CAPITULO 7 CELOS

5000 Palabras
Para este nuevo aporte es necesario colocar una instrumental un poco fuerte, o eso pensaba Evangeline al ver a Darién entrenar en casa, el fuerte guerrero Macedonio había aumentado su masa muscular en tan pocas semanas, incluso había comprado un saco de boxeo con el dinero que ganaba en el almacén de Nora, era adictivo verlo entrenar y la libido incrementaba exponencialmente. Darién pudo notar de reojo como Evangeline se mordía el labio mientras que lo veía desde el desayunador, una sonrisa ligera se dibujo en su rostro. Y es que los estragos que ambos tenían eran muy grandes y cada vez más atrayentes y como dicen por ahí, lo prohibido es mejor y emocionante. No había pasado nada interesante hasta el momento, Evangeline volvió al trabajo recibiendo condolencias por la perdida de su padre, la estatua de Zeus junto con Charlotte había llegado sano a su hogar y los días transcurrieron en el máximo punto del aburrimiento y es que se acostumbraron tanto a las sorpresas de dioses y de nuevas aventuras que simplemente ya no había nada que los sorprendiera. Unos toques en la puerta llaman la atención de la pareja. — Yo voy. — dice Evangeline dirigiéndose a la puerta, la abre y Charlotte estaba del otro lado — ¡Hola! — abraza a Eva. — aprovechando que estamos libres venia a buscarte para tomarnos una tarde libre de hombres, solo chicas, ¿Qué opinas? — ¿acaso estas en contra mía? — Darién enarca una ceja. — Para nada querido, pero te recuerdo que las mujeres debemos reunirnos tan si quiera una vez al mes para platicar de lo estresada que estamos del trabajo y de nuestros novios. — Pero se ven todos los días en el trabajo. — ¿Y? — Aun no logro comprender a las mujeres. — niega con su cabeza. — ¿A dónde iremos? — pregunta Evangeline emocionada. — Iremos a una tranquila discoteca donde podremos bailar con tranquilidad al ritmo de God is a Woman. — Dios no es mujer. — responde Darién. — ¿tu lo has visto? — Darién no dice nada. — gracias por darme la razón. — le guiña un ojo. — Entonces ¿Vamos? — Si, déjame y voy a mi habitación por mi bolso. Evangeline corre en dirección a su habitación, dejando a Charlotte y a Darién solos. — ¿Qué harán realmente? — pregunta el hombre. — Vamos a divertirnos Darién, nada de que preocuparse. — ¿Les recuerdo lo que sucedió la ultima vez que se divirtieron? — Se señala a si mismo. — Eso fue para cumplir el capricho de mi amiga. — se encoge de hombros. — Así que capricho. — Si. — ¿Qué tal si llamo a Román y salimos de fiesta? — Pueden hacerlo, realmente me da igual. — Ok, entonces lo llamare. — ¿Con que teléfono? — Con este. Darién toma su teléfono el cual reposaba a un lado y se lo enseña. Lo había comprado recientemente recibiendo un curso por parte de su mejor amigo, aunque aun le costaba entender con claridad la funcionalidad de gran teléfono, pero sabia llamar. — Vaya, ya estas a la vanguardia. — Apenas lo estoy utilizando, pero créeme que lo se utilizar. — Aquí estoy ¿de que hablaban? — Darién llamara a Román porque saldrán también. — Me parece perfecto, así no pasas todo el día en casa. — propuso con inocencia Evangeline. — Perfecto. — coloca su teléfono en la oreja. Charlotte veía con diversión a Darién porque sabia que estaba un poco rehaceos a que Evangeline salga y encuentre a otro hombre y es que se ha acostumbrado rápidamente a esta nueva sociedad que está viviendo. — Vamos. — le dice a Evangeline. — Si necesitas algo sabes que puedes llamarme. — habla Evangeline mientras que va en dirección a la puerta. — Claro lo tendré en cuenta. Y sin más las dos chicas salieron del departamento dejando a atrás a Darién el cual si planeaba llamar a Román, después de todo no lo conocía muy bien y ya era momento de hacerlo. Mientras que las dos chicas iban en dirección a su diversión. — Creo que Darién se