Dentro de la habitación, la pequeña chimenea blanca se encontraba encendida, el suave crepitar del fuego se fundía en el aire junto a los suaves pasos de Lucile mientras daba vueltas como una bailarina. Emmeline, quien la observaba desde la cama, sentada entre los peluches de la niña como si fueran su público, aplaudió a la niña cuando ésta terminó e hizo una reverencia. —Fué hermoso, mi lady. —¡Ahora tú! —Lucile se acercó y tiró la mano de su niñera, invitandola a bailar también. Emmeline se posicionó en medio de la habitación mientras la niña ocupaba su lugar en la cama. Aún sin ninguna melodía, la joven se desenvolvió con movimientos inesperadamente gráciles y delicados, visualmente hipnóticos. Hicieron que, inconscientemente, Lucien avanzara un paso más cerca de la puerta, un gesto

