Capítulo Cuatro: Por los nuevos comienzos.
—... y número cien: porqué en todos tus planes siempre termino perjudicada de alguna forma —finalicé mi conteo cuando estacionó el auto fuera de mi casa.
—¿Feliz? —respondió Liam con una sonrisa burlona en el rostro.
—¡No lo estaré, hasta que inventes una máquina del tiempo y evites que ese pervertido vea mis pechos! —grité y me quité el cinturón de seguridad antes de bajar de su auto.
Durante todo el trayecto desde la playa hasta mi casa, hice un conteo de las razones por las cuales era el peor amigo del mundo.
Y cien eran pocas.
Un maldito pervertido vio mis tetas porque él decidió que era divertido soltar las tiras de mi bikini.
—¿No te parece que ya tu honor fue salvado luego de que rompieras la ventana del auto del pervertido? —cuestionó, levantando una ceja luego de bajarse del auto y seguirme hasta la entrada de mi casa.
—Eso no fue suficiente. Si no hubiera huido como un cobarde, le habría lanzado la otra roca en sus pelotas —exclamé, abriendo la puerta de casa y apoyando mi hombro en el marco de esta.
—¿Qué te parece sí te llevo a cenar esta noche? —batió sus pestañas, tratando de convencerme con los ojos de cachorro a los cuales ya era inmune.
—¿Crees que eso lo arreglará todo? —me crucé de brazos.
—Es comida gratis.
Tenía un punto allí.
—Acepto. Pero sólo si no me llevas a algún lugar de mierda saludable. Necesito algo pecaminosamente delicioso. Algo que me haga correr el doble en la pista mañana.
—¿La perla? —pasó una mano por su cabello, apartándolo de su frente.
Para algunas de sus groupies ese gesto de apartar su cabello significaría un orgasmo instantáneo.
A mi solo me daba un vistazo a la enorme espinilla que estaba en su frente.
—Suena bien —asentí y él me extendió la mano, la cual apreté antes de que levantara mi brazo y empezara a hacerme cosquillas —. ¡Basta, Liam! —grité en medio de las risas. Él se detuvo un segundo, antes de empezar a hacerlo de nuevo.
—Dime que soy el mejor amigo del mundo y que todas esas razones que enumeraste antes son mentiras —habló en medio de su ataque.
Juro que estaba a dos segundos de hacerme pis encima.
—¡Nunca! —le grité y logré zafarme de su agarre, entrando a la casa cerrando la puerta de golpe.
El impacto hizo que la foto de Rocco—nuestro perro, que había sido enviado a una granja porqué ya estaba anciano—cayera de su lugar en la pared y se estrellara contra el suelo, rompiéndose en mil pedazos.
Hice una mueca ante el estruendo y me incliné para juntar las piezas de cristal rotas del suelo.
—¿Qué pasa, Danila? ¿qué es todo este alboroto? —habló mamá, mientras salía de la cocina con un bowl en sus manos.
Había olvidado que hoy era su día libre y se suponía que iba a pasarlo con ella luego de casi tres años sin tenerla un día entero en casa.
Maldito seas, Liam.
Maldito tú y tus planes descabellados que siempre terminan mal para mi.
—¡Mami! —exclamé con entusiasmo y corrí a abrazarla, las piezas de cristal olvidadas por completo.
Mamá solo se rió por mi arrebato infantil y se dejó mimar un poco.
—¿Todo bien, entonces? —cuestionó cuando me separé un poco de ella.
Asentí y ambas nos adentramos en la cocina, yo como simple espectadora de las artes culinarias de mamá, porque era propensa a incendiar la cocina o el vecindario.
Todo dependía de cuanto tiempo me dejaran sola a cargo de la estufa.
*****
—¿Qué sucedió, Danila?— preguntó mamá, luego de que termináramos de hornear una tarta de manzana.
Nuestra tarde se había ido entre hornear pasteles, tartas y galletas—para el ala de enfermos terminales en el área de pediatría de el hospital Estatal, donde mamá era voluntaria—y ver Gossip girl mientras la masa se encontraba en el horno.
