EL GRAN MILAGRO, UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE

2118 Palabras
Estupefacto, el hombre queda asustado con lo que le dijo Rubén, y se desespera porque está en el agua, que Rubén le dice: — ¡Cálmate! ¡Cálmate! — ¡Yo no sé nadar! — Yo te ayudo, tranquilízate o nos ahogaremos los dos. — ¡Llévame a mi yate, por favor! Te aseguro que no se nadar. — Eso trato, pero tranquilízate. Rubén se acerca al yate del hombre. Cuando tres yates y dos lanchas los rodean e intentan embestir a Rubén, pero estos se hunden y vuelven a salir a la superficie, y llegan hasta el yate... En ese momento, Rubén le pregunta al hombre: — ¿Por dónde subiremos? — Por acá, en el lado de acá hay una escalera. — Vamos, antes que estos nos embistan con sus lanchas. El dueño del yate y Rubén encuentran la escalera y comienza a subir. Cuando son golpeados por una lancha y un yate, y se agarran duro para no caer al agua... Después de subir al yate, Rubén en el suelo, y agotado, le grita al hombre: — ¡EN CIENDE ESTO Y SACANOS DE AQUÍ! — ¡SI! De inmediato, el hombre corre hacia los controles de yate, y lo enciende, y se van a toda velocidad de ese lugar, pero los demás yates y lanchas los persiguen... Después de quince minutos de persecución, Rubén se levanta del suelo, y mira hacia tras, y ve los yates y las lanchas que los siguen, y dice: — No se dan por vencidos. El hombre mira a Rubén que se levantó del suelo, y le pregunta: — Habías dicho que sacaste algo de mí. Rubén se acerca al hombre, y le responde: — Si, literalmente, te saque un demonio. — ¿Qué? — Así como lo oyes, y estos que nos siguen, también tienen demonios. — Lo último que recuerdo es que tenía el celular en mis manos, y no recuerdo más. — Utilizaron el teléfono para envenenar a las personas que no son cristianas, y así; acabar con los que si son cristianos. — ¿Quién hizo esto? — No lo sé aun, lo único que sé, es que tenemos que perder a estos, yo buscar la manera de solucionar esto. — Ya veo. El hombre suelta su mano derecha del manubrio del yate, y extiende su mano a Rubén, diciéndole: — Gracias por liberarme. — De nada. — Me llamo Raúl. — ¡Rubén! — No te preocupes Rubén, yo voy a perder a todos estos. Rubén comienza a ver una isla y le pregunta a Raúl: — ¿Y esa isla? — Esa isla se llama Tierra bomba. Ah, se me ocurrió una idea. — A mí también, pero di la tuya primero. — Bueno, para agradecerte loque hiciste por mí, yo me ocupare de todos estos, dejándote cerca de la isla, para que me sigan, y así te puedas liberar de esta persecución. — Algo así estaba pensando, pero es mejor que no te acerques mucho a la isla. — ¿Entonces? — Yo voy a lanzarme desde antes y nadaré a la isla, solo tienes que hacer una curva hacia la derecha cuando eses cerca de la isla, y yo me tiraré al mar, y buscaré un lugar donde no allá personas. — Como tu digas, ¿estas preparado? — Si. — Fue un gusto en conocerte Rubén. — Lo mismo. — Aquí vamos... En ese instante, Raúl hace como Rubén le dijo, y antes de acercarse tanto a la isla; hace una curva hacia la derecha, y Rubén aprovecha ese momento y se tira en clavado al agua sin que sus perseguidores lo vean... Los tres yates y las dos lanchas siguen a Raúl, mientras Rubén está sumergido por unos segundos y luego sale a la superficie, y comienza a nadar hacia la isla. Mirando que no haya gente por donde va a llegar... Minutos después, Rubén llega a una parte de la playa donde no hay personas y cae en la arena completamente cansado de tanto esfuerzo, y queda tendido, por más de veinticinco minutos... Rubén abre sus ojos y llora pegado su cachete derecho a la arena, y se levanta lentamente, y se pone de rodillas, y mira el cielo para después poner su mirada de