CAPITULO 6 2/2 EL TESTAMENTO DE PAPÁ

5000 Palabras
10 de junio. Hola hija he comenzado a escribir esta carta porque poco a poco siento que mi aliento se estaba acabando y realmente no quiero que pienses que no hiciste todo lo posible por salvarme, porque si lo hiciste, se que vendiste tu coche para pagar algunas medicinas, no debiste hacerlo, pero te entiendo si tu hubieras estado en la misma situación hubiera hecho lo mismo. Le pediré a Geoffrey West que te entregue esta carta, ya sabes que es un muy buen amigo mío y mi abogado. Y si ahora ya estas leyendo esto, sabrás que de para ti el impala, mi caja fuerte y el libro rojo con dorado, dentro habrá algo que te va a sorprender, pero antes déjame contarte una historia. AÑO 1985 KURT GOLDBERG 18 AÑOS. Todo comenzó cuando conocí a Teresa Martínez, una hermosa latina que logro cautivar mi corazón al 100% era mi vecina y nos veníamos todos los días a través de nuestros balcones, sabia que le gustaba porque cada vez que la miraba llevaba sus mejillas sonrojadas, era completamente adorable aquella mujer, hasta que un día decidí invitarla a salir. — ¿A dónde me llevaras? — pregunto tomando un mechón de su cabello y enrollándoselo en el dedo índice. Recuerdo haberle pedido prestado el impala del 67 a mi padre, al principio no quiera cederlo, pero luego accedió, me hizo prometerle que lo cuidaría como si fuera mi vida y así lo hice. — ¿Qué te arece el mirador? — Pero a esta hora esta cerrado. — frunce el ceño. — Lo sé, pero el padre de un amigo nos hará el favor de dejarnos pasar. Teresa sonrió en grande y eso me dejo muy tranquilo, junto a mi madre prepare una canasta llena de sándwich de mermelada y mantequilla de maní y también fruta picada con una gran variedad de dulces y bebidas refrescante. Al llegar al mirador el padre de mi amigo nos abrió y nos dejo pasar con la única condición de no dejar ningún tipo de basura, asentimos con nuestras cabezas, estacione el auto de mi padre un poco alejado de la orilla, Teresa bajo del auto mientras que tomaba la canasta con una manta lo suficientemente grande para los dos. — Me gusta como se ve oso desde aquí. — soltó mientras que se intentaba cubrir el frio con los brazos. De inmediato coloque la manta sobre sus hombros. — Viniste preparado. — Y también traje comida. — le muestro la canasta. — ¿Dónde nos sentaremos? — Aquí. —golpeo suavemente el capo del auto. — ¿no se dañará? — No, es bastante resistente. — Esta bien. — Teresa se sube poco a poco y luego yo lo abro, ella es la primera en meter la mano y sacar los sándwiches y llevárselo a la boca. — mi favorito. — dijo tapando su boca ya que se encontraba llena. — También es mi favorito. — Vaya, ya tenemos algo en común. Aquello simplemente fue el principio de nuestra relación, salimos un par de veces más, al mes ya éramos novios, nuestras familias se llevaban tan bien que parecer una película romántica, luego nos graduamos de la escuela secundaria y entramos a la universidad, habíamos pasado en la misma así que no nos preocupamos por estar a kilómetros de distancia y pensar mal el uno del otro. A los dos años de nuestra relación, Teresa queda embarazada, ambos estábamos felices por ser padres, pero nuestra felicidad duro poco, porque Teresa perdió a nuestro bebe en un aborto espontaneo, fue el año más oscuro de nuestras vidas, hasta tal punto que casi rompemos nuestra relación, con un poco de terapia logramos salir del hoyo que casi nos consumía, dos años después al final de nuestras carreras profesionales Teresa queda embaraza de Dominic Goldberg y al año siguiente Bruno. Nuestro plan era solo tener a dos bebes, pero tres años después apareció Evangeline, nuestra pequeña luz. Recuerdo haber visto a mi padre brincar emocionado porque después de tantos años por fin nació una niña Goldberg. Pero nuestros días volvieron a ser negros cuando Teresa