Cuando llegué a mi casa, estaba completamente agotada. Había pasado todo el día fuera, persiguiendo pistas, resolviendo problemas y esquivando situaciones peligrosas. Cada músculo de mi cuerpo pedía descanso. Al entrar, me encontré con Riku seguía fastidiado porque no lo dejo moverse. Los gemelos estaban a su lado, discutiendo alguna tontería entre risas, y hasta Elsa estaba allí, recargada en el marco de la puerta, observándome con esa sonrisa traviesa que siempre me ponía en guardia. —Si no me necesitas, iré a ducharme, Shogun… —dijo, golpeando mi hombro con un aire burlón. —Ve tranquilo —le respondí, intentando mantener la compostura pese al cansancio. Ella dio un paso más, acercándose con esa chispa descarada que la caracterizaba. —Te estaba invitando… —insistió, con un tono que m