Mamá no lo admitía, pero era bastante obvio su amor por Nathaniel.
—Liam, eso pasó —respondí mientras juntaba los trastos sucios en el lavavajillas.
—¿Qué te hizo ahora? —cuestionó, a la par que sacaba el papel aluminio para cubrir las tartas y guardarlas en el refrigerador.
—Dos palabras. Pechos y pervertido —suspiré y me senté en la encimera, balanceando los pies mientras empezaba a contarle la historia de mi día.
Le conté todo, desde el momento en que Liam se subió por mi ventana para sacarme de la cama y llevarme a la playa a espiar a Vanessa y Oliver mientras tenían su primera cita, hasta el momento en que el pervertido apareció y vio mis pechos.
Omití a propósito la parte en la que corrí con mis pechos al aire y le lancé una roca al auto del mirón, rompiendo uno de sus vidrios.
Estaba segura que eso no le haría ninguna gracia.
Mamá intentaba contener la risa mientras le contaba la parte en la que Liam tropezó con el arbusto falso que había conseguido del jardín de la señora McCain y cayó de forma estrepitosa en la arena, un poco de esta entrando en su boca.
—...y luego, corrí detrás de el mirón, tratando de alcanzarlo para tener una charla amistosa con él, pero solo siguió corriendo como niña y se subió a su auto —finalicé la historia de mi día y mamá solo negaba con su cabeza, riendo.
—Cariño, creo que deberías dejar de juntarte con Liam —bromeó mamá.
Ambas sabíamos que eso sería casi imposible.
—Creo que voy a hacerlo, siempre que lo sigo en uno de sus planes, la que sale sufriendo soy yo —negué fingiendo pesar y ambas pegamos un bote al escuchar un fuerte golpe en la puerta.
Segundos después, un golpeteo insistente empezó a resonar en la casa.
Bajé de la encimera y corrí a la entrada a ver quien tocaba con tanta insistencia.
—Qué demonios... —un cuerpo pequeño impacto con el mío me interrumpió a medio camino de mi frase y supe que Van había llegado de su cita.
Me abrazó con fuerza y yo sólo la dejé estar.
—¡Estoy tan feliz! ¡Estoy más allá de feliz! ¡Estoy euforica! —exclamó soltándome y entrando a la casa, caminando como en una nube.
Yo solo podía sonreír por la cara de idiota enamorada que traía Vanessa.
—¿Así que te fue bien en la cita? —le pregunté fingiendo que no habíamos espiado cada segundo de esta.
—Fue la cita perfecta, aunque cuando estábamos caminando por la playa, una loca salió de una especie de arbusto falso en topless y comenzó a perseguir a un hombre. Incluso rompió la ventana del auto del mismo con una roca —dijo y yo me atraganté un poco con mi saliva al escuchar la última parte.
¿Era posible qué Van supiera que se trataba de mi?
Ella siguió parloteando sobre como Ollie luego de pasear por la playa, la llevó al prado detrás de la casa de él—donde solíamos tener nuestras noches de acampada y fogatas—y preparó un picnic para entregarle una carta en la que había escrito sus sentimientos.
Demasiado dulce, pero de alguna forma, siempre sospeché que cuando ese par se juntara, serían adorablamente empalagosos.
Mamá se nos unió una hora después para preguntarnos si queríamos ordenar una pizza.
Ambas asentimos de inmediato.
Cuando estaba a punto de tomar el teléfono para llamar a Ringo's, la pizzería favorita de mamá, el timbre de la puerta sonó.
Extrañada acerca de quien podía ser, me dirigí a averiguarlo.
Al abrir la puerta, todo lo que pude vislumbrar, fue un enorme ramo de rosas, que tapaban el rostro del visitante misterioso.
Me levanté sobre la punta de mis pies, tratando de obtener un vistazo de la persona que sostenía el ramo, pero antes de poder descubrirlo, él empezó a cantar.