puso celoso. — Habla Charlotte. — No bromees. — Eva ¿Cuántas veces te he tomado el pelo? Evangeline parece pensárselo. — Nunca. — responde. — Exacto, ¿Por qué crees que Darién “Saldrá” con Román? — Pero… ¿Por qué se pondría celoso? Jamás le he dado razones. — Ya sabes como son los hombres, no importa tienen 3 mil años, o si tienen 35 años, siempre van a pensar que somos las infieles. — ¿Acaso peleaste con Román? Charlotte no dice nada, recordando la discusión que tuvieron, mientras ella estaba en la otra parte del mundo le enviaron imágenes junto con aquel jeque, pero no eran para nada sentimentales, era se trabajo relacionarse con todos en la fiesta por si se presentaban próximos eventos en donde el museo sea el centro de todo. — Hemos tenido algunos problemas. — agacha su mirada. — Sabes que puedes confiar en mi ¿cierto? — Lo sé, tengo a la mejor amiga del mundo, pero esto es algo un poco complicado y me da un poco de vergüenza contártelo. — ¿Desde cuando Charlotte Pears le da vergüenza algo? — Char sonríe a medias. — Es que… — toma una gran bocanada de aire. — creo que Román me esta engañando con alguien. Evangeline tapa su boca con sorpresa. — ¿Lo has visto? — Es solo un presentimiento. — Pero… — Lo que sucede es que cuando estuve con el jeque le llegaron imágenes a Román. — ¿le fuiste in…? — ¡No! A lo que quiero hacer alusión es que, quien se enoja de esa forma es porque su escondido se trae ¿No crees? — Eh… quizás le da miedo perderte. — No lo sé Eva, pero Román le sucede algo extraño, ahora hasta me esconde tu teléfono. — ¿Y si lo hace para tu cumpleaños? — Una infidelidad de regalo. — se carcajea. — no digas tonterías Evangeline. — ¿acaso no has visto el calendario? — la ve con cara de pocos amigos. — tu cumpleaños es en dos semanas. Charlotte no dice nada. — ¿En serio? — Si. — Dios mío Evangeline. — lleva sus manos al rostro con sorpresa. — cómo no me había percatado de eso y yo hablando mal de él. — Sabes, tal vez si necesitamos con urgencia esa salida, así podrás aclarar tus pensamientos. — Definitivamente. Ambas bajan al primer piso y el primer taxi que paso por el lugar lo detuvieron, Charlotte le dio la dirección al taxista y este se movió rápidamente. — En serio debí sonar como una idiota. — se lamentaba la mujer. — No te trates de esa forma Char, eso le puede suceder a cualquiera de nosotras. — Pero es que nunca había sido tan insegura por un hombre. — Mírame. — Evangeline la toma de las manos. — eres una de las mujeres más hermosa que he visto y no solamente eso, eren inteligente, responsable, buena amiga, y sin duda alguna cualquiera te querría tener a su lado, así que no es momento para lamentarse y disfrutemos de nuestra tarde de chicas. Y fue así como la tarde comenzó de forma tranquila, yendo a un nuevo lugar para comer cualquier tipo de comida, desde la vegetariana hasta la más grasienta y llena de carne que puede haber, ambas chicas chocaron sus copas de vino jurándose las mejores amigas por siempre. Mientras que por otro lado Román había llegado al departamento de Evangeline y Darién. Al principio el magnate no sabia como es que el guerrero macedonio había conseguido su número, pero lo dejo pasar, ya que después de todo se veían cuando las dos chicas se juntaban. Toco el timbre y a los pocos segundos Darién le abrió la puerta, vestido completamente de n***o y encima una chaqueta de mezclilla para dar un contraste. — Hola. — Darién le tiende la mano y Román la toma. — siento si te moleste, se que eres un hombre ocupado, pero… — ¿Evangeline y Charlotte? — pregunta Román con la ceja enarcada. — Si, cuando ambas están juntas cometen muchas locuras y si ellas pueden ¿Por qué nosotros no? — ¡Exacto! Debemos revolucionarnos y salir para también disfrutar y tengo el mejor lugar donde podemos ir y hacerlo. — ¿Dónde? — Para eso debo