falleció gracias a la preclamsia, y quede solo a los 30 años con dos niños y una recién nacida. De los padres de Teresa no volví a saber más nada, pero estaba mi padre y mi madre apoyándome en todo lo que pudieran, trabajaba durante días y noche en mi trabajo para tener un buen sueldo y sostener a mis tres hijos, pero pronto mamá murió gracias a un paro cardiorrespiratorio y dos años después mi padre también gracias al síndrome de corazón roto, la perdida de la mujer de su vida lo dejo tan marcado que prefirió morir que seguir viviendo. Kurt abre un paréntesis preguntando (¿Hasta aquí hemos entendido? Inconscientemente Evangeline asiente respondiendo a esa pregunta. Herede todos los libros de historia de mi padre y mientras tenía tiempo libre leía y eran fascinantes porque parecían ser relatados por el mismo Homero, mi padre nos había contado muchas historias más pero no se comparaban con la de los libros y es que nuestra familia lleva un linaje bastante peculiar, incluso se encontraron relatos de antes y después de cristo. A medida que leía sentía que me teletransportaba a aquellos escenarios, pero algo en particular me llamo la atención de todos estos relatos casi que homéricos. La ultima mujer que hubo en la familia se llamaba Amerita y era la matriarca de la familia y sorpresivamente encontré un dibujo de ella y noté Evangeline tenía mucho parecido y pude comprobarlo cuando creció mi pequeña, por alguna extraña razón solo hubo pura descendencia masculina y de inmediato pensé que algo andaba mal. Rebusqué entre todos los libros de mi padre y encontré la respuesta. Darién de Macedonia. Tal vez parezca muy Hollywood, pero Amerita hizo esclavo a aquel hombre, la diosa Hera hermana y esposa de Zeus se había encargado de encerrarlo en un papiro, y llevarlo lejos de Macedonia, pero luego Amerita lo busca y se lo lleva lejos. Evangeline levanta la mirada cuando lee aquellas palabras y se lleva las manos a la boca sorprendida. — Hija de perra. — ¿Qué sucede? ¿Qué dice? — Déjame terminar y te explico todo. Se decía que aquel papel seguía a Amerita a todos lados, esta podía irse hasta la china, pero por alguna razón llegaba a manos de la matriarca. Pero cuando esta murió el papel se perdió, todos los Goldberg comenzaron a buscar la reliquia familiar, pero solo uno la tuvo en sus manos, pero la perdió. Yo también logre ubicarla, pero se encontraba en Australia, no quise agotar nuestro único recurso monetario en un boleto de avión, así que lo deje pasar. Hasta el día que visité a mi hija Evangeline en el museo, donde era su primera vez como alguien sumamente importante para les diera el cuidado necesario a todas las obras del museo y fue entonces cuando lo vi por primera vez. Me asuste y mucho, lo mire por unos segundo a los ojos y sentí que parpadeo delante de mí, pero luego, tuve que irme, de inmediato comencé a investigar y llegue a la única conclusión que la única persona que podía dominar a su antojo la pintura era una mujer. Hija, no se realmente que tenga Darién de Macedonia, pero tú, tú tienes el poder, solo debes dejarlo soltar. Dentro de la caja esta la solución, va haber una alineación de planetas el día 6 de septiembre, la energía de todos esos planetas alineados enviaran mucha fuerza, fuerza que le pertenece a Darién de Macedonia. Código de la caja fuere: 321, 213, 123. Te quiero mucho hija. Con cariño tu padre. Sin más que decir, Evangeline se dirigió hacia parte delantera de la caja y comenzó a digitar el código y a los pocos segundos esta se abrió, pero lo que la sorprendió fue encontrar una pequeña espada envuelta en tela, pudo saber lo que era porque las telas solo cubrían el filo. Darién al ver lo que era supo de inmediato de que se trataba, Ares le había hablado acerca una espada pequeña que debía ser usada en un momento especifico y que si era utilizada mucho antes estas