Bueno, cantar sería un cumplido.
Empezó a asesinar una de mis canciones favoritas con sus alaridos.
—Te dije que era basura,
que no valía la pena. Pero aún así, me sigues eligiendo. Me sigues eligiendo. Y el día que dejes de hacerlo, antes de salir por la puerta, debes dejar la pistola cargada... Porqué cariño, si dejas de escogerme, mi existencia se termina —Liam terminó la canción con un intento de nota alta, tratando de imitar el registro de Cole Carter.
Y fracasando miserablemente.
Pobre U choose me, no volverá a ser la misma canción luego de esta interpretación tan desastrosa.
—¿Por qué, Liam Benson, acabas de asesinar lenta y dolorosamente, la primera canción de Black Wings? —fue lo primero que dije, cuando por fin bajó el ramo de rosas y dejó su rostro a la vista, el cual tenía una mueca engreída dibujada en este.
—¿A qué te refieres? Mi interpretación fue perfecta. Incluso hice esas notas extremadamente agudas que tu novio canta cada dos segundos —me entregó el ramo y entró a mi casa sin ser invitado(lo cuál ya era una costumbre), saludando a mamá con un sonoro beso en su mejilla.
—Pasa, Liam. Estás en tu casa —dije con todo el sarcasmo que pude reunir, mientras cerraba la puerta detrás de mi y hacia malabares con el ramo gigante—. ¿No había un arreglo floral más grande, Benson?
Escuché un 'awww' de parte de Van y yo solo negué con la cabeza indicándole que no se hiciera locas ideas en su mente.
Ella hizo un puchero, pero asintió.
Dejé las flores en la mesa de centro y crucé mis brazos, esperando una respuesta de Liam a todo este alboroto.
—¿Y bien?
—No me digas, Dazzila, que vas a ir a nuestra cita con esa ropa —fue lo único que salió de sus labios, haciendo que mi madre y Van intercambiaran una mirada de complicidad.
¡Su declaración les haría creer que estábamos saliendo!
—¡No es una cita, Liam! —exclamé.
—No, por supuesto que no. Sí quieres mantenerlo en secreto por un tiempo, sólo será una salida de amigos entonces —me dio un no tan disimulado guiño, solo avivando más la creencia de que estábamos juntos y un bufido escapó de mis labios.
—Ya quisieras que fuera algo más —rodé los ojos y Liam soltó una carcajada, liberando el ambiente de la pequeña tensión que empezaba a formarse.
—En serio, Danila, ¿quieres ir a La perla vestida de esa forma? —arqueó una ceja y yo examiné mi atuendo con el ceño fruncido.
Tenía puesto el pantalón de mi pijama con estampado de adorables osos pandas y una de las camisas del único concierto de Black Wings al que pude asistir, en la cual se leía Carter's b***h.
¿Ya había mencionado que amaba a Cole Carter?
Observé la ropa de Liam casi con fastidio. Traía un pantalón n***o, camisa de vestir blanca y zapatos elegantes.
Cuando terminé mi inspección y me detuve en su rostro, el cual ostentaba una sonrisa pretenciosa, supe que me iba a obligar a vestirme como una señorita refinada, llevándonos al área reservada del restaurante.
Maldito seas, Liam y todo tu dinero.
—Supongo que no —respondí y dejé salir un suspiro de derrota, sabiendo lo que venía.
Dos segundos más tarde, Van tiró de escaleras arriba y me obligó a entrar en la ducha mientras ella y mamá—la cuál no había notado que nos seguía sino hasta segundos después—rebuscaban en mi armario por algo decente.
Tomé un baño corto y depilé mis piernas, por sí acaso me tocaba usar un vestido, mientras escuchaba como mi habitación era desordenada en busca del atuendo perfecto.
Sólo esperaba que devolvieran las cosas a su lugar después.
Sequé mi cabello lo más rápido posible, tarareando por lo bajo la pegadiza melodía de La la f*ck you, de mis amores.
