6- Madre

2301 Palabras
Sienna saludó con la mano a la enfermera en el mostrador mientras se dirigía a la habitación de su madre. Nunca le gustaron las residencias de ancianos. Esta era mejor que la mayoría, con instalaciones de última generación, una excelente proporción de enfermeras por paciente y médicos fabulosos en el lugar que eran ejemplares en su campo. Esta era una residencia donde los muy adinerados enviaban a sus viejos y cansados y estaba agradecida de que sus hermanas hicieran todo lo posible para que su mamá estuviera allí. Sin embargo, podía escuchar el lamento de un paciente que estaba angustiado por una razón u otra al final del pasillo. Podía oler el desinfectante que provenía de la habitación cerca de la de su madre, donde vivía el tipo al que le gustaba orinar en las paredes. Los juramentos de la mujer enojada que odiaba perpetuamente cada programa de televisión que ponía en la televisión resonaban como un eco en una cueva a su alrededor. Estaba agradecida cada vez que venía a visitar a su mamá, que la ira y confusión de su madre nunca parecían igualar la intensidad de algunos de los otros pacientes. Asomó la cabeza en la habitación y sonrió al ver a su mamá leyendo un libro. Su madre, Carla, levantó la vista y Sienna supo de inmediato que era un día en el que su madre no la recordaría. La mirada ausente mientras examinaba al intruso en su habitación hizo que el corazón de Sienna se encogiera. —Hola —saludó con una pequeña ola. —¿Cómo estás hoy? —¿Eres otra enfermera que viene a sacarme más sangre? —No. Solo paso para saludar. ¿Qué estás leyendo? Su mamá miró el libro con confusión.  —Lo encontré en mi mesita de noche y pensé que tal vez alguien lo dejó para mí. —Se inclinó hacia delante y susurró: —Es obsceno. Sienna abrió los ojos mientras se acercaba a su mamá y se sentaba en la silla frente a ella para mirar por la ventana al patio de abajo.  —¿Obsceno? —Sabía que la novela romántica de bolsillo era una que su madre había leído varias veces. —Quizás deba pedírtelo prestado. Su mamá sonrió ante las palabras de Sienna.  —No se lo digas a mi mamá. Se enoja conmigo cuando leo estas cosas. —¿De verdad? —Sienna se rió mientras miraba los ojos tan parecidos a los suyos.  —Ella dice que los libros de fantasía sobre chicas esperando a su príncipe encantador son una pérdida de tiempo. Me hizo ir a la escuela de enfermería para que no dependiera de ningún hombre para que me cuidara. —Suena muy práctico. —Lo es, pero tengo un secreto —su madre puso el dedo en sus labios como si la callara. —No se lo digas a nadie, pero conocí a un hombre. —Ooh —Sienna fingió sorprenderse con emoción. Por supuesto, ninguna de ellas sabía si su madre podía absorber las palabras del libro o si podía entender una historia completa, pero se lo permitían. Había conservado estos libros desde que Sienna estaba en la escuela secundaria. Más de una vez había ojeado una de las historias de su mamá y había descubierto que la historia que su madre le contaba era una réplica de una en un libro. Se preguntaba cuál de sus historias se mezclaría con sus recuerdos hoy. —Se llama Damien. Es de Nueva York. Sienna esbozó una sonrisa tensa. Sabía que el nombre de su padre biológico era Damien. —A mi madre le daría mucha rabia saber que lo ayudé. Es tan guapo, pero resultó herido. —Susurraba como si compartiera un secreto. —Alguien le disparó. Sienna no sabía cómo responder. Durante su infancia no sabía nada de su padre. Su madre sólo la presentó una vez, cuando estúpidamente lo miró directamente a la cara y él la golpeó con fuerza. Ni siquiera su nombre estaba en su certificado de nacimiento y no tenía idea de cuál era su apellido. Como no sabía nada sobre cómo se conocieron sus padres, cómo era su relación antes de su nacimiento u cualquier cosa sobre el hombre, no sabía si lo que su madre le estaba contando era una versión distorsionada y fantasiosa de la realidad, totalmente inventada o completamente verídica. —Debes haber tenido miedo cuando lo hirieron. —Fue así como nos conocimos. Estaba dejando mi turno en el hospital y unos hombres me