se desharía perdiendo su poder. — Tal vez si estamos destinados, pero no para terminar de la forma correcta. — dijo Evangeline cerrando la caja. — ¿Qué dijo tu padre? — Debemos hablar con algún dios que no sea Zeus. — ¿Por qué? — Tus poderes regresaran, de eso no hay duda, y tenemos una única oportunidad. — Me estas asustando Evangeline. — Que nosotros estemos juntos no es coincidencia, y al parecer soy la única que puede ayudarte. — Evangeline yo… — Invoca a Atenea o a Ares. — No. — ¿Por qué? Podemos sacarte de esto, debemos hacer un plan para el 6 de septiembre. — ¿Por qué ese día? — frunce el ceño. — Mi padre dice que ese día todos los planetas se van a alinear y que toda la fuerza que ellos envían debe ir hacia ti. — ¿es seguro? — Mi padre nunca miente. Ahora invoca a tus hermanos. Darién hace una mueca y sin chistar cierra los ojos y a los pocos minutos dos dioses griegos se encontraban en la sala de estar del departamento. — Llamaste en un momento inoportuno. — dice Atenea. — ¿Por qué nos llamaste a los dos? — pregunta Ares. — Evangeline tiene algo que decirles. — Darién carraspea y señala a la chica Los dos dioses posan su mirada en la mortal y enarcan una ceja, Evangeline sin dejarse intimidar aclaro su garganta. — El 6 de septiembre habrá una alineación de planetas. — Ahora eres astrónoma. — se mofa Ares. — Sigue riéndote de mi y lo toco. — La amenaza de Evangeline no era enserio, pero estaba a unos cuantos centímetros de del brazo de Darién. — Atrévete a hacerlo y en menos de un segundo pierdes la mano. — la amenaza el dios de la guerra. — ¡Basta! — Atenea se entromete. — ¿Qué quieres decir que habrá una alineación de planetas? — Que Darién recibirá toda su energía de la alineación. — Atenea y Ares se ven fijamente. — tengo una pequeña espada aquí adentro, pero no se para que se debe utilizar. — Debes dárnosla. — De inmediato Atenea se acerca rápidamente a la caja, pero cuando la toma grita de dolor y se aleja rápidamente. — ¿Qué tiene la caja? — se queja de dolor. — No lo sé, a mí no me sucedió nada. — se encoge de hombros Evangeline. ­—Debe estar protegido por algún conjuro. — Entonces ábrela y danos la espada. Evangeline de inmediato niega con su cabeza. — No les voy a dar nada. — No tientes nuestra paciencia, esto es de vida o muerte. — Ares la señala con el dedo índice. — ¿Por qué la quieren con tantas ansias? — Porque esa arma nos puede ayudar a vencer a Zeus. — Ok, el día en que todo suceda vienen a mi y yo se las daré. — ¿Por qué ahora desconfías de ellos? — Darién se coloca en la mitad de los dioses y Evangeline. — Tenias un poco de razón cuando dijiste que son dioses y solo buscan su propio bien, las ansias que tienen por obtener la espada me lo confirman. — Evangeline, hay mucho trasfondo en todo esto y esta vez estoy con ellos. — Ok esta bien, pero no les daré la espada a menos que la guerra sea hoy, punto. Como pudo Evangeline tomo la caja fuerte y camino por todo el pasillo hacia su cuarto, dejando a los tres dioses solos. — ¿No le has dicho que debe morir para que el poder pueda llegar a ti? — pregunta enojada Atenea. — No. — Demonios Darién, debes hacerlo si no quieres que se entere por otra persona. — Lo sé, lo sé. — hala el cabello creciente. — Ella no me cae muy bien que digamos. — Ares hace una mueca. — No estamos para hablar de eso Ares, ahora debes convencerla de que te de la espada y sabes que debes ser tu quien la asesine y cuando tengas todo tu poder, bajas y la buscas, así de fácil. — No puedes decir eso cuando nunca te has enamorado. — responde Darién. — El tiene razón. — lo apoya Ares. — pero debemos hacer esto a la perfección y si es necesario que muera unos minutos no hay problema. En ese instante Evangeline sale de la habitación y los dos dioses desaparecen. — ¿Qué fue todo eso Evangeline? — No lo sé, los vi tan ansiosos que preferí estar a