mostrártelo. Ambos bajaron y se embarcaron en el auto de Román, le cual estaba siendo conducido por un chofer. — Dime algo Darién, ¿Por qué Evangeline y tú todavía no formalizan su relación? — Evangeline y yo todavía no tenemos una relación. — ¿Estas bromeando? — No, hay diferentes situaciones que no nos lo ha permitido. — Hermano esto debe ser una broma, tu y ella viven juntos y Evangeline es una mujer muy linda e inteligente. — Lo sé. — Consejo, hazla tu novia antes de que otro te la arrebate. — le guiña el ojo a Darién. — ¿Cómo va tu relación con Charlotte? — Pues hemos tenido algunas discusiones, pero dentro de dos semanas es su cumpleaños y le tengo preparado una sorpresa. — No sabía. — Si, de seguro Evangeline te llevara, la fiesta va ser en grande tal cual como le gusta a Charlotte. — Es una mujer de lujos ¿cierto? — No exactamente, pero yo le doy todo lo que necesita. — Sabes… hace poco me entere acerca de algo familiar y es que me dejaron cierta parte de la fortuna familiar. No era mentira, gracias a los entrenamientos con el dios de la guerra, descubrió que parte de la fortuna de su familia adoptiva había que dado intacto y con ayuda de Hermes lograron traerlo hasta la residencia, Evangeline no sabia nada de eso ya que se hizo mientras que estaba en el trabajo y según Hermes Darién de Macedonia era asquerosamente multi millonario. — Ok ¿Qué pasa con eso? — Son algunas cosas de mucho valor y no se donde pueda venderlo, quiero agradecerle a Evangeline por la ayuda que me ha brindado. — Mmm, ¿Qué te parece si nos volvemos a reunir después y vemos que podemos hacer con tus reliquias familiares? — Esta bien. El sol se fue posando en el horizonte dándole la bienvenida a la noche, Evangeline y Charlotte emocionadas se fueron a unos de los lugares más top y reconocidos del pueblo, donde solamente los ricos se regodeaban presumiendo todos sus lujos, los, hijos de las dos familias fundadoras del pueblo disfrutaban, pero en bandos separados, y aun no se sabe realmente porque estas dos familias se detestan tanto. — ¿Cómo lograste meternos aquí? — le grita a Charlotte al odio. — Por Román. — respondió. — Tiene una membresía aquí. — Ni siquiera se porque hice esa pregunta sabiendo la respuesta. — bufo. — pero ¿Cómo vamos a pagar el alcohol de aquí? Lo único barato es la botella de agua. — Tranquila, eso lo solucionaremos luego, es solo cuestión de divertirse. Sin importar más, las dos chicas se entré mezclaron y se ubicaron en un palco donde se podía ver todo el lugar claramente. — Esto es inigualable. — dice Evangeline, a aquel, aquel espacio no era tan ensordecedor como estar abajo. — Buenas noches bienvenidos al Coco Bongo, ¿Ya saben lo van a pedir? — Si, por el momento solo queremos cocteles. — Excelente, tenemos una amplia gama de cocteles. La mesera les tiende la carta y ambas miran entre toda la lista que es lo que más les gusta. — Yo quiero una piña colada. — Evangeline es la primera en decidirse. — Yo me voy por un mojito. — Charlotte le tiende la carta de vuelta y la chica escribe en su pequeña libreta. — Vuelvo dentro de unos minutos. Y se va dejándolas solas nuevamente. — Creo que tenemos espectadores. — Charlotte codea a Evangeline para que mire en frente. Allí se encontraba un grupo de chicos secreteando y sonriendo y también mirando en dirección hacia ella. — Oye vinimos a divertirnos entre nosotras. — le recuerda a su amiga. — Lo sé, pero me vas a decir que no te gusta cuando llamas la atención de otros. — Pues sí, pero ¿recuerdas lo que sucedió la ultima vez que? — Aquel tipo era un idiota. — Pero estos son idiotas, porque tienen todo el dinero del mundo y creen que pueden dominar a cualquiera a su antojo. — Tranquila, no les responderemos. — se encoje de hombros Charlotte. — pero si disfruto ser inalcanzable para ellos. Sin más comenzó a