en ella. Empezó a correr en mi dirección. —Es hora de irnos, señor —murmuró Roger, tomando mi brazo y tirando de mi en dirección a mi auto. Lo dejé llevarme por el simple hecho de que, por más buena que estuviera, no iba a dejar que rompiera mi jodida cabeza. Nos detuvimos frente a mi auto y le lancé las llaves a Roger, el cual las atrapó en el aire y ambos subimos al auto antes de que la rubia caliente nos alcanzara. Roger encendió el auto, un segundo antes de que la ventana del asiento trasero estallara. Una roca y muchos vidrios cayeron a este, salpicándonos a ambos. —¡Conduce, conduce! —apresuré a Roger y esté me obedeció de inmediato, alejándonos del peligro. Me giré en mi asiento, encontrando que había sido la rubia caliente la causante del alboroto. Algo que no había pasado en muchos años sucedió en ese momento. Reí. Jodidamente reí porque una chica acababa de romper una de las ventanas de mi auto. ¿He perdido la razón ya?
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