La mujer después de tirarme su comida encima me observó enfurecida y yo no entendía un carajo lo que estaba pasando. Observé a mi amiga confundido, quien en vez de decir algo en mi defensa, se estaba gozando el momento riendo a carcajadas, la miré con cara de rabia y eso la frenó un poco. Luego, me levanté del asiento, sacudiéndome los restos de bebida y alimentos, me dispuse a enfrentar a aquella chiquilla loca, encontrándome con los ojos azules más hermosos, que recordaba haber visto en mi vida. Me sumergí en ellos como en un oasis sediento, al instante sentí el pecho palpitarme con furia y mi amiguito erguirse orgulloso, y de pronto, me provocó morder sus labios, de probarlos como si se tratase de un fruto maduro y sin pensar en mis palabras, volví mi vista a Lola y dije: —No

