Al llegar a las calles del centro de Milán, Eme se sintió abrumada por la mezcla de emociones que la invadía. La ciudad, con sus elegantes edificios históricos y sus bulliciosas calles adoquinadas, le recordaba a momentos compartidos con Don en el pasado. Cada rincón evocaba recuerdos de su vida juntos, desde paseos románticos hasta discusiones acaloradas, que terminaban en la cama. Y a pesar de la belleza de la ciudad, una punzada de dolor se instaló en su corazón al recordar todo lo que había perdido. A medida que caminaba por las calles, Eme no pudo evitar notar las miradas de los hombres que se cruzaban en su camino ni sus comentarios o silbidos. Su presencia parecía atraer la atención de algunos transeúntes, una sensación familiar que la llevó de vuelta a los días en los que Don solí

