Odiaba escuchar pelear a sus padres, solían hacerle de lado a su padre y lo dejaban comer solo, eso le daba un poco de lástima, pero finalmente él no era un buen hombre. Estaba cansada de escuchar las peleas de sus hermanos que eran como el agua y el aceite, estaba harta de creer que no era suficiente para decir algo de sus pensamientos más que besarle los pies por haberla adoptado. Estaba cansada de fingir que les debía algo por ser adoptada.
Luego el cuento de hadas se terminó. La cuota del internado había superado lo que podían pagar sus padres y ella no tenía tan buenas notas para una beca, además de que el sistema de becas era bastante selectivo. Y la sacaron de allí, lo único que recuerda Sylvie fue como ese día dejó de repente le pareció el peor día del mundo.
Sylvie como ése día, dejó de repente de un sentido, se le había arrebatado como si nada el único lugar que sintió como hogar y pudo sentirse libre. Cuando regresó a la ciudad, la inscribieron a una institución pública, el régimen militar estaba al mando y se encontró en dictadura, todas las veces que Sylvie regresaba del instituto y no la perseguía un Falcon era un milagro.
En el instituto las cosas tampoco marchaban precisamente bien, los primeros años comenzaron a hacerla de lado por su religión entonces ella pensó que si la dejaba de lado un poco, quizás las cosas cambiarían. Pero algunas no lo hicieron. Su padre solía echar a sus compañeros hombres que la visitaban a Sylvie pero eso no impidió que ella hiciera frente a esas adversidades y de todas maneras tuviera parejas.
Algunas historias se cuentan por partes y otras de principios a fin, otras como yo prefiero llamarlas; "por escarchas". No existe un tiempo, ninguna línea, solo momentos que caen y forman lo que alguna vez fue. Es probable que asuman como termina esta historia pero la verdad es que jamás se pueden contar a grandes rasgos las grandes historias ni contarlas por encima.
Sylvie no sabía que el destino le tenía preparado algo mejor, al final, Sylvie pudo salir de aquello a lo que nunca perteneció y pudo vivir y hacer sus propios hijos y con Walter formaron una familia sólida, sin desconfianzas y que se podía vislumbrar las transparencias. Ivynna no quería irse de casa, Giuliano tampoco. Cuando se lo contaban a las personas el mundo los trataba como niños que no querían salir del nido, pero las cosas cambian cuando el nido no es un círculo vicioso de problemas. Cuando el nido es amor, cuando el nido es el bello mundo en el que todo es perdonado y aseguraba que sus hijos serían protegidos. Sylvie nunca sintió eso antes, sin embargo como una artista lo pudo dibujar, lo trazó y dio amor a sus hijos de una manera casi desconocida para los demás. Sylvie era modesta, no era una mujer vanidosa, el mundo le había dado un mal comienzo, pero la había mantenido feliz y le dio nuevas oportunidades una vez salió de su propio nido. Después de todo, ella nunca se sintió parte de aquella familia.
Sylvie había pasado más tiempo con Walter y su familia que con sus propios padres, luego pasó más tiempo con sus hijos antes que con sus propios padres. Y luego, finalmente, pensaría que su madre adoptiva tomaría otra postura, pero seguía siendo mala, en sus últimos días tenía la cadera rota y Sylvie junto con Ivynna fueron a visitarla, pero ésta no se doblegó en sus posturas y su idiosincrasia, le comentó reticente a Ivynna que no conseguiría pareja más bonita que su ex, y que ella era demasiado poco para un hombre así, le dijo a Sylvie que estaba gorda, y algunas otras cosas más. El mundo no era bello allí. El mundo en la casa de Sylvie era sombrío, cruel y despiadado, pensaba que era obra de su padre, pero al final, se dio cuenta que era obra de su madre, que ella era la artífice de todo lo sucedido, de las separaciones, de las peleas, de todo lo que ocurría en la casa. Cuando Sylvie atravesó una puerta se dio cuenta que estaba rota y preguntó que había sucedido. No todas las puertas en las casas deben estar rotas, allí se dio cuenta que hasta en la miseria, su madre mentía, minorizó el problema y lo redujo a una simple pelea. Sylvie sabía que eso estaba mal, y sabía que su madre no cambiaría más, así que dejó de visitarla con regularidad. Sentía que por mucha bondad y por mucha lástima que uno le tuviera a alguien el peor de los casos, no siempre resulta la otra persona agradecida, y no siempre la caridad es para todos.
El problema de la caridad es que hay que sentirla, y cuando uno no la siente, no siente que la haga bien. Y la caridad no es para todos, el mundo no es para ser bueno con todas las personas y mucho menos ser caritativo con personas que son desagradecidas, y aunque la caridad sea un acto más de dar que de recibir, la madre de Sylvie era difícil de recibir, era mala, nunca dejaba de serlo, y eso se pegaba en el cuerpo y cuando salían rehuyendo de la casa se sentía, no había amor en esa casa. Y ese es el problema, el amor no existe en todas las casas, ni en todas las familias, no existe el ''mundo bello'' en todos los hogares, en todas las personas, no hay mundo bello sin personas que lo integren, y el mundo bello que hizo la familia de Sylvie, no era el mundo bello que jamás existió en la casa de Sylvie, lo que podría decirse que jamás hubo algo como lo de Walter y Sylvie en la familia de Sylvie, por eso se aquejaban tanto de ella y por eso les sorprendía tanto que ella hubiera tenido un final feliz y no ellos.