la defensiva, y si ese arma puede salvarte no la desperdiciare dándosela a ellos, iré con Bastián el debe saber algo al respecto. — Bastián no se encuentra en el pueblo ahora mismo. — Agrega Darién. — Entonces esperaremos a que venga. — se encoge de hombros. En ese momento tocan la puerta del departamento. Los dos se quedan en silencio y extrañados porque no tocaron el ruidoso timbre. — ¿Charlotte? — murmuro Evangeline para que Darién solo la escuchara. — No creo, dijo que volvería en dos días. — responde igual en un susurro. Pero con un movimiento de la mano el Escudo y la espada vuelan hacia él. — ¡Wow! — exclama igual de bajo. — ¿Cómo hiciste eso? — Cuestión de entrenamiento. — se encoge de hombros. Evangeline asiente aun sorprendida. Vuelven a tocar el timbre asustándolos un poco. Darién comienza a caminar a pasos agigantados hasta llegar a la mirilla de la puerta, como si de un gato se tratara se pego a la puerta y miro, afuera había un hombre dándole completamente la espalda así que no logro reconocerlo. Mira a Evangeline y le hace un movimiento de cabeza para que se acercara, ella lo hace. — Abre la puerta. — dijo lo más bajito que pudo. — ¿Quién es? — No sé, pero si es alguien que quiere hacerte daño no podrá porque te estoy protegiendo con el escudo. Evangeline toma una bocanada de aire y toma el pomo de la puerta, la va girando poco a poco hasta abrirla. El hombre al escuchar la puerta abrirse se voltea, pero ni Evangeline ni Darién baja la guardia. — ¿Qué haces aquí Bruno? — la chica se cruza de brazos. — Venia a pedirte disculpa y a tu novio también por la actuación de Dominic. — ¿desde cuando eres tan comprensivo? — Bruno bufa y patea al aire. — Evangeline se que en el pasado nosotros no actuamos de la mejor forma, y a decir verdad me dejaba llevar mucho por nuestro hermano y cree un odio falso hacia a ti y quiero que eso cambie. — ¿Por qué? — Porque es mi deber como hermano mayor protegerte. — Acepto tus disculpas. — Gracias, se que puedo demostrarte que cambie. — sonríe. — ¿puedo pasar? Evangeline mira en dirección a Darién, este se encoge de hombros, pero a la chica le interesaba saber que iba a decir su hermano de en medio, así que abrió más la puerta y Darién bajo el escudo y la espada para esconderlo en un punto estratégico y no ser visto por el hermano de su… bueno de Evangeline. Bruno entra y mira todo a su alrededor. — Es muy lindo tu departamento y es bastante amplio. — Sí, papá me ayudo a encontrarlo e hizo algunas remodelaciones. — Le encantaba hacer de todo. — Bruno sonríe con nostalgia. — me arrepiento de no haberlo visitado. — Debiste hacerlo, el realmente quería verlos por ultima vez. — No me tortures de esa forma. — le pide con pena. — Buenas. — Bruno no había notado la presencia de Darién. — Hola, se que no nos hemos conocido de la mejor manera, mi nombre es Bruno Goldberg hermano de Evangeline. — le tiende la mano — Darién de Macedonia. — la toma. — Darién de… A bruno se le hacia conocido aquel nombre, pero no sabia de donde lo había visto o escuchado, hasta que… — ¿estas bromeando conmigo? — Mmm no. — Entonces las historias del abuelo eran reales. — Murmura más para él, pero los dos integrantes del departamento lo escuchan. — ¿Cómo fue que saliste? — ¿De que hablas? —pregunta Evangeline. — Tu novio es un guerrero de macedonia y se supone que estaba dentro de un cua… Bruno ve en dirección al cuadro que estaba en frente de él. — Esto parece una comedia. — Bruno comienza a reírse de la situación. — Bruno necesito que te calmes. — Evangeline lo toma d ellos hombros para calmar su risa al estilo del Joker. — Pero como es posible, se supone que todo era un mito o un cuento creado por un viejo delirando. — Debes sentarte. Aunque Evangeline no supo si contarle o no lo sucedido a su hermano por miedo a que la traicione, le lanzo una mirada a Darién para que le