Me desperté aún con las esposas en las muñecas y Cedrik en mi cintura.. El peso de su cuerpo me anclaba a la cama, caliente, dominante, como si incluso dormido se negara a soltarme. El metal frío contrastaba con su piel y me recordó que no había sido un sueño. Me intenté mover y no pude. Ni un centímetro. Estaba atrapada bajo él, vigilada incluso en el silencio. —Keizen necesito ir al baño... —Dije, con la voz áspera, recién salida del sueño y de todo lo que había pasado. Él se removió apenas, lo justo para hacerme saber que estaba despierto. —Ni lo sueñes... —Me dice.. Sentí un nudo en el estómago. No era miedo. Era otra cosa. Algo más oscuro. —Estoy desnuda no puedo escapar El silencio se estiró. Cedrik no respondió de inmediato. Sabía exactamente lo que estaba haciendo, dejándo

