Capítulo 8

2601 Palabras
Vittorio Al fin puedo respirar cuando sale de la habitación, dejándome solo con los otros tres. No me costo deducir que los cinco con hermanos. Comparten esa misma tonalidad en el color de su cabello, ese oscuro tan intenso. Cuatro de ellos incluso tienen también el mismo color de ojos, es algo así como un azul hielo. En cambio, la mirada del líder, es distinta. Al tenerlo más de cerca, y con la luz de la habitación, pude al fin comprender por que me resultaba tan extraña. Si, tiene ese celeste igual al de sus hermanos, pero en su ojo izquierdo ese no es el unico color, sino que la mitad de su iris es de un marrón oscuro. Es fascinante. Jamás había visto unos ojos así. Y también me resultan inquietantes, así como su dueño. Sin importar que tan distintas sean las personalidades de los cinco hermanos, todos ellos tienen esa mirada severa, segura y firme, al igual que su tono de voz para hablar, o su forma de caminar. Los domina el orgullo, pero en un buen sentido. - ¿Es necesario? - le pregunto al menor de ellos, cuando está a punto de atarme de vuelta a la silla. - No es como si fuera tan tonto como intentar escaparme. Él levanta una ceja. - Ya intentaste escaparte. - menciona. - Hace 10 minutos. - Ah, cierto... - digo. - Bueno, no soy tan tonto como para intentarlo otra vez. El más divertido de ellos lanza una risa. - No lo ates, Astor. - saca un paquete de cigarrillos del bolsillo trasero de su pantalón. - Podremos manejarlo si lo intenta de nuevo. - ¿Me convidas uno? - pregunto señalando con cabeza. - Yo iba por un paquete nuevo cuando me interceptaron. - quedo pensativo. - Ahora que lo pienso... si mi vicio no fuera tan grande, todavía estaría en la comodidad de mi departamento. Vuelve a reír. - Bienvenido al club de los vicios. - saca un cigarrillo y me lo extiende. Lo tomo y me lo apoyo en los labios, y luego él me lo enciende. - Gracias. - le agradezco, después de darle una calada y lanzar el humo. - ¿Y haces otra cosa, aparte de estudiar periodismo? - me pregunta, parado enfrente mío, una vez que también se enciende su cigarrillo. - ¿Cómo sabes eso? - pregunto extrañado. - Ah, déjame adivinar... me investigaron. - ¿Cómo crees que llegamos a dónde vives? - ¿Tú fuiste? Asiente. - Podría decirse que soy un genio de la informatica. - comenta y da una calada. - Vaya... que asombroso. - observo a los otros dos. El más joven está al lado del divertido, y el que es más callado, está a mi derecha, un poco más atrás de mi. - ¿Y que otros talentos tienen? Aparte de tu hermano boy scout, que se acaba de recibir en experto de secuestros. El divertido ríe, pero el menor me muestra el dedo medio. - Astor aún es un recién iniciado. - responde, pasando su brazo por encima de los hombros de su hermano. - Es nuevo en todo esto. Pero nosotros estamos desde hace un rato ya, acompañando a nuestro hermano mayor. - Ah, conque el tenebroso es el mayor. Hubiera jurado que lo era el niño bonito. - Kai es el que le sigue, pero es el más responsable y paranoico, por lo que la gente suele confundirlo con el mayor. Es abogado, por lo que siempre está nervioso, intentando acomodar nuestros desastres. - ¿Será él el que tramite mi acta de defunción? - pregunto. - Menciónale que Salvatore va solo una t. Las personas suelen escribirlo con dos, no se por que diablos. Vuelve a reír. - Le haré esa observación. Tranquilo, a Kai no se le escapa ningún detalle. - ¿Y que hay de él? - sigo preguntando, señalando con el pulgar y dirigiendo mi mirada, al más callado. - Es muy misterioso... - Es mi mellizo, Kirian. - responde. - Es como una sombra, se mueve con una sigilo, que por poco no lo notas. Entre nos, para mi es el más inteligente de nosotros cinco. Regreso la vista al frente. Fumo. - ¿Y tú? Aún no te has presentado, mi nuevo amigo. - menciono. Sonríe divertido. - Yo soy Novak. - Un gusto, Novak. - hago un leve asentimiento con la cabeza. - Puedo decir lo mismo, Vittorio. - la sonrisa no abandona su rostro. - Vitto está bien. - digo. Hago una pausa. - Entonces... Astor, Kirian, Novak, Kai... e... Izan, ¿verdad? - asiente, mientras le da una calada a su cigarrillo. - ¿Y su apellido era....? - dejo inconclusa la pregunta. La sonrisa desaparece y me observa extrañado. - ¿En verdad no sabes quienes somos? - pregunta. Niego. - Mi compañero de piso me lo mencionó, pero siendo honesto, no lo recuerdo. Como ya lo habrán notado, no soy bueno para retener información, es por eso que siempre voy con un anotador a todos lados. - Marshall. - responde con voz firme y segura, disfrutando decir su apellido. - Aunque