Cuando pude medianamente recuperar el aliento acostado a su lado me puse de lado apoyando la cabeza sobre mi mano y me dedico a observar su belleza, sin poderme creer haberla hecho mía sin entregarle previamente más de mí que las sencillas palabras de sinceridad que le expresé antes de sucumbir al deseo. Nada me exigió nada me pidió solo se entregó de forma natural. - ¿Quieres comer algo? –le pregunto al verla abrir los ojos- Falta darte la sorpresa que te tengo preparada. - ¿Más? Yo pensaba que esto era la sorpresa –me dice apenada buscando taparse-. - No lo hagas por favor –le digo al ver que busca algo para cubrir su desnudez- permíteme admirarte al natural, permíteme disfrutar de la belleza que se desprende de cada centímetro de tu cuerpo. Apenada no dij

