Emma Cuando desperté estaba en una clínica con una mascarilla en el rostro y el suero en mi muñeca. Parpadeé varias veces, la luz blanca me atravesó los ojos y un dolor punzante me recorrió la cabeza. Levanté apenas la cabeza… y lo sentí. La mirada de Cedrik Keizen, clavada en mí como un maldito cuchillo.Estaba sentado a mi lado, los brazos cruzados, la mandíbula tensa, los ojos oscuros y llenos de un enojo que no entendía.Parecía que llevaba horas ahí. Horas vigilándome y horas conteniendo algo. —Por fin despertaste —gruñó, poniéndose de pie. Su voz era un látigo. Intenté humedecer mis labios, pero estaban partidos. —Cedrik… yo… Él me interrumpió golpeando la pared con el puño. El ruido hizo vibrar la camilla. Yo me sobresalté. —¡Eres una maldita inconsciente! —escupió, acercánd