Izi a veces usa Markov. - ¿Es el apellido de su madre? - pregunto. - No. - responde. Menea la cabeza. - Larga historia familia, pero en resumen, es el apellido de casada de nuestra tía. Ella fue quien fundo el clan, junto con su esposo, ambos dejaron a Izan como su heredero. - Vaya... es la tía millonaria que todos queremos que nos deje su herencia. - menciono. Los tres ríen. Hago una pausa. - ¿Realmente fue tan malo lo que hice? ¿O a tú hermano le gusta el melodrama? Porque en mi opinión tiene un poco distorsionado lo que son las prioridades. - En una situación normal... - comienza a decir, queda pensativo unos segundos. - En una situación normal, Izan te hubiera disparado esa misma noche. - responde el otro mellizo, haciendo que lo mire. Me observa con ese semblante sereno y tan profundo. - Así es. - confirma Novak. Vuelvo mi vista a él. - Por lo que debes sentirte afortunado de las horas extras que has tenido. Es ahí cuando llego a la conclusión de que yo mismo cave mi propia tumba y me eche la tierra encima. Si, me he comportado como un suicida. Tendría que haberme quedado callado, con la cabeza gacha y tan solo haberle pedido disculpas, como él quería, para inflar su ego. En cambio, hice todo lo contario. Aunque la verdad es que nunca hago lo que se supone que debería hacer. Puede que ese sea mi mayor problema, y lo que me lleva a terminar metido en líos como este, pero con honestidad, no me arrepiento. No iba a permitir que él me dominara a través del miedo, porque si hay algo que no tengo en mi cuerpo, es miedo. Y no se lo voy a dar a alguien que lo usa para hacer sufrir a las personas. Esas situaciones siempre me dan coraje Lo sé, soy un maldito idealista. Que pronto estará muerto por eso. Sin embargo, prefiero morir así, a que siendo un viejo decrepito que nunca hizo nada para cambiar las cosas y mejorarlas. Bueno, aunque tampoco hice nada muy grande y trascendental. No libere animales de un laboratorio, ni lidere una marcha a favor de los derechos, solo me atreví a responderle a un mafioso narcisista y mal humorado. La puerta de la habitación se vuelve a abrir de golpe, lo que instintivamente mi corazón empieza a acelerarse de nuevo, pero este se relaja al ver que no es él. - ¿Qué han hecho ahora? - pregunta la chica que acaba de entrar. - Kai está muy molesto. - posa su mirada oscura y penetrante en mi. Sonríe. - Hola, extraño. - me saluda con un tono de voz seductor. Wow. Es lo primero que mi cerebro logra formular. Está mujer se siente como una bofetada, creo que no hay mejor manera de describir la presencia que tiene. Su abundante y larga cabellera es de un rubio claro, que hace contraste con lo n***o de sus ojos, que son como si fueran dos pozos, en los que no sabes que vas a encontrar al final de estos. Le da un toque algo siniestro, contario a esa luminosa sonrisa. Diría que es como si la luz y la oscuridad hubieran tenido una hija, o el día y la noche, o el yin y el yang. Así de contradictoria es su apariencia. - Ho... hola... - respondo, aún tratando de procesar su llegada. - Kai es muy dramático, solo nos estábamos divirtiendo con nuestro nuevo amigo Vitto. - dice Novak. Lo miro extrañado. - ¿Qué no conocen los juegos de mesa? Menea la cabeza. - Nuestros padres nos mantenían alejados de esos porque siempre se desataba una guerra civil cuando jugábamos. - Ninguno es un buen perdedor. - agrega el menor de los hermanos. - Ya me lo imagino... - comento. - ¿Y que negocio intentas hacer con mi primo? - me pregunta la rubia. Primo. Si que mantienen esto en familia. Son algo así como los Kennedy de la mafia. - ¿Negocio? - pregunto extrañado. - Solo quiero ir a mi casa, a seguir con mi adicción a la nicotina y a la cafeína, que es lo unico que me mantiene con vida. Eso y terminar mi maldita tesis. Ella me mira sin comprender. - Es inofensivo. - dice el menor. - Yo no me confiaría tanto. - susurra el misterioso. Lo miro. - Ahora eres mi nuevo favorito. - Es un loro parlanchín. - comenta Novak a la bella chica. - Llevamos 30 minutos con él, pero yo siento que han sido cinco horas. - Eso es mucho viniendo de ti. - dice ella. - ¿Y cuál es tú función? - le pregunto con curiosidad. Posa esos ojos tan profundos en mi. Me dedica una sonrisa arrogante. - Yo soy la segunda al mando. - Que bueno saber que su jefe está a favor de la igualdad laboral. Eso le suma puntos. - Es que soy la mejor. - dice con orgullo. - Y él no es tan idiota como para no verlo. - La seguridad corre fuerte por su familia, eh. - digo. - ¿También eres Marshall? - pregunto. - No. - responde firme. - Yo