diera alguna respuesta, pero Bruno los había tomado por sorpresa. Y no había más remedio que comenzar a soltar toda la sopa, Evangeline no omitió ningún punto ya que al parecer se sabia la historia contada por el abuelo desde el principio hasta el final, cosa que no le pareció extraña a Evangeline porque Bruno admiraba al abuelo, el único amargado de mierda era Dominic con su actitud de mierda y arrogancia. Bruno no dejaba de jadear sorprendido ya que después solo creyó la historia cuando era niño y saber que era verdad lo dejaba mucho en que pensar y sobre todo porque él es un científico en la universidad de Yale, es el ser más inteligente que Evangeline puede conocer después de Bastián. — Esto es… increíble. — Bruno esto debe permanecer como un secreto. — Pero… — Nada de peros, la vida de la r**a humana esta en riesgo y nonos podemos dar el lujo de nuestros planes se arruinen. — interviene Darién. — Jamás me vi venir toda esta información. Bruno se comienza a pasear por toda la habitación y a cuestionarse algunas cosas en voz baja, Evangeline y Darién podían escuchar sus susurros. — Sabes Eva, no debemos permitir que derrumben la casa de papá. — ¿Por qué cambiaste de tema tan drásticamente? — Porque debe haber respuesta a muchas cosas de las que estoy pensando en estos momentos. — Lo único que encontré interesante en la casa de papá fue un libro, pero solo cuentan historias familiares. — Debe haber algo más y debemos investigar, lo presiento. — ¿Cómo lo haremos teniendo a Dominic encima de nosotros? — Evangeline se cruza de brazos. — El esta por irse, realmente no quiere reclamar la herencia. — Idiota. — bufa. — Ni que lo digas, pero entonces… ¿iremos a casa de papá? Evangeline mira a Darién esperando alguna respuesta, pero simplemente se encoge de hombros. — Adelante. — asiente con su cabeza. — vayamos nuevamente a casa de Kurt. — dice Darién ya que no le quedaba más remedio. Pero de cierto modo él sabía que podía haber una alternativa diferente para todo este dilema entre Zeus y sus ansias de poder. Bruno había llegado en su propio auto, así que Evangeline y Darién se fueron en el impala del 67 sin ningún problema, ninguno de los dijo absolutamente nada durante el trayecto, lo cual fue muy bueno, porque les dio tiempo a los dos de pensar seriamente este asunto de vida o muerte. Al llegar a ninguno de los dos hermanos le importo como estacionaron los autos, simplemente querían rebuscar entre todo el lugar información que les sea completamente valiosa, nuevamente la nostalgia invade el cuerpo de Evangeline, pero no sabia que ya iba siendo momento de desprenderse de esa sensación. — Ok, busquemos primero las reliquias del abuelo. — propuso Bruno. — Deben estar en la oficina. — agrega Evangeline — Si, lo más seguro. Los tres caminan en directamente a la que fue la oficina de Kurt Goldberg, todo seguía igual, solo que con un leve vacío en uno de los muebles por la ausencia de la caja fuerte. — Supongo que ya habías venido. Hablo Bruno mientras que señalaba al lado vacío. — Si, no quería encontrarme con ustedes más tarde, así que vinimos. — Oye Eva, no quiero que pienses que asesinaste a nuestra madre. — Se que no lo hice Bruno, simplemente fue algo que se lo salió a todos de las manos. — Lo que sucede con nuestro hermano es que fue muy apegado a mamá. — Oigan. — Darién llama la atención de los hermanos Goldberg. — ¿Qué son esas cosas? Señala en dirección a la parte más alta de un estante, allí había una manta que cubría algo, Evangeline frunció el ceño ya que nunca había visto eso allí. — Deben ser las reliquias del abuelo. — Bruno toma una de las sillas que estaban en la oficina y se sube sobre ella para retirar la manta. Evangeline y Darién pudieron ver desde vasijas, pero no eran tan simples, llevaban incrustaciones de lo que parecían ser rubíes, esmeraldas y diamantes, y absolutamente