frente hacia la naturaleza, y cierra sus ojos, y dice: — Señor mío, oh Jehová, creador del cielo y de la tierra, creador de los mares, y de todo lo que hay en ellos... creador del sol, y de la luna y las estrellas, yo te ruego, te pido y te imploro en el nombre de nuestro Señor Jesucristo; Señor, yo te ruego que me ayudes, y que vuelvas todo a la normalidad. Sacándole todas esas cosas que hacen que la gente se porte de esa manera agresiva contra tus hijos...por favor ayúdame Señor... En ese preciso momento, Dios escucha la oración de Rubén, y envía un tremendo viento; que sopla por varios minutos por toda la tierra. Haciendo que Rubén se sorprenda por lo que está pasando. Y mire el cielo... De repente, las nubes se acumulan por todos lados, y comienza a caer un descomunal aguacero, y este aguacero lee cae a toda la gente que está en la isla Tierra Bomba, y todos son liberados de los demonios, lo mismo pasa con las personas que están en las calles de la ciudad de Cartagena, el aguacero lo libero. En el hotel, una gota de agua se filtra por la edificación, y le cae en la cabeza a Jhoana, y el demonio sale corriendo de ese cuerpo, y Jhoana queda libre, al igual que todos en ese hotel, porque el agua está entrando hasta los lugares más secos, y seguros, y libera a todos; estando afuera en la calle o dentro de un hotel o casa... Rubén no se dio de cuenta, pero su oración cubrió toda la tierra, y llovió por todas partes del planeta. En todo Brasil, toda la gente se liberó con la lluvia, en Costa Rica, en Estados Unidos, en Argentina, en Canadá, en España, en Italia, en Rusia, en Portugal, en Afganistán, en j***n, en Nigeria, en Congo, en Australia, en Nueva Zelanda, en China, en Nepal, no hubo rincón de la tierra que no haya caído este tremendo aguacero de parte de Dios, todos quedaron liberados... Cartagena – Colombia, Jhoana toca su cara y ve sus dos manos, y luego con gran desespero busca a su esposo, gritando: — ¡Rubén! ¡Rubén! Jhoana intenta abrir la puerta, pero no puede, porque está cerrada con llave. Cuando escucha los gritos de Jhoana un trabajador que estaba controlado como a todos, pero ahora ya está libre por la lluvia, y este busca las llaves de esa habitación, y abre. Jhoana sale pensando que es Rubén, y cuando ve al trabajador, le pregunta: — ¿Usted ha visto a mi esposo? — No señora, yo me encuentro muy desconcertado, no sé qué paso en todo este tiempo... Isla Tierra Bomba, completamente mojado por la lluvia, Rubén recupera todas sus fuerzas, al recibir la lluvia enviada por Dios. Rubén siente una gran frescura en todo su ser, y se levanta y le agradece a Dios, porque se siente como nuevo, y ve desde lejos a varias personas, unos se ven sus manos y otros con sus manos en el rostro... En ese instante, Rubén se acerca a ellos, y les pregunta: — ¿Está todo bien? Todos les responde que, si están bien, y de inmediato, Rubén los coge de las manos y salta de alegría con ellos, pero cada uno de ellos le pregunta que había pasado, pero Rubén del gozo que tenía, porque Dios le había respondido, a ninguno les dijo nada, y busco a alguien para que lo llevara rápido hasta la ciudad... Por fin Rubén encuentra una persona que va para Cartagena, y este lo lleva hasta Bocagrande. Y luego de eso le pregunta a una mujer que como hace para llegar al hotel Hernández CTG, y esta le ayuda dándole dinero para montarlo en un taxi, y dándole las indicaciones al taxista, para que lo lleve hasta ese lugar. Rubén le da las gracias a la mujer, y es llevado hasta el hotel Hernández, donde ve desde lejos a su esposa con varios trabajadores del hotel, desesperada buscándolo. Rubén se baja del carro un poco más atrás, para ver que tanto lo busca su