Capítulo 13: Lo que le ocurrió a Demetri
DEMETRI
Una semana después de que habíamos hecho el amor no paramos de hacerlo; quería experimentar con ella muchas cosas, había tenido muchas amantes, era cierto, pero con Franchesca era diferente, me tenía enviciado con cada cosa, nuestra energía era intensa, nuestra química igual.
Un día, Franchesca me dijo que iba a ir a ver sus padres, que tenía tiempo que no los visitaba:
-¿Dónde te vas a hospedar? -le pregunté.
-En la casa que me heredó mi abuela -me dijo una sonrisa.
Me dejó la dirección y el teléfono, le había pedido con insistencia que me los diera estaba preocupado por ella y su bienestar en ese viaje, Franchesca no quería dármelos, que para qué, no tenía caso que me los dejara pero después de convencerla de que era por su seguridad, ella los dejó.
El lunes por la mañana ella se fue a texas, pasaron dos días sin verla y la verdad era que la extrañaba intensamente, estaba enamorado, quería estar con ella cada segundo, decidí ir a visitarla y que me presentara a sus padres, pasar en esta relación al siguiente nivel, sé que fue algo que me precipité porque ella nunca me invitó, ni mucho menos asomó la idea de que ella quisiera que yo me presentara a sus padres.
Tomé el primer vuelo que había y me fui a verla, esperanzado. Renté un carro y me dirigí a la casa de Franchesca, a medida que me acercaba el corazón me palpitaba rápido como si tuviera un mal presentimiento, nervios y ansiedad, no comprendía por qué, si de hecho solo la iba a ver y era mi novia y a la que amaba muchísimo.
Cuando llegué al pequeño departamento, un auto estaba afuera, fruncí el ceño no sé por qué me dio mala espina, me dirigí a la entrada pero cuando iba a tocar el timbre, escuché un ruido, unos gemidos y gritos de placer que lograban retumbar afuera. En ese momento no pensé en nada, nada podía tener sentido en mi cabeza, nada encajaba, se sentía de repente como si hubiera entrado en un mundo paralelo y ficticio lleno de muchas incongruencias.
Abrí la puerta; para mi sorpresa no estaba bajo seguro.
Cuando me fui a donde se escuchaban los ruidos me llevé una desagradable sorpresa.
Franchesca estaba en la cama encima de un hombre subiendo y bajando mientras jadeaba como histérica; ella estaba con otro hombre teniendo relaciones intimas, unas que creí solo tenía conmigo, pensando que solo éramos nosotros dos gozando de una relación sana y lujuriosa.
Eso destruyó algo dentro de mí.
Fue un golpe demasiado fuerte y se me hizo un nudo en el estomago, observar como ese cuerpo que era mío, al que tanto tiempo y dedicación me dio, al que me entregué, ahora no exclusivo, sino que estaba con otro hombre. Me aclaré la garganta y cuando Franchesca volteó sus ojos se agrandaron pareciendo sopesar todo lo que estaba ocurriendo.
Que yo estaba ahí y que yo la había visto, que vi como ella me estaba poniendo los cuernos con otro hombre, y que encima no lo podía ocultar o disimular porque la había atrapado con las manos en la masa.
Me di media vuelta con las manos temblorosas y salí de la casa, tenía que irme de aquí porque o si no los iba a matar, sentía que mis ojos estaban cristalizados, que mi estomago se contraía mientras mi corazón se hacía pesados, en este punto sentía que ya nada me importaba, solo el hecho de que la odiaba y odiaba la imagen en mi mente que se repetía de ella encima de él subiendo y bajando con sus pechos rebotándole en su cara.
Manejé al aeropuerto y me largué a casa.
Cuando llegué al hotel, subí a mi habitación y tomé cuanto pude odiándome por llorar, detestando que mi rostro estuviera botando lagrimas. Esa mujer, esa vibora, era una maldita zorra y desde ese día me juré que nunca jamás iba a amar a ninguna mujer otra vez.
No quería saber nada de nadie, solo quería escapar de mi dolor que ella había dejado en mí; profundo, irreal, algo que me detrozó el alma dejandome en la histeria.
A cualquiera que se me acercara lo mandaba a la mierda, no quería nada, solo el infierno mismo me sacaría de esto.
Pasaron tres semanas desde aquel día, no quería salir y el alcohol era mi mejor salida, se convirtió en mi compañero, hasta que llegó Vanesa. Cuando la conocí fue por mi hermano Tomas, en ese entonces él la estaba ayudando a relacionarse con la gente adecuada para que su fama de modelo fuera internacional, platiqué solo unos minutos con ella pero sabía que algo me pasaba y que era sobre una mujer.
-¿Sabes, querido? Esa mujer no vale la pena si te ha hecho sufrir.
Fue la primera vez que alguien se atrevía a decirme algo tan directamente, fruncí el ceño sin saber como era que ella me había sabido leer tan rápido.
-¿De qué diablo hablas? -pregunté.
-Esa mirada en tu rostro y el olor a alcohol te delatan -dijo enarcando una ceja.
-No sabes nada.
-No, puede que no, pero si te lastimó no te quería y mientras tú te compadeces seguro ella estará más feliz que tu ahora.
Las palabras fueron como cuchillos a mi alma.
La observé durante unos momentos pensando en lo que dijo, y era verdad.
Mientras yo estaba destrozado de seguro que Franchesca estaba gozando con su nueva relación, sintiendose empoderada y enorgullecida por lo haberme engañado tan profundamente dejandome desarmado.
En ese momento decidí seguir adelante.
Voltee a ver a Vanesa y la llevé a mi cuarto, ella estuvo complacida en ser usada para mi olvido. Tuvimos se.xo, pero no significó nada; ella misma lo había dicho, no funcionábamos como pareja, ni sexualmente, así que desde ese día Vanesa se había convertido en una amiga muy querida e intima y yo me convertí en un hombre frío. No me volvería a pasar esto con nadie, o al parecer eso pensé hasta que conocí a Danka, no engañaba a nadie... me había enamorado ella luego de tantos años con el corazón de piedra.