dejarse llevar por la música buena del lugar, Material Girl de Madonna sonaba, Evangeline negó con la cabeza mientras que Charlotte trataba de imitar a la reina del pop. La mesera llego tiempo después con los cocteles, el Dj cambio el genero musical en varias ocasiones alocando a toda la gente, los cocteles iban y venían con más frecuencia y el alcohol no tardo en invadir los cuerpos de las dos chicas quedando expuestas con los depredadores a su alrededor. Uno de los chicos ricos no dejaba de mirar a Evangeline, ante sus ojos era una diosa de carne hueso que quería poseer, así que junto todo el valor que tenia y camino con elegancia hacia su lado, el aroma a frutillas de Eva, llego a sus fosas nasales extasiándose por completo y volviéndolo loco por querer hablarle. — Hola. — por fin se atrevió a tocarle el hombro. Evangeline se volteo y vio al guapo hombre en frente de ella. — me preguntaba si quieres bailar conmigo. Evangeline un poco alagada y sobre todo por el alcohol se sonrojo, pero no aceptaría bailar con él, porque de alguna forma tenia ese sentimiento de compromiso con su guerrero macedonio. — Yo tengo novio lo siento. — responde con amabilidad. — ¿Dónde esta él que no lo veo? — Mi amiga y yo salimos en una noche de chicas. — Oh, entiendo, noche de diversión. — Exactamente, me alegra que lo entiendas. — Si, pero… en estas noches locas suceden cualquier mil de cosas y entre amigas se tapan todo ¿no? Evangeline enarca una ceja y se cruza de brazos. — No sé con clase de chicas sueles acostarte amigo, pero te puedo asegurar que no soy una de esas, así que si nos permites estamos tratando de pasar una noche de ¡Chicas! Agradable. — Finge su sonrisa a lo último. — Yo no acepto un no por respuesta. — Pues escúchame de nuevo. — Evangeline guarda todo su enojo por dentro para no estallar. — N O. Remarco, haciendo que Charlotte estallara en carcajadas. — Ya lárgate, no necesitamos de tu ayuda. — Charlotte le hace un ademan con la mano para que se alejara de ellas. — Volveré, a mi nadie me dice que no. Y se va dejándolas nuevamente solas. — Sabes, los hombres siempre dicen que nosotras las mujeres somos las más complicadas, pero ellos otro nivel. — bufa Evangeline, para luego tomar de su coctel. — Ni que lo digas, creen que les pertenecemos, y que debemos movernos cuando ellos digan, pero no va ser así, mi padre no crio a una debilucha. — apoya Charlotte. — Así se dice hermana. — Eva levanta los cinco y su mejor amiga responde chocando su mano y siguieron disfrutando. Darién vio por toda la calle como muchos que lucían como de su edad, aunque claramente no lo eran, reían y disfrutaban de la noche del pueblo Oso, fue inevitable no sentirse regocijado y lo hacia sentirse como en la antigua macedonia junto con sus hoy difuntos amigos de combate, pero de alguna forma tenia a Román a su lado instruyéndolo un poco acerca del mundo y de como obtuvo su gran fortuna, cosa que no le importo, pero al hombre le encantaba hablar de si mismo. A petición del magnate, fueron a una zona concurrida del pueblo, había escuchado de el gracias a las chicas que llegaban al negocio de su jefa Nora y es que según ellas solamente podía entrar personas con dinero y que para poder reservar en aquel lugar debían hacerlo con un mes de anticipación, porque a un lugar tan exclusivo no pueden entrar tantas personas que no tenían el dinero suficiente como para gastar dentro, eso según las palabras de las mujeres del almacén. — Señor Román que gusto volverlo a tener por aquí, su novia se adelanto la noche de hoy. — un hombre muchísimo más grande que Román y Darién se encontraba resguardando la entrada. — ¿Charlotte esta aquí? — Si, junto con una amiga. — responde. — Gracias por informarme Ronald, por cierto, él vine conmigo. — Claro que sí, todo amigo de Román es bienvenido. — Gracias. — dice