El mismo día Londres Prisión del estado Blake Hacía mucho tiempo que conocía a ese demonio llamado Phillip… más de lo permitido. Y aun así seguía siendo parte de mi vida, como una sombra que uno mismo deja crecer hasta que lo devora. Quizás ese había sido mi error: darle las armas para destruirme. Aunque, por desgracia, conocía demasiado bien su mente retorcida, y a eso mismo apelaba para evitar que diera la orden de atacarme a esos gorilas que lo escoltaban. Pero Phillip nunca había sido predecible. Ahí estaba yo, frente a él, jadeando, con el pecho ardiendo y los latidos golpeándome las sienes. Él me observaba con esa sonrisa calculada, frío, evaluando su siguiente paso, como si fuese un emperador miserable a punto de decidir si merecía vivir o morir. Cuando habló, su voz cayó com