Tres minutos después, con mi cabello completamente seco, volví a mi habitación, la cuál parecía una zona de guerra.
Todo mi armario estaba volcado de alguna forma en mi cama y sólo podía pensar en lo vieja que era la estructura de la misma y como podía derrumbarse en cualquier momento.
—¿Acaso explotó una granada aquí mientras me duchaba? —mascullé, apartando un par de botas de mi camino, para evitar tropezar con ellas.
Ambas dieron un respingo al escuchar mis palabras e inmediatamente volvieron a su labor frenética.
Nunca había visto a mi mamá tan... ¿Enérgica?
Pero de nuevo, esta sería mi primera cita, por lo que supongo que a eso se debe su hiperactividad.
Van le dijo algo a mamá y ella asintió, antes de acercarse a mi con un trozo de tela rosa en su mano.
—Toma, ponte esto y hazlo rápido, que tengo que maquillarte y peinarte —habló casi en una orden y empujó la pieza de ropa a mis manos.
Observé lo que me entregó y vi que era un vestido rosa palo que solo había usado una vez antes y el cual escondí en mi armario para que las polillas lo consumiera.
Era un sencillo vestido sin mangas, ajustado en el pecho y un poco suelto en la parte inferior, llegando hasta un poco más arriba de las rodillas. Bastante bonito, pero nada favorecedor si tu pecho es casi inexistente.
Nunca había logrado sentirme lo suficientemente confiada para usarlo otra vez, por lo que luego de colocármelo para la fiesta de los dulces dieciséis de Vanessa, no había visto la luz del día.
Hasta ahora.
—Ugh, no voy a usar eso —negué y dejé el vestido sobre la montaña de ropa al borde de mi cama, escaneando esta en busca de algo más que usar.
—Claro que lo harás. Es lo más... Es lo único que tienes para una ocasión como esta —argumentó mi madre, casi como un reproche.
Si, los vestidos no son lo mío. Me gusta más usar algo con lo que pueda moverme con libertad y no enseñarle mi ropa interior al resto del mundo.
—¿Y qué ocasión es esta? —arqueé una ceja en desafío.
No quería que tuvieran la idea equivocada de Liam y yo siendo algo más que amigos.
—¡Tu primera cita! —aplaudió Van con entusiasmo y trajo de regreso el infame vestido.
Rodé los ojos y le arrebaté la pieza de ropa de sus manos, a punto de perder mi paciencia.
Sabía que sería inútil discutir con ellas sobre que debería usar y no quería hacer esperar mucho a Liam y a la comida del restaurante, así que me deslicé en el vestido, sintiendolo más ajustado de lo que recordaba.
Tal vez al fin había obtenido un poco más de relleno en el área del pecho durante estos dos años, pensé.
Aplané las inexistentes arrugas del vestido y sin mirarme completamente en el espejo, me senté en mi tocador y esperé a que la tortura comenzara.
Mamá se encargó del maquillaje, cosa que agradecí, ya que ella y yo teníamos un estilo de maquillaje similar. Un poco de polvos, rímel, sombra de ojos y brillo labial y estaba lista.
Decidió aplicar un poco de colorete en mis mejillas y le dio un aprobado a mi aspecto.
Bueno, un casi aprobado.
Van tomó su lugar y empezó a rizar mi cabello, en suaves ondas que le daban un aspecto ondulado natural a mi cabello.
Nada exagerado por suerte.
—No entiendo por qué tanto alboroto, por Dios. Es solo Liam —mascullé, levantándome la silla para ver el resultado en el espejo.
—Es la primera vez que vas a una cita. Es algo muy importante —mamá puso una mano en mi hombro y tenía aspecto de echarse a llorar en cualquier momento.
Mierda, no.
—Está bien, está bien —le di una palmadita en su hombro, tratando de calmarla.
—¿En que momento creciste tanto? —sus ojos se tornaron acuosos y miré a Van en busca de ayuda.
No era buena lidiando con las lágrimas.
