Capítulo 12: El oscuro pasado de Demetri
DEMETRI
¿A quién engañaba? Estaba enamorado de Danka, se había robado mi corazón de un momento a otro, ya nada parecía importar, solo ella, era una mujer diferente... no era como Franchesca, la mujer que me destruyó la vida.
Hace casi tres años conocí a Franchesca, cuando iba saliendo del hotel de los ángeles, mi auto chocó su auto; estaba muy enojado en ese momento porque era unos de mis autos favoritos el que había golpeado, pero cuando la vi, una bella rubia, alta y hermosa, mi ira había desaparecido; era una princesa... Pero qué equivocado estaba.
Ella se veía muy molesta, y una sonrisa apareció en mi rostro.
-¿Usted acaba de chocar mi auto y tiene una maldita sonrisa en su rostro?
Sólo pude sonreír más; le respingó un poco la nariz cuando gritó.
Vaya que era muy atractiva.
Saqué de mi auto la chequera y le hice un cheque; cuando se lo di ella dio la cantidad que había, amplió los ojos, sacudió la cabeza.
-¿Esto es una broma? -dijo confundida.
-No. -dije como si no le comprendiera.
-Pero es mucho dinero. -dijo aun atónita viendo la cifra del cheque.
-Dos mil dolares no es mucho -me limité a decir-, seguro que con eso bastará para arreglar tu auto.
Ella miró nuevamente el cheque y tragó pesadamente saliva diciendol.
-Sí.
Se dio la vuelta y antes de que entrara en su auto le dije:
-Si necesita algo más, aquí en el hotel, puede encontrarme.
Ella volteó a verme y levantó una ceja, sacudió de nuevo la cabeza, y se fue sin decirme nada más.
El dinero siempre arreglaba la vida.
Tres días después apareció en el hotel, estaba en la oficina del gerente cuando ella entró muy molesta, recuerdo, su rostro rostro, sus ojos irritados, su nariz respingada arrugada.
-Lo hizo a propósito, ¿verdad? -me dijo muy enojada.
Alcé una ceja.
-¿De qué estás hablando? -dije con mi mejor mirada inocente.
-Esto -y levantó el cheque, ondeándolo en el aire.
-Oooh, eso. -dije como si ahora lo recordara.
Ella apretó los labios.
-Sí, esto -replicó-. No lo firmaste y sabes que no podía cobrarlo.
Intenté mostrar mi mejor rostro apenado, verla otra vez me satisfacía.
-Seguro lo olvidé, no fue apropósito se lo aseguro. -dije.
-Seguro, si claro.
Se acercó al escritorio y puso allí el cheque, tomé un bolígrafo y lo firmé, cuando se lo entregué le dije:
-Disculpe, pero no me he presentado, Demetri Klar, un placer conocerla...
Ella dudó por medio segundo algo fuera de lugar, y luego dijo:
-Franchesca Lion.
Le di mi mano y la tomó, su piel era suave, necesitaba tocarla, era una diosa ante mis ojos.
-La invito comer.
Ella amplió los ojos pareciendo confundida.
-¿Qué?
-Es para disculparme por lo del golpe -dije analizando su reacción, noté como sus mejillas se sonrojaron, como pareció avergonzada y halagada al mismo tiempo.
Ella solo empezó a reír y asintió con la cabeza, que tierna y sexy podía ser.
Tomé mi saco, estaba haciendo mucho frio afuera y salimos en mi auto.
La llevé a un lujoso restaurante y estuvimos platicando ahí por horas. Al principio era un poco tímida pero mientras empezamos a charlar empezó a confiar un poco más y comenzó a soltarse. Era de un pequeño pueblo de texas, ella era la gerente de un banco; no estaba casada y tampoco tenía hijos, vivió un año en Nueva York, le gustaba la comida china, era alérgica a la lechuga, todo me parecía interesante.
Me contó todo de ella en esa pequeña cena, era la persona más humilde que tal vez podía haber conocido en mucho tiempo.
Cuando salimos del restaurante me despedí no sin antes hacer algo radical.
Tomé su rostro entre mis manos y la besé profundamente, la seguí besando y ella me correspondió de igual forma, daba pequeños gemidos que hacían que mi sangre se calentara; me separé de ella, ambos estábamos respirando demasiado rápido, vi que ella metía su mano en su bolsa y sacó una pequeña tarjeta y me la dio con una sonrisa.
-Llámame.
La tomé y le devolví la sonrisa. Claro que la llamaría.
-Deja que te lleve a tu casa.
-Estás bien, tal vez en otra ocasión, voy a tomar un taxi.
Se dio la vuelta y tomó un taxi.
Que mujer, era la primera vez que estaba deseoso.
Después de eso me quedé pensando si sería la mujer con la que compartiría mi vida, con la que tuviera hijos, la que ayudaría con los nietos, que viajáramos juntos... Tengo que decirlo, era la mujer perfecta para que sentara cabeza.
La llamé al día siguiente, la invité a cenar, la llevaría al mejor restaurante que hubiera en los ángeles, quería conquistarla.
Pasé por ella a su trabajo, cuando salió llevaba un traje que se ajustaba en sus curvas, se veía hermosa.
Cuando llegamos al restaurante nos dieron nuestra mesa, pedimos y ordené una botella de vino. Estar con ella era bueno.
Pasamos toda la noche así, riendo y hablando sobre nuestras vidas; nos tuvimos que ir hasta que una mesera nos dijo que ya iban a cerrar. Para que no acabara la noche, la llevé a una reserva, salimos del auto y nos pusimos a admirar la vista que daba la ciudad, era sencillo estar con ella, me sentía cómodo a su lado, su belleza me deslumbraba y su cuerpo me tenía deseoso.
No quería arruinar las cosas así que la llevé a su casa, no sin antes darle un beso de despedida, le dije que la llamaría al otro día.
Quería darle su espacio, quería conservarla cerca, por el momento.
Estuvimos saliendo durante 2 meses, fuimos a comer, a pasear, cuando pasamos por la puerta se lanzó a mis brazos y me empezó a besar; no tardó mucho para que ambos estuviéramos jadeando. La llevé al sillón, la despojé de su ropa igual que ella se deshizo de la mía. Cuando ambos estábamos desnudos no pude contenerme y la penetré fuerte hice mi ritmo más duro, ella levantó sus caderas para que estuviera más dentro suyo, sentí como orgasmo y el de ella se estaban formando rápidamente, y seguí moviéndome durante unos minutos más hasta que nos golpeó un orgasmo fuerte a ambos.
La bese con ternura y delicadeza, había sido fantástico, era algo nuevo... Habíamos hecho el amor y no pude contenerme más y le dije dos simples palabras:
-Te amo.
Ella volteó.
-Yo también.
Pero... eso no era cierto, sus palabras nunca lo fueron...