todas llevaban unas especies de runas, eran espirales y lo atravesaban flechas y líneas curvas que al final lucían como una telaraña. Pero encima de cada runa había un logo. — Vaya, esto debe costar una fortuna. — dice Bruno tomando la primera vasija. — Pásame una por favor. — le pide Evangeline a su hermano y esta le pasa el que tenia en la mano. La chica lo toma con mucha delicadeza y se acerca al que fue el escritorio de su padre, logro admirarla sorprendida, porque claramente podían tener varios millones de años y no solo eso, habían permanecido en su familia desde… milenios. La vasija estaba sellada con una tapa y como la curiosidad mato al gato, Evangeline lo abrió… nada malo salió de aquella Vasija, más sin embargo había un papel dentro de este. — Hay algo aquí adentro. — Anuncia mientras que metía su mano dentro sacando el papel. Darién y Bruno se le acercaron y esperaron a que la chica comenzara a desdoblarlo. — Demonios. — dijo Evangeline viendo como todo estaba en griego antiguo. — esto esta en griego. — A ver, dámelo. — Darién le pide el papel y esta se lo entrega con cuidado de no tocarse. — Solamente la persona con el corazón más puro podrá decir las siguientes palabras: “Invoco a todos los elementos de la tierra para que me doten de poder y así poder derrotar a mis enemigos, y poder encerrarlos para siempre en esta trampa de arcilla” Darién termina de decir las últimas palabras y mira a los dos hermanos. — ¿a quien se debe encerrar en la Vasija? — pregunta confundida Evnagelice. — Debemos averiguarlo. — dice Bruno mientras que ve con determinación las demás vasijas. — hay 12 en total, quizás debería llevármelas a los Ángeles, así podre investigar de que se tratan, además que allá tengo los implementos necesarios para saber de que se trata. — ¿puedo confiar en ti? — le pregunta Evangeline no tan convencida de que su hermano se llevara las vasijas, aunque después de todo eran de él, el mensaje que estaban dentro eran un tanto contundente. — Se que aun tienes dudas de mí, pero te puedo asegurar que te informare acerca de todos los avances que haga. — No me decepciones Bruno. — No lo hare mas nunca Evangeline, junto con Dominic eres importante en mi vida, eres mi hermanita. Luego de aquello, ayudaron a empacar a Bruno para tomara camino hacia la ciudad de los Ángeles, ya que por avión era muy riesgoso llevar aquellas reliquias familiares por todo el componente monetario que llevaba. — ¿crees que esas vasijas sean importantes para la próxima guerra olímpica? — pregunta Darién mientras que ve por la ventana. — No lo sé, pero si lo que dice la nota es real, ¿Dónde encontraremos a alguien de corazón puro? — Anteriormente la pureza hacia referencia a los niños y niñas. — Entonces deberemos esperar a Bruno. — se encoge de hombros. Los dos quedan en completo silencio sin saber que decir, Evangeline decide colocar la radio y Adele sonaba con su melodiosa voz. — Ustedes son unos aburridos. Con un volantazo Evangeline desvía el auto hacia una zona llena por completo de césped dañándola por completo con los neumáticos. — Por Zeus deberían quitarte la licencia de conducir. Evangeline y Darién giran en dirección a la persona sentada en la parte de atrás del auto. — ¡¿Quién demonios eres y porque estas dentro de mi auto?! — exclama enojada Evangeline. — Me presento. — se acomoda la gorra que lleva en su cabeza. — soy Hermes. — le tiende su mano a Evangeline. — Otro dios más. — coloca los ojos en blanco. — Oye, que mala onda eres. — No soy mala onda, es solo que te apareciste en mi auto como si nada y casi nos haces tener un accidente, puede que ustedes dos no muera, pero les recuerdo que soy una humana. — Lo siento entonces, no lo volveré a hacer. — No te creo, desafiaste a Zeus, ahora que no lo hagas conmigo nuevamente. — Eres inteligente mujer de Darién. — ¿Perdón? — lo mira