Tim, con la curiosidad aun brillando en sus ojos, miró a sus padres. —¿Esa vez que fuimos al cementerio, era la tumba de Angelique, no? —preguntó, su voz llena de inocencia y una ligera tristeza. Eme asintió lentamente, sus ojos brillando con lágrimas contenidas. —Sí, Tim. Era su tumba —dijo, su voz temblorosa pero suave. Tim se quedó en silencio por un momento, procesando la información, y luego levantó la mirada con determinación. —¿Podemos ir a verla? —preguntó, su voz firme y decidida. Don frunció el ceño, dudando. —No creo que sea una buena idea, hijo —dijo con suavidad, mirando a Eme. Pero Tim insistió, su expresión decidida. —Por favor, papá. Quiero conocerla, aunque sea así... Don suspiró, viendo la determinación en los ojos de su hijo. Finalmente, asintió. —Está bien. V

