Pasaron unos días más y por fin Lola se había dignado a encontrarme una muda de ropa, mientras tanto durante todos esos días estuve con la ropa con la cual me encontró. No sabía de donde la había sacado, pero me sentía extraño vistiéndome de esa manera, porque todo me quedaba pequeño, tenía la impresión que de la vida de donde venía, no utilizaba ese tipo de vestuario, me miré al espejo y no pude evitar reírme. Al salir de la habitación, Lola abrió los ojos sorprendida. —Definitivamente hermoso, el muerto era más pequeño tú —pronunció en un gesto gracioso. Y allí estaba otra vez esa extraña forma de hablar de esa chica, su vocabulario me desconcertaba, un sesenta por ciento de su pronunciación en italiano era muy mala y su español era muy distinto al mío, yo conocía el mexicano