Darién con una sonrisa a labios cerrados. — Como sea, pueden pasar. El gran hombre se hace aun lado y deja que los dos hombres entren al lugar, con un poco de incomodidad Darién levanto sus hombros tratando de que llegaran a sus oídos para taparlos y evitar el fuerte ruido. — Allí están. — e grita Román a su oído y señalando hacia el palco donde se encuentra Charlotte y Evangeline. Ambas se encontraban bailando y riendo a la vez, pero a su alrededor había un grupo de chicos que a Darién no le gustaba para nada, sobre todo, porque se querían comer a ambas con la mirada. Rápidamente Darién y Román se escabulleron entre todas las personas que estaban dentro hasta llegar a las escaleras del palco donde otro guardia se encontraba allí, y al ver al gran empresario lo dejo pasar de inmediato junto con su acompañante. Ambos caminaron con imponencia hacia donde estaban las dos chicas riendo. — Buenas noches. Charlotte al escuchar la voz de su novio se tensó, en cambio Evangeline sonrió al ver a Darién, cosa que le causo mucha ternura al chico. — Vaya, veo que también vinieron a divertirse. — Dice Charlotte viéndolo con la ceja enarcada — Por supuesto que sí al igual que ustedes dos. — Si quieren pueden sentarse con nosotras. — propone Evangeline. — ¡No! — se exalta Char. — es noche de chicas, si ellos vinieron a divertirse solos que busquen otra mesa. — No tenemos ningún problema ¿cierto Darién? — Así es. — responde. — Entonces que la pasen bien señoritas. Román mira por ultima vez a Charlotte y ubica una mesa detrás de ellas completamente vacía. Sin embargo, Darién no quito la vista de Evangeline. — Veo que cumpliste tu palabra de salir con Román. — dice Charlotte mientras que toma a través de su pajita el coctel. — Yo siempre cumplo mi palabra. — se encoge de hombros. — Ya lo puedo ver, ahora si nos permites, estamos en nuestra noche de chicas. Evangeline les sonríe a labios cerrados y sin más Darién se sienta junto a su compañero y ve a su chica y a la vez no chica disfrutar. La noche siguió su curso y aunque Darién intento tomar el alcohol menos posible para estar al pendiente de Evangeline, ya se estaba comenzando a sentir un poco ebrio, si Dionisio lo viera en ese estado de seguro lo reprendería por no estar borracho hasta las trancas, pero debía proteger a su chica, en una que otra ocasión varias chicas se acercaron a ellos de forma muy coqueta, hirviendo la sangre de Charlotte y de Evangeline, pero no se lo iban a demostrar. Comenzaron a moverse de forma erótica llamando la atención de todos los chicos del palco incluyendo al acosador de horas atrás, él estaba dispuesto a todo para llevarse a una de esas dos chicas a casa. Así que tambaleante se fue acercando hacia ellas con intensiones terribles, una sonrisa lobuna se dibujo en su rostro y con un movimiento rápido de manos las estampo sobre sus traseros. Todos en el palco quedan en completo silencio. Darién lleno de furia y con rapidez, tomo al hombre del cuello de su camisa y lo estampo contra una pared llevándose por delante mesas y botellas caras. Los gritos no tardaron en llegar a los oídos del furioso guerrero. — Quien te dio el jodido derecho de golpearlas así. — mascullo lleno de rabia. — Que te valga lo que yo haga. — escupe en su cara. Darién con una sola mano lo levanto un poco en el aire y con la otra limpio la baba que le había lanzado. — Darién. — la voz de Evangeline lo llamo. — bájalo por favor. — Pídeles perder. — Darién sin escuchar lo que dijo su amada apretó el cuello del muchacho el cual comenzó a toser. — ¡Te dije que le pidieras perdón! — exclamo aun más fuerte. — Per…don. — su voz apenas era audible. — Ahora bájalo Darién. — le rogo Evangeline. El guerrero lo baja y suelta el agarre de su cuello, el hombre de inmediato comienza a toser y a respirar en grandes bocanadas. — Te