—¡Faltan los zapatos! No puedes ir así —señaló mis pies, cubiertos por mis pantuflas acolchadas.
Eso pareció espabilar a mamá, la cual salió de la habitación murmurando algo sobre tener un par perfecto.
—Gracias —le sonreí a Van por haber evitado un río de lágrimas.
—No hay de qué —se encogió de hombros y me empujó hasta que quedé frente al espejo— Mira, ahora casi pareces una señorita de clase alta.
—¿Qué? No es posible, me he convertido en todo lo que odio —respondí sarcásticamente.
Observé mi reflejo en el espejo y me sorprendí al ver la imagen en este. El maquillaje suave había afilado mis rasgos, haciendo que mi rostro luciera más definido. Además, las ondas le habían añadido algo de volumen a mi cabello y se veía realmente fantástico.
¿Y qué decir del vestido? Se ajustaba a mi, como una segunda piel. Incluso parecía que tenía todas esas curvas.
Mamá volvió a la habitación, sosteniendo un par de sandalias de tiras con un poco de tacón en sus manos.
—Estás irán bien con el vestido, дочь¹ —me entregó las sandalias y yo las recibí, sonriendo ante el término cariñoso que usó para referirse a mi.
Al parecer, poco a poco había ido recuperando a mi mamá.
O tal vez todo se debía al señor Benson.
No importaba cual fuera el caso, estaba agradecida de tenerla de vuelta.
Me coloqué las sandalias rápidamente, terminando de ajustar las correas cuando un golpeteo en la puerta, nos alertó de que Liam había llegado a su límite.
Me reí porque era casi tan impaciente como yo.
—Ya sal, Dazzila. Seguirás igual de horrorosa sin importar cuanto maquillaje uses —bromeó al otro lado de la puerta y yo simplemente rodé los ojos.
Abrí la puerta y encontré a Liam apoyado contra la pared y revisando algo en su móvil.
Levantó su cabeza al escuchar el repiqueteo de los tacones en el suelo y abrió su boca para empezar a hablar.
—Dazzila, creí que habías huido por... —se detuvo a media frase cuando observó lo que traía puesto.
Su boca quedó abierta durante un par de segundos, mientras realizaba una inspección de mí, de pies a cabeza.
Tomé su falta de palabras como un cumplido.
—¿Saldremos en algún punto o te quedarás toda la noche babeando el pasillo? —levanté una ceja en broma, haciendo que Liam cerrara la boca de golpe y sacudiera su cabeza como despertando de una ensoñación.
—Si, claro... Vamos —tropezó con sus palabras y solté una carcajada al verlo tan nervioso.
—¿Tan sexy estoy que robé tus palabras? —las mejillas de Liam se tornaron rosas por mis palabras y realmente me sorprendí.
Era la primera vez que Liam Benson se ruborizada en años.
Extendió su brazo para ayudarme a caminar por el pasillo y salimos de casa en silencio.
Podía apostar toda mi mesada a que mamá y Van se encontraban espiando por la ventana.
Cuando Liam abrió la puerta de su Jeep n***o, aproveché para lanzar un vistazo al segundo piso y efectivamente capturé un movimiento detrás de la cortina de la habitación de mamá.
Entré en el auto, ajustando mi cinturón mientras Liam subía al asiento del conductor, la tensión era visible en sus hombros.
—¿Qué está mal? —fruncí el ceño confundida ante el silencio nada usual en Liam.
—Nada —levantó uno de sus hombros, conduciendo fuera del vecindario, siendo esa la última palabra durante el resto del camino.
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—¿Será así durante toda la cena?— háblamos los dos al mismo tiempo, cuando nos detuvimos fuera del lujoso restaurante.
Reímos ante nuestras palabras y la tensión que se había instalado entre nosotros se dispersó inmediatamente.
—Espero que no. Sería un desperdicio no cotillear sobre Oliver y Van —me dio un guiño, deteniéndose en una de las plazas del aparcamiento.
