LIBERACIÓN EN LAS AGUAS

1299 Palabras
Elizabeth ya se siente mejor emocionalmente y con confianza con Rubén, y le dice a Rubén que la espere allí en la sala, mientras ella va a su lugar, a su aposento, para hablar con Dios, y pedirle perdón. Rubén se queda en la sala, y se queda viendo un cuatro donde esta Elizabeth con su esposo, y se acuerda de Jhoana, y dice: — ¿Cuándo volveremos a estar juntos, como un matrimonio feliz? Rubén deja el cuadro en la mesa donde estaba, y se pone a mirar por la ventana a las personas en la calle. Cuando Elizabeth sale de su habitación, y mira a Rubén que está viendo la calle, y le pregunta: — ¿Qué ocurre en la calle? Rubén se da vuelta, y ve a Elizabeth como más alegre, le responde: — Lo mismo, la gente anda de aquí para allá... esperando ver a un cristiano para atacarlo. — Ah. — Veo algo diferente en ti. — Le perdí perdón a mi Padre Celestial, y me siento con una paz increíble. — Que bien. — Hasta llore de alegría. — Yo te dije, que la misericordia de Dios es grande y te perdonaría. — Si, y cuando termine de orar, me acorde de mi conversión. — ¿Hace cuanto eres cristiana? — Tengo un año y dos meses. En ese instante, Elizabeth y Rubén, escuchan fuertes golpes en la puerta del primer piso, y dice ella: — Tiene que ser Gregorio. — ¿Quién es Gregorio? — Mi esposo. — ¿Es que no tiene llaves? — ¡Míralas ahí! — Ah. — Cuando se puso, así como loco, dejo todo. Rubén va hacia la ventana, y lo ve, y le expresa a Elizabeth: — Tienes que irte. Sal por la ventana conmigo. — Si, lo sé yo también tengo que salir de aquí, pero yo no me la voy con las alturas, y otra cosa; tú te tienes que ir primero que yo, si Gregorio te ve aquí conmigo, sería fatal. Porque ese hombre es muy celoso. — Lo que él tiene es contra los cristianos, así que los dos estamos peligrando. Gregorio comienza a patear la puerta, porque se dio de cuenta que su esposa oro a Dios, y quiere con todo entrar... Rubén siente que la puerta no va a resistir más, y coge de las dos más a Elizabeth, diciéndole: — Si no me dices algo que me convenza yo voy a sacarte por la ventana, y escaparemos por ahí, así te guste o no las alturas, pero no te voy a dejar aquí. — Ya entendí el mensaje, primero bajemos al primer piso y pongámosle todos los muebles que podamos a esa puerta, y luego subimos hasta el cuarto piso y nos pasamos a la otra casa. — Me parece bien, ¡vamos! En seguida, Rubén y Elizabeth, bajan al primer piso, y tapan la puerta a punto de muebles. Haciendo que Gregorio no pueda entrar... Al ver que no puede entrar, Gregorio llama a otros más, y hacen una fuerza descomunal a esa puerta, mientras Rubén y Elizabeth corren por las escaleras hacia la azotea del cuarto piso... En ese momento, Gregorio y cincuenta y cuatro personas más, dañan la puerta y empujan los muebles. Entrando con todo a la casa y corren todos por la escalera hacia el cuarto piso... Rubén ayuda a subir a Elizabeth hacia la casa vecina, y tiene agachado su rostro porque Elizabeth tiene vestido... Elizabeth logra estar en la edificación vecina, y extiende su mano derecha, diciéndole a Rubén: — ¡Ahora te toca subir! Rubén intenta coger la mano de Elizabeth para escapar. Cuando los cincuenta hombres acompañados dé Gregorio, llegan a la azotea, Rubén baja su mano, y rápidamente le dice a Elizabeth: — Metete en el tanque de agua. — ¿Qué vas hacer tu? — Es mejor que no te vean a ti, yo voy a escapar por otro lado. — ¿Por dónde? — Elizabeth, entra al tanque de agua. No te preocupes, Dios está con nosotros. — Bueno. Elizabeth se mete en el tanque de agua, y Rubén sale al frente de Gregorio y los cincuenta, y todos les dicen a Rubén: — ¡SOLO TIENES QUE NEGARLO! Rubén no se deja intimidar por el número de hombres que tiene al frente, y les dice a todos: — No voy a negar a Jesús, y ustedes no me asustan, el creador del cielo y de la tierra es más grade que todo esto. Todos se enfadan y se le tiran encima a Rubén, para acabarlo, pero este ya tenía un plan, y corre hacia el límite de la azotea, y se tira al vacío. Agarrándose de quiebra sol que tiene las ventanas de la casa de Elizabeth, y mira hacia arriba, y ve a todos que están muy furiosos... Rubén pasa de quiebra sol a quiebra sol, y ve una moto de alto cilindraje, y dice: — Oh, y a mí que no me gustan las motos, y preciso la veo con llaves... Mientras Rubén baja por cada quiebra sol, Gregorio y los cincuenta, bajan las escaleras, dispuestos a quitarle la vida a Rubén por no negar a Jesús... En ese momento, Rubén baja al piso, y se monta en la moto de alto cilindraje y mira la azotea y el tanque de la edificación vecina, diciendo: — No veo a esa gente, ojalá me sigan, para que Elizabeth pueda estar más segura. Toda la gente sale de la casa de Elizabeth, y ven a Rubén en la moto, y corren hacia él, pero este enciende la moto y hace que lo sigan, para quitarle esa carga a Elizabeth. Rubén casi no puede controlar esa moto, y llega hasta las playas de Bocagrande, y comienza a esquivar por la arena a cientos de vallistas que se le lanzan a cogerlo, hasta que este pierde el control totalmente y se mete con todo al mar... Rubén nada y nada hasta ver varios yates, y quedar fuera del alcance de la gente, que lo quieren acabar. Y queda de frente hacia la playa, y trata de descansar. Cuando escucha que le dicen: — ¿Crees que vas a escapar? Niega a Jesús. Rubén mira hacia su izquierda, y ve a un hombre que desde su yate le dijo eso, y otras personas que están en otros yates también le dicen cosas, y dice: — Estoy cansado de todos ustedes, nunca voy a negar a mi Dios. De inmediato, el hombre que no sabe nadar, se pone tremendamente agresivo, y se tira al agua en busca de atacar a Rubén, pero este se comienza ahogar... Rubén va hacia esa persona sin importarle que este le quiere hacer daño, y llega a donde esta él, pero este trata de ahogar a Rubén; no importando que se ahogue el mismo. En medio de que se está ahogando con el hombre, Dios le da fuerzas a Rubén, y dentro del agua, este le pone la mano derecha al hombre, diciéndole: — ¡En el nombre poderoso de Jesús! En ese preciso momento, el demonio sale del cuerpo del hombre, y Rubén asombrado por lo que está viendo, le apunta al demonio con su mano derecha, y este huye... En seguida, Rubén coge al hombre de donde puede, y sube a la superficie... Rubén salva al hombre de morir ahogado, y sale a la superficie. Cuando este hombre vota mucha agua, y dice: — ¿Qué paso? ¿Qué hago aquí? Yo no sé nadar. — ¿Estas bien? — Si. ¿Qué paso? Mientras los otros hombres de los yates, están enardecidos con Rubén, y buscan la manera de atacarlo, Rubén le responde al hombre: — Te acabo de sacar un demonio....
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