demandare. — amenaza con las pocas fuerzas que le quedaban. — Si tu lo haces utilizaremos los videos del lugar como prueba en tu contra, ya que lo que hiciste es acoso y abuso en contra de mujeres. — Román también sale a defender a Charlotte. — no te conviene meterte en problemas conmigo muchacho. Y sin más remedio el hombre les lanza una mala mirada a todos y sale del lugar. Evangeline en aquel momento se percata que la música había sido pausada por todo el altercado que sucedió con el hombre, definitivamente ya se le habían quitado las ganas de seguir disfrutando la noche de chicas gracias a este acoso tan grande que recibió. — Sera mejor que vuelva a casa. — informo a su amiga. — Si, creo que ya fue mucha noche para chicas por hoy. — Charlotte también estaba un poco decepcionada por lo ocurrido. — Pagare la cuenta, ustedes tres vayan saliendo. — informa Román. Y sin rechistar salen de coco bongo completamente apagados y sobrios, ya que después de todo aquel incidente les quito toda gracia. — ¿Están bien? — pregunta Darién a las dos chicas. — Lo estamos Darién y gracias por defendernos. — responde Evangeline, la cual intenta acercarse a él para abrasarlo, pero recuerda que no lo debe hacer. — Siempre las protegeré de tipos como ese. — Ese mal nacido nos había acosado durante toda la fiesta y no nos dejaba en paz, debiste romperle tan siquiera el tabique. — mención Charlotte. — Ya está todo listo. — Román hizo acto de presencia. — los llevare hasta casa. — palmea el hombro de Darién. — Gracias por todo hermano. — le agradece. — No te preocupes y en cuanto a aquella situación, sabes que puedes confiar en mí. — Lo tendré en cuenta. Las dos chicas sin decir una palabra se miraron y se encogieron de hombros, luego caminaron en dirección al auto de Román donde le chofer los estaba esperando, al ser un auto solamente para cuato pasajeros, Darién decidio sentarse en la parte de adelante del auto y Evangeline, Charlotte y Román en la parte de atrás como sardinas en latas. Solamente se podía escuchar el sonido de las ruedas por el asfalto, las calles estaban completamente desoladas y solamente los locales con discotecas estaban abiertos con borrachos afuera vomitando todo lo ingirieron. Al poco tiempo llegaron al departamento de Eva. — Gracias por todo. — Dice la chica. — No te preocupes y es una lastima que nuestra noche haya terminado de esta forma. — responde Charlotte. — hablamos mañana ¿sí? — Ya sabes la respuesta. Por cierto, gracias por traernos a casa Román. — No hay de que Eve. Darién se despide de la pareja con un movimiento de manos a través del retrovisor y se baja del auto y a los pocos segundos Evangeline también se le une. — ¿Cómo te sientes? — pregunta Darién. — Estoy bien. — ¿Segura? Te noto un poco apagada. Evangeline juega un mecho de cabello. — Lo que sucede es que nunca había pasado por una situación como la de la discoteca, bueno, jamás se habían sobrepasado de esa forma. — Lo que hizo ese idiota no tiene nombre Evangeline, se merecía todo el castigo que le podía brindar. — Lo sé, pero si lo hacías te ibas a meter en muchos problemas. — Ese tipejo no va a pelear en contra de Zeus, cualquier golpe que hubiera recibido de él hubiera sido como roce de manitas. — A lo que me refiero es que la policía te hubiera llevado preso. — No me interesa mucho, pero se hubiera llevado su buen merecido, y no voy a permitir que otro idiota se propase de esta manera ni contigo ni con Charlotte, es más, con ninguna mujer del mundo. — ¿ahora eres Superman? — Mejor que eso. — le guiña el ojo. — ahora entremos, se nos va a congelar el culo de tanto estar afuera. Evangeline rio y entraron al edificio para pronto subir al departamento el cual estaba muy tranquilo, cosa que le extraño a la chica, porque por lo general algún dios griego hace acto de presencia