Eme se miraba en el espejo mientras terminaba de aplicar el delineador. El reflejo de su rostro reflejaba una mezcla de determinación y preocupación. Fred estaba sentado en una silla cercana, observándola con expresión preocupada. —Fred, esto es un completo desastre —susurró Eme, deslizando el lápiz sobre su párpado con manos temblorosas—. Nunca debí haber venido a Milán. Ana está completamente fuera de sí, ¡y ahora tengo que enfrentarme a Don en un divorcio que ni siquiera es el mío! Esto es una locura...— dijo y suspiró. Fred asintió lentamente, entendiendo luego de la conversación que habían tenido donde Eme le contó todo lo ocurrido con Ana, la gravedad de la situación. —Lo sé, Eme. Pero tienes que mantener la calma. Ya estamos aquí y la idea es ayudar a Ana, ¿recuerdas? Y también