esposa, pero esta mira hacia su derecha, y ve a su esposo, y corre llorando hacia él, y lo abraza, dándole un beso, y le dice: — ¿Dónde estabas amor? Con mucha alegría y gozo, la cual desborda su ser, Rubén le expresa a su esposa: — ¡Dios me escucho! — ¿Cómo así? ¿A qué te refieres con eso, que Dios te escucho? — Yo soy cristiano, y eso era una de las cosas que te iba a decir en este paseo. — ¿Desde cuándo lo eres? — Antes de venirnos acá a Cartagena, yo soy libre gracias al señor Jesucristo, y gracias a Dios, todos están libres de esos demonios. — ¿Demonios? ¿De qué hablas Rubén? — Utilizaron el celular para poseer a toda la gente que no era cristiana, tu misma me decías que negara a Jesús. — No, yo no recuerdo nada de eso. — Hasta me tiraste un florero e intentaste pegar dentro de esa habitación. Apenada, Jhoana pone su mano derecha en su boca, diciéndole a su esposo: — ¿Yo hice todo eso? — No amor, te ataco un demonio, pero gracias a Dios quemando una gran lluvia, todos están libres de eso. Jhoana mira su teléfono, y luego mira a su esposo, y le dice: — Y todo empezó por aquí, ya tengo un poco de temor de utilizarlo. — Ya todo paso. — ¿Y si vuelven hacer eso? ¿Tú sabes quien hizo eso? — No, eso no lo sé, pero te digo esto; que, si estamos en el camino del Señor Jesucristo, nada de eso nos afectara. — ¿Y cómo hago para buscar de Jesús? Rubén, abraza a su esposa, y le expresa: — Yo te llevare a la Iglesia donde conocí de Dios. — ¡Vámonos a Panamá! — Espera, acompáñame a buscar a unos amigos, necesito saber que ellos estén bien. — ¿Había mucha gente normal? — Todos los que encontré eran cristianos, hice amigos mientras pasaba todo esto. — Bueno, vamos a buscarlos... En ese momento, Jhoana acompaña a su esposo en la búsqueda de los demás cristianos que estuvieron con él, y encuentran a Guillermina, al pastor, a la esposa del pastor; María, y a Carlos, todos estaban juntos hablando de lo que paso. Cuando ven a Rubén. Después de compartir con ellos y presentarle a Jhoana, Rubén se va también a buscar a Elizabeth, y la encuentra en la parte de debajo de su casa junto a su esposo, quien no recuerda nada, pero se disculpa constantemente de todo lo que le dijo su esposa que hizo con ella. Rubén también se reúne con Elizabeth y le presenta su esposa, y estas dos se hacen buenas amigas, y después de varias horas de conversación, Rubén y Jhoana se despiden de Elizabeth y Gregorio, y se van... Días después. Ciudad de Panamá, 10:22 am, Rubén y Jhoana están escuchando la predica del pastor; de lo que sucedió con toda la gente, y gracias al gran testimonio y el milagro que relato Rubén en la Iglesia. El pastor les dice a los hermanos de los peligros de no buscar su salvación en estos tiempos... Antes de acabar el culto, el pastor le pregunta a todos los nuevos, que si gustan por su propia voluntad; de confesar que Jesús es su salvador. Jhoana mira a Rubén, y luego va al frente junto con una pareja, y todos confiesan que Jesús es su salvador... Todos los hermanos aplauden con gran gozo, y se abrazan unos con otros, mostrando una gran hermandad... En ese instante, un hombre que pasa cerca de la puerta de la Iglesia, hace un gesto muy desagradable en el rostro, porque no le gusto para nada; que Jhoana fuese cristina, y se va... Rubén no cabe de la dicha, al ver que su esposa acepto al Señor Jesucristo como su salvador, llora abrazándola, y van saliendo juntos de la Iglesia, y le dice a su esposa: — Estamos y estaremos sostenidos de la mano de Dios. — Si, él nos protegerá de todo mal y peligro. Rubén se acuerda nuevamente de la gran lluvia, y mira al cielo, y dice: — ¡Gracias Padre Celestial! FIN
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