Cedrik Estoy en la cama con Emma, los dos enredados entre las sábanas, todavía con el pulso acelerado. Apenas llegamos a mi departamento no hubo palabras: la urgencia habló por nosotros y el resto quedó afuera. Fue intenso, fue brutal, fue nuestro… y ahora el silencio pesa distinto, tibio. La tengo entre mis brazos. Respiro su aroma. Acaricio con los dedos la piel de su espalda, deteniéndome en el tatuaje con mi nombre. —Preciosa… —murmuro, dejando un beso lento en su hombro. Emma bosteza, se mueve apenas entre las sábanas y me mira. No dice nada. No hace falta. Tiene esa mirada medio dormida, medio peligrosa, que me conoce demasiado bien. Cuando me mira así se me tensan los músculos, como si el cuerpo recordara antes que la cabeza. —No me mires así —gruño en voz baja, más advertenc