El valet abrió mi puerta y me ayudó a salir del auto, haciendo lo propio con Liam.
Un segundo después, mi mejor amigo entrelazó su brazo con el mío y entramos al lujoso lugar.
La anfitriona nos recibió con una sonrisa y Liam entregó nuestros nombres, para que ella se encargara de revisar nuestra reservación.
—¿No crees que es demasiado para una simple salida de amigos? —murmuré mientras nos guiaban a nuestra mesa.
—Tengo mis razones —respondió Liam, apartando mi silla como todo un caballero e invitándome a sentarme.
Cuando ambos estuvimos instalados en la mesa, el mesero nos dejó un par de minutos para que decidiéramos que ordenaríamos.
—¿Y cuales son esas razones?
—La primera es... —hizo una pausa creando dramatismo, a lo que rodé los ojos y él me dio un guiño antes de continuar— Te debía una disculpa por el incidente de la playa. Fue muy inmaduro de mi parte y siento que un extraño haya visto tus diminutas tetas.
Le lancé la servilleta de tela ante sus últimas palabras y él solo rió.
—¿Y cuál es la segunda razón? —cuestioné cuando dejó de reír al fin.
—Quería saber que tal se sentía ir a una cita contigo.
La confusión era visible en mi rostro al parecer, porque Liam respondió a la pregunta no formulada.
» Ahora que Vanessa y Oliver por fin decidieron dar el salto e iniciar su relación, la curiosidad fue más fuerte para mi sobre sí tú y yo también estábamos reprimiendo nuestros sentimientos como ese par —rascó su mentón y se encogió de hombros antes de terminar su frase—. Pero ya veo que no. Sigues siendo mi mejor amiga. No siento nada diferente a lo que siempre he sentido por ti... ¿Y tú?
—Para nada. Eres Liam, el chico de los planes descabellados que nunca terminan bien para mí —aparté el cabello de mi rostro y sonreí—. Al parecer nuestro destino es ser solo amigos.
Él asintió y sus hombros se relajaron visiblemente.
Había sido bueno despejar esa duda que ni siquiera sabía que tenía hasta ese momento.
Al parecer, Liam y Danila solo serían mejores amigos para siempre.
No podía estar más feliz por ello.
El resto de la cena hablamos de todo un poco y acordamos esperar los resultados del concurso para conocer a la banda en su casa.
Habíamos enviado las portadas ayer por la tarde y solo quedaba esperar a ser los afortunados ganadores del pase VIP para conocer a la banda.
Las probabilidades no estaban a nuestro favor, pero aún guardábamos la esperanza de ser elegidos.
Mientras compartíamos una porción tarta de chocolate, Liam trataba de idear un plan alternativo en caso de no ganar.
Sus planes iban desde colarnos dentro de los camerinos—cosa poco probable—, hasta pagar los cinco mil dolares que costaba el pase a backstage.
El señor Benson nos amaba, pero no era algo factible que soltara tal suma de dinero.
Todas nuestras opciones volvían a la mínima posibilidad que teníamos del concurso.
Solo quedaba esperar.
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—Me alegro de haber hecho esto —dije cuando se detuvo de regreso en le porche delantero de mi casa.
—Yo también —respondió ladeando una sonrisa.
Segundos después, estallamos en carcajadas por ninguna razón.
Cuando logramos calmarnos un poco, bajamos del auto y Liam me acompañó hasta la puerta de la entrada, tratando de mantener su cabello apartado de su frente.
—Necesitas cortar ese desastre —señalé a la cima de su cabeza.
Él llevó una mano a su pecho como sí mis palabras lo hubieran ofendido terriblemente.
—¿Y perder todo el atractivo que mi desordenada melena trae? Jamás —sentenció—. Además, ¿de dónde se sujetarán las chicas cuando las lleve al cielo en la parte trasera de las gradas?
—Asqueroso —golpeé su hombro y abrí la puerta de entrada—. ¿Nos vemos el domingo?
Asintió y se inclinó para besar suavemente mi mejilla antes de alejarse por el camino de la entrada hasta su auto.