soy Anya Vólkov. No llego a responderle, que la puerta de vuelve a abrir, entrando él con su avasallante presencia oscura. Clava esa mirada tan peculiar en mi, y se queda observándome fijo por unos segundos que me parecen eternos. - Atenlo y tráiganlo. - le ordena a sus hermanos y se da la vuelta, saliendo. - ¿No podemos solucionar esto de otra forma? - pregunto. - Si quieren jugar un juego de mesa, está bien, no soy tan competidor. Novak y el menor me toman cada uno de un brazo y me levantan de un tirón. - Lo siento amigo, son ordenes. - dice Noval. - Carajo. - digo. - Adiós. - se despide la chica con una sonrisa maliciosa y sacudiendo sus dedos en señal de despedida. - Ella si que asusta. - comento una vez que salimos de la sala, mientras nos encaminamos hacia el auto. - Y eso que no has visto nada. - comenta el menor. Él se encuentra parado junto a la enorme camioneta negra, cruzado de brazos. Lleva esa mirada tan firme y penetrante, que te da estreñimiento. Supongo que lo que dicen es cierto, hay miradas que matan. Y no en un buen sentido. En sus orificios nasales aún se distingue un leve rastro de sangre del golpe que le di. Si que me fui al diablo ahí. Yo me quejo, pero realmente me gane todo esto. Nunca ganarme la lotería, eh. Se me acelera el corazón cuando nos detenemos frente suyo, y él sigue sin apartarme la mirada, pero yo también se la mantengo. Si quiere jugar a un concurso de miradas, está bien. - Quiero que le aten las muñecas y lo venden. - ordena con ese tono de voz tan áspero y ronco. - Y luego lo meten en el maletero. - Bien. - dicen ambos. Novak me dedica una ultima sonrisa leve antes de vendarme los ojos, luego pude sentir la soga rozarme la piel cuando la ataron alrededor de mis muñecas con fuerza. - Realmente eres digno de ese primer puesto. - comento. Escucho la leve risa del menor de los hermanos. Me vuelven a agarrar de los brazos y no opongo resistencia cuando me meten dentro del maletero. Siento el ruido cuando se cierra. Quedando solo con mis pensamientos. Lanzo un suspiro. Quien diría que mi vida iba a cambiar tanto en 24 horas. Hubiera sido interesante haber escrito sobre está familia y su clan. Pese a que son unos criminales, parecen bastante unidos y con un fuerte sentido de la lealtad y la familia. No todos tiene eso. Eso si que es admirable de su parte. Otra cosa que pienso es que voy a morir sin haberme recibido. Mierda. Que desperdicio. Para que diablos me moleste tanto en estudiar. Me hubiera quedado nomás tirado en el sofá de la casa de mi padre, fumando y viendo realitys. Bass tendrá que buscarse otro compañero. Con lo arrisco que es, se que eso le costará bastante. Al menos podrá vender las pocas porquerías que poseo y así salvara la renta, al menos hasta que encuentre a alguien con el que toleré convivir en el mismo espacio. Beth. Oh Beth, como la dulce canción de Kiss. Ojalá hubiera probado esos dulces labios. Mis pensamientos se cortan cuando siento que el auto se detiene. Lanzo otro suspiro, intentando calmar mi respiración, y a ver si consigo que se me vaya ese nudo que tengo en el pecho. A pesar de todo, no puedo evitar tener el pensamiento de que no me arrepiento. No me arrepiento de lo que me llevo a este momento. Por muy estúpido que eso suene. Se que lo haría de nuevo. Diablos. Él tiene razón. Algo está muy mal conmigo. Oigo como el maletero se abre y unas manos me agarran, y me sacan de allí con rapidez. Me toman uno de cada lado y comenzamos a caminar. ¿Hacia donde? A mi destino final. Sea cual sea. - Fue divertido conocerte, Vitto. - oigo la voz de Novak a mi derecha. - Lo mismo digo. - comento. - Sigue siendo el hermano divertido. Nos detenemos. Otra vez mi corazón empieza a acelerarse, lo que puedo intuir que su presencia está cerca. El nudo en mi estómago se intensifica. Pero me mantengo firme, así será hasta el final. No me vencerá. Aunque ya lo haya hecho... - ¿Unas ultimas palabras? - oigo su voz a mis espaldas, muy cerca. - Si, que me hubiera gustado una ultima cena, pero está bien. - digo. - No tengo nada que decir. - agrego. - Hasta que se quedo sin palabras. - menciona el menor de los hermanos al otro lado. - De hecho, no es que me haya quedado sin palabras. Solo que escojo no decirlas. - Terminemos con esto. - dice el mayor de ellos. Se forma un silencio. - No puedes ganarme. - me susurra al oído, logrando que el aire caliente que sale de su boca me erice la piel. Y luego, antes de siquiera llegar a hacerme a la idea... Caigo. Y a los segundos impacto en la gélida agua.
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