en la sala. — Me tomare una pastilla para no levantarme con resaca. — informa Evangeline mientras que se dirige a la cocina. — ¿vas a querer una? — No es necesario, tuve peores borracheras gracias a Dionisio. — Ya me lo imagino, la resaca del vino es muchísimo peor que la de cerveza. — Definitivamente estas en el correcto. — Pero has estado fuera de forma con el alcohol, así que te recomiendo que te tomes la pastilla para que no amanezcas con resaca. — ¿no me dejaras en paz hasta que no lo haga cierto? — Sip. — Ok. Ambos caminan en dirección hacia la cocina. Evangeline toma una canasta donde guardaba todas las pastillas necesarias y le brindo una a Darién, para luego tomar un vaso y lo lleno con agua del grifo, y el chico también hizo lo mismo. Pero había algo que le inquietaba a Evangeline, pero no sabia lo que era, torció su boca y miro a todo su alrededor, algo estaba un poco diferente a la ultima vez que dejo el departamento, Darién fue el primero que paso por su cabeza, pero pronto recordó que el también es meticuloso para la ambientación del departamento, así que el no pudo haber cambiado casi nada. — ¿Qué pasa? — pregunto el Suso dicho. — No lo sé, siento que hay algo extraño aquí. — No veo nada diferente. — Es que es algo que no anda bien, o para cambiarlo, en el departamento hace falta algo. Darién para tratar de entender lo que Evangeline decía, poso su mirada en todo su alrededor y no pudo percibir casi nada, pero tenia un punto a favor, algo estaba raro en aquel lugar. — Si esta un poco raro, diría yo que muy tranquilo. — dijo Darién caminando sigilosamente por la cocina. — ¿será porque no se ha aparecido ningún dios a perturbarnos? — No lo sé, pero me inquieta. — Ok, iré a ver qué sucede. Darién se aleja de la cocina y comienza a buscar por toda la casa. Evangeline queda en la cocina un poco preocupada y es que algo le decía que no estaba bien algo en su hogar. — Hola. Una voz femenina a su lado le habla. La chica se exalta e intenta gritar, pero no sale ni un solo sonido de su garganta. — No grites por favor. — pero Evangeline quería gritar y aclamar por Darién. — Soy Hera, madre de Darién, no quiero que tengas miedo de mí, por favor te pido que no grites. Y como si le volviera el alma al cuerpo, Evangeline pudo hablar. — ¿Cómo entraste a mi casa? — Soy una diosa. — ¿Y? — Como sea Evangeline, quiero hablar contigo. — Darién volverá en cualquier segundo. — No, no lo hará, por lo menos mientras nosotras dos hablamos. — No tengo nada que hablar con una mujer que abandono a su hijo y lo encerró en un cuadro. — Tu no tienes idea de como son realmente las cosas. — Ilumíname entonces, porque no tienes muy buena pinta en la historia. — ¿Qué opinas si nos sentamos en la sala? — ¿acaso tengo de otra? — No. — Entonces andando. La diosa y Evangeline se dirigen a la sala, donde no había ni rastro de Darién. La preocupación de inmediato inundo el cuerpo de Eva, estaba a sola con la diosa y madre del guerrero macedonio, era como conocer a tu suegra por primera vez. Ni siquiera con su ex suegra se había sentido así, aquella mujer era un amor total, no como su hijo infiel. Hera no sabía cómo expresar lo que estaba sintiendo en ese momento, quería lavar la mala imagen que le había dado a su hijo y quería arreglarlo todo, pero ella sabia que iba a ser una tarea muy difícil. — Quiero que mi hijo me perdone. — soltó cuando ya estaban acomodadas en el sofá. — Sabes que las cosas no se resuelven con un querer, si no demostrándolo. — Lo sé, por eso quiero que me ayudes. — Hera, mira, ya me basta y me sobra con lo que Amerita hizo, no soy quien para interferir en algo familiar. — Y tienes toda la razón, pero tú eres la única a la cual Darién escucha. — No sé cuales sean los planes que ustedes los dioses. .
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