Esperé hasta que las luces de su auto no eran visibles en la carretera, antes de entrar a casa.
Inmediatamente fui abordada por una muy hiperactiva Vanessa y mi somnolienta mamá.
Apuesto que Van bebió más de una taza de café mientras esperaban.
—¿Cómo fue? ¿a dónde te llevó? ¿estan saliendo oficialmente? ¿Cuál fue el motivo de esta cita sorpresa? —soltó todo sin respirar mientras me obligaban a sentarme en el sofá con ellas mirándome fijamente a la espera de respuestas.
—Estuvo bien, solo fue una salida de amigos, nada más —aclaré antes de que empezaran a tener ideas locas— Fuimos a La Perla, porque un pervertido vio mis pechos en la playa por su cul... —me dí cuenta demasiado tarde que la había cagado.
Acababa de revelar que había sido yo la loca del arbusto.
Esperé que Van exigiera respuestas del porque estábamos en la playa, pero en su lugar estalló en carcajadas, abrazando su estómago.
Cayó al suelo sin dejar de reír y mamá intercambió una mirada confundida conmigo. Me encogí de hombros en respuesta y esperamos a que Van se calmara un poco para que aclarara el motivo de su ataque.
—Sabía que la loca de la playa era familiar para mi —habló en medio de las risas.
Luego de unos segundos mamá y yo nos unimos a sus risas y terminamos acostadas las tres en la alfombra de la sala, hablando sobre mi extraña cita con Liam.
Después de eso, Van llamó a sus padres para decirles que iba a pasar la noche en mi casa, y decidimos hacer una maratón de Game of thrones, ya que ambas no habíamos podido ver la tercera temporada.
Luego de cambiar nuestra ropa por pijamas, abastecernos de suficientes pasabocas y decirle buenas noches a mi mamá, ambas nos atrincheramos en el sofá y pasamos la noche y gran parte de la madrugada sufriendo junto a Jon y Daenerys por el trono de hierro.
******
Cuatro días después.
—Son las ocho en punto, deberían haber colgado la portada ganadora hace media hora —habló Van, paseándose nerviosamente por todo el salón de juegos de los chicos, mientras que Oliver continuaba actualizando la página desde su laptop y Liam estaba jugando al solitario en la suya.
—Cálmate Van, harás un agujero en el suelo —la reprendí, mientras actualizaba una vez más la página web y me encontraba con una entrada de las 8:04 p.m.
Solté un chillido que alertó a Van de que habían subido los resultados y dos segundos después, mi laptop se encontraba en sus manos y ella leía ávidamente lo que sea que habían escrito.
Todo fue silencio hasta que...
—¡Ganaste, Dani! —gritó Van, haciendo que Liam se sobresaltara y maldijera por lo bajo.
Me tomó exactamente dos segundos, levantarme del puf y correr hasta la mesa de billar donde estaba apoyada para leer la entrada.
Efectivamente se anunciaba que la portada ganadora había sido diseñada por Danila Kudrova y Liam Thaddeus Benson.
Solté un chillido que debió dejar sorda a toda la población de San Diego y me alejé de la laptop, corriendo a abrazar al artista.
Liam me esperaba con los brazos abiertos, cuando me lancé contra él y envolví mis piernas alrededor de su cintura, dejando besos por todo su rostro.
—¡Gracias, gracias! ¡Veré a Cole! —pellizqué sus mejillas con emoción
¡Iba a conocer a Black Wings!
¡Conocería personalmente a Cole Carter!
—¡Conoceré a Ethan Brooks! —escuché a Van gritar.
Todo era emoción y risas, hasta que Oliver aclaró su garganta y nos señaló una nueva entrada en la página oficial de la banda.
Nunca supe lo que era un corazón roto hasta ese momento.
Sentí que mi mundo termino a las 8:37 p.m. cuando leí:
"Black Wings tomará un descanso, luego de que finalice la gira de su nuevo álbum".