como entrecerrando sus ojos. — estudie durante 5 años, he viajado por la mayor parte del mundo, se 4 idiomas y termino siendo llamada Mujer de Darién. El dios no sabia que decir, así que simplemente ve el hombre al lado de Evangeline pidiéndole ayuda, pero Darién se encoge de hombros dándole a entender que el solito se metió en su problema. — Oye así eres conocida por todos los dioses. — No seas un mentiroso, Ares y Atenea saben mi nombre. — Ok, ok, quizás tal vez no he prestado atención a las reuniones que han tenido, después de todo soy un mensajero. — se excusa. — ¿Cuál es tu mensaje entonces? — Ninguno, solamente quería conocerte y al hijo partogenico de Hera. — Bueno, para tu información soy Evangeline Goldberg. — Anotado. — hace un chulo al aire. — por fin puedo conocerlos mi tía Hestia me conto todo lo que estuvo sucediendo. — ¿en donde estuviste? — pregunta Darién. — Ayudando a Hades en algunas cosas que tiene con el nuevo rey del inframundo, no me quiso decir para que era, pero es algo muy gordo. Darién de inmediato pensó que era para la llegada de Evangeline al inframundo cuando muera. — Ya deseo que todo esto termine. — murmura Evangeline. — Nosotros también estamos un poco Hartos de Zeus, pero ey, pongamos el lado positivo da todo esto, ¿Qué tal si me llevan a su casa? — ¿Por qué quieres ir a nuestra casa? — pregunta Darién con la ceja enarcada. — Quiero conocerlos más, ¿es un delito? — No lo sé, tu dinos. — agrega Evangeline. — No soy malo, estoy con ustedes. — Demuéstralo. El dios griego ve a las otras dos personas dentro del auto, simplemente se encoge de hombros y sale del auto para que con una super velocidad los lleve hasta la entrada del edificio. La brisa pego en los rostros de los que iban dentro destrozando el cabello y dejando su boca y ojos casi que secos. — ¿Qué les parece? — Hermes entra nuevamente al auto encontrándose con personas completamente desordenadas y una paloma revoloteando. — Hay otras formas Hermes. — dijo con voz trémula Evangeline. — creo que me trague una mosca. — No eres la única. — dice Darién. — Además ¿Cómo supiste donde vivimos? — Todos saben, pero a menos que no hayan sido invitados no pueden entrar al departamento, de seguro hay algún arma hecha por Hefesto. — Esto cada vez me preocupa más. — Evangeline se baja del auto más a tras los dos dioses. — si no es por lo que Darién tiene hace mucho nos hubieran atacado. — Pues sí. — aporta Hermes. — sobre todo por Zeus. — Maldito hijo de Rea. — Oye, respeta a mi abuelita. — Tu abuelita dejo que tu abuelito se comiera a sus hijos. — Bueno, cometido un error, pero se arrepiente. Se suben al elevador y esperan a que suba. — ¿Qué quieres saber de nosotros Hermes? — pregunta Darién, un poco reacio. — Esta bien, les seré sincero, vine a entregarte estos. Hermes se quita sus zapatos. — ¿para que querría yo tus zapatos? Ellos te darán super velocidad, los necesitaras muy pronto. Pero deberás devolvérmelos. — ¿Cómo harás para ir muy rápido? — Oye, yo no necesito de estos zapatos, pero si tienen poder. — Esto cada vez se complica más. ­ Darién los recibe. — Te entiendo Hermano, pero entre todos hemos librado batallas inimaginables, y ahora que hemos descansado mucho de ese mundo no queremos volver, nuestras esperanzas están en ti. — Gracias por seguir presionándome. No lo tomes a mal, solo que… queremos ser dioses normales entremezclándose con humanos. — Debe haber muchos semidioses. — suelta Evangeline. — No lo dudes, sobre todo por Zeus, ese ser no controla su pasión carnal, aun no entiendo como es que Hera sigue con él. — Vaya, no creí que seguía con él. — Están juntos, aunque debería dejarlo, este mundo es otro y ya las mujeres no se dejan amedrentar de sus esposos y tu eres la viva imagen de una mujer fuerte. — Caras vemos, corazones no sabemos.
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