obligaron a ir con ellos para ayudarlos a él y a su jefe que estaba herido. Tuve que ponerle puntos. La bala le atravesó el brazo. Vino a verme al hospital después. Me arrastró a un armario de escobas. Fue muy sexy. Sienna sintió que su estómago se revolvía mientras su madre suspiraba feliz y contenta. Cuánto de esta historia era real, no lo sabía, pero claramente, cualquier recuerdo que su madre había creado era mucho antes de que el hombre comenzara a golpearla. —Señora Lawrence, ¿le gustaría llevar a su mamá al comedor o comer aquí en su habitación con ella esta noche? —Una enfermera amigable asomó la cabeza en la habitación. Su madre resopló. —¿Mamá? Soy demasiado joven para ser su mamá. —Perdóneme, señora Lawrence —la enfermera se dirigió a su madre con una amplia sonrisa. —Debe haber habido un error de habitación. —Si tengo una hija, la llamaré Sienna. Mi mejor amiga cuando crecía se llamaba Sienna. Murió cuando estábamos en la escuela secundaria. La echo mucho de menos. —Su madre comenzó a llorar y Sienna sintió que su propio corazón se rompía. —Siento mucho que hayas perdido a tu amiga —acarició suavemente la mano de su madre. Varios minutos después, su mamá volvió a mirar por la ventana y miró a Sienna como si se sorprendiera de verla allí. —¿Quién eres? —Soy una visitante aquí. Vine a ver si te gustaría cenar conmigo. —Eres tan bonita. ¿Por qué pasarías tiempo aquí conmigo para cenar? ¿No tienes novio? —No —negó con la cabeza tristemente. —No lo tengo. Estaba enfocada en mi educación y cuidando de mi mamá. Tenía a alguien a quien quería, pero resulta que es un mentiroso, un tramposo que tenía una novia durante dos años enteros y nunca me lo dijo. —Oh, no —Los ojos de Carla se abrieron. —¿Eres la otra mujer? ¿Como yo? —¿Como tú? —Descubrí que mi novio Damien está casado. Intenté detenerme, pero él es muy persuasivo. Descubrí que tenía una esposa y le pedí que no volviera. Estoy muy enamorada de él. Se enfadó cuando le dije que no volviera nunca más. Queridos cielos, definitivamente esto era un nuevo giro en la historia de su vida si esta parte del relato de su madre era precisa y no sacada del libro que estaba leyendo. ¿Había estado casado su padre? —Lamento escuchar que se enfadó. Su madre puso sus manos en su vientre y le susurró a Sienna: —Estoy esperando un bebé. Shh —susurró a Sienna. —Él vino a verme y le dije que íbamos a tener un bebé y… —se sonó la nariz. —Me dijo que abortara. Tiene una esposa y tres hijos en casa, y yo no sabía. Le dije que se fuera y nunca volviera. Dejó dinero sobre la mesa para el procedimiento, pero no lo haré. Espero tener una niña. Una dulce niñita. «Bueno, mierda santa con adornos» pensó Sienna para sí misma mientras buscaba por la habitación la pila de libros que a su madre le gustaba leer. ¿Estaba su madre inventando cosas de los libros o era este un recuerdo real al que había accedido de repente? De cualquier manera, era incómodo. —Deberíamos conseguir algo de cena, así mi bebé tendrá comida —dijo su madre de repente. —Sí, claro —Sienna intentó mantener la compostura mientras llevaba a su mamá en silla de ruedas por los pasillos hacia el comedor. Esta había sido una de las conversaciones más extrañas que había tenido con su madre. —Espero tener una niña. —Apuesto a que sí —no sabía qué decirle. —Mi mamá se pondrá furiosa conmigo —siguió confiando su madre. —Estoy segura de que se tranquilizará —Sienna sabía que eso era cierto. Su abuela la había malcriado antes de fallecer. Estacionó a su madre en una mesa para dos cerca de la ventana y luego prometió llevarle de vuelta una comida nutritiva para su futuro hijo. La enfermera que había venido a la habitación la encontró cerca del mostrador. —Pareces preocupada, Sienna. ¿Todo bien? Miró hacia donde su madre estaba mirando por la ventana hacia los jardines afuera y suspiró. —Hoy cree que está embarazada. No recuerda el desayuno de hoy, pero recuerda lo que pasó hace veintiséis años como si estuviera sucediendo ahora. —¿Embarazada? Eso es nuevo para ella. —Lo sé. Estoy empezando a pensar que tal vez deberíamos dejar de permitirle leer las novelas románticas que le hemos estado dando. Está mezclando las historias con sus recuerdos y su realidad. Me contó una historia sobre ser secuestrada para ayudar a un malvado y enamorarse de él. La enfermera asintió.  —Suena como salida de una novela de bolsillo. Se lo mencionaré al médico cuando haga su ronda por la mañana. Sienna… —apretó su antebrazo. —No te estreses tanto por las historias. Ella se comunica mucho. Cuando deja de contarnos las historias o pasa más tiempo en su cabeza, mirando al vacío sin hablar, entonces podemos empezar a preocuparnos. Puede que esté inventando cuentos, pero está hablando. —Lo sé y tienes razón, pero es difícil cuando no puedo discernir qué es real y qué no lo es. Si la historia que me contó tenía un poco de verdad, entonces ¿quién dice que no es toda verdad y cosas que me ocultó? Ella nunca escribió en diarios, pero sí tenía secretos. —¿Crees que se enamoró de un hombre malo? —Sé que sí —Sienna sonrió mientras aceptaba el plato con la cena del servidor tras el mostrador. —Mi padre era un pedazo de mierda abusivo. —¿Lo era? ¿Murió? —No te podría decir. Sé que venía a nuestra casa tarde en la noche y se iba por la mañana. Muchas veces, estaría en casa de mi abuela durante varios días porque él estaba en la ciudad. Lo sabía porque mi abuela se sentaba cerca del teléfono como si estuviera esperando que sonara. Solía… —Tragó saliva con los recuerdos. —Era cruel con ella. No sé si lo era antes de que yo naciera, pero después se volvió cada vez más violento. —Siento que hayas pasado por eso. —No lo pasé yo —encogió los hombros. —Mi mamá sí. Mi mamá sobrevivió a su abuso. Sé que nos mudamos un par de veces, pero él siempre la encontraba y la castigaba por intentar dejarlo. Era un hombre enfermo. Muy enfermo. —Pobre mamá. —Sí, y creo que es por eso que siempre amó sus novelas románticas. Creo que soñaba con tener un hombre que, a pesar de ser un completo idiota con el resto del mundo, la adorara. En cambio, ella se enamoró del diablo que no adoraba nada. Ella podía perderse en sus historias, fantaseando con escapar del infierno en que vivíamos. Me siento mal hablando de quitárselas, pero si va a afectar su mente… —Se quedó callada tristemente.  —Sienna, su cabeza ya está desordenada —la enfermera rió tristemente. —Dejarla vivir un poco de fantasía no le va a causar daño. Te has vuelto hábil en trabajar con tu mamá, no corrigiéndola y dejándola ser quien sea y donde sea en el momento. Sé que es difícil para ti dejarla aferrarse a inexactitudes, pero creo que no le está haciendo ningún daño real. —Pero ¿qué pasa si se queda atrapada en la violencia de los recuerdos de mi padre? En este momento ella cree que está embarazada, pero ¿y si todo empeora? —Enfrentaremos ese problema cuando lleguemos a él. Por ahora, disfruta de que aún habla sin parar y es amable. —La enfermera miró significativamente a un hombre sentado en una mesa de grupo que más de una vez, cuando Sienna había visitado, se había vuelto violento y tuvo que ser controlado porque creía que todos en el hogar intentaban hacerle daño. Sienna asintió y agradeció a la enfermera por la charla, luego llevó la cena de su mamá hacia ella. —Oye. Encontré puré de papas, zanahorias y jamón, e incluso hay pudín de chocolate. —Amo el pudín de chocolate —exclamó su mamá mientras apartaba los ojos del jardín. —Tendrás que comer todas las cosas saludables antes del pudín. —No —dijo su mamá con brillo en los ojos. —Soy una adulta con un bebé en la barriga. Si quiero comer el postre primero, puedo hacerlo. Ella rió con la alegría de su mamá al ser libre de ser lo que ella consideraba traviesa, y luego intercambió el plato de la comida por el postre. —Sabes qué, tienes absolutamente razón. Come el pudín primero. Mientras su mamá reía con alegría por tener la libertad de ser lo que consideraba traviesa, Sienna sonrió al pensar en lo que la enfermera dijo. No le hacía daño a nadie permitir que su mamá descansara en sus recuerdos y sonriera. Ella iba a disfrutar su buen humor tanto como pudiera.
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