Después de dejar a Marissa en su casa, manejé hasta la mía en tranquilidad reflexionando sobre lo vivido con ella hoy. Siento que el tiempo no fue suficiente para saciar todo el deseo que esa mujer terminó de despertar en mí. Ni con Antonella me había sentido de esta manera. Cierto que me deslumbro con su belleza avasallante y su exceso de seducción, que después de descubrir sus intenciones y su repulsión hacia mí, entendí era actuado. Pero antes de saberlo hubo momentos en que deslumbrado lograba volverme loco. Con Marissa todo fue diferente, en medio de tanta timidez y recato, con solo un beso, sin mayor esfuerzo despertó unas ganas inimaginables de ir más allá del umbral de la puerta hasta donde solo con besos nos habíamos permitido llegar. Mi cuerpo necesitaba más, reclamaba más. Nun

