Capítulo 2

3294 Palabras
Izan - ¿Creíste que no me iba a enterar? - comienzo a decir con voz firme, frente suyo, sin quitarle la mirada de encima. - ¿Me creíste tan idiota que no me iba a dar cuenta de que nos estabas robando un porcentaje de nuestra mercadería, para luego tú venderla a un menor precio? ¿Por quien me tomas? - lanzó una risa. - Y encima tienes la osadía de quedarte con todo el dinero, de la venta de algo que no te pertenece. - hago una pausa. - ¿O acaso me equivoco y eres un Marshall? Porque somos tantos que no me sorprendería si omitimos a uno. - No. - responde con la mirada gacha. - No, ¿qué? - exijo saber. - No, señor... No soy un Marshall. - continúa hablando con voz temblorosa. - Mírame cuando te hablo. - ordeno. - No soporto a la gente que no te mantiene la mirada. Creo que son unos cobardes. - Me mira. Con la punta del arma acaricio su rostro. Empieza a temblar. - Tú sin duda lo eres. - Por favor, Señor Marshall, deje que le explique lo que sucedió. - No me gusta desperdiciar un segundo, mucho menos cinco minutos para oír puras mentiras. - Pe... pero... Señor Marshall... - comienza a tartamudear, luego de ponerse pálido como una hoja de papel. - Señor, puedo explicarle... - dice suplicante, arrodillándose frente a mi. - Le pido otra oportunidad. - continua con sus ojos llorosos. Genial. Lo que faltaba. Lágrimas. Odio las lágrimas. Son otra señal de debilidad. - No concedo segundas oportunidades. - digo con severidad. - A nadie. - Juro que no fue mi intención. - dice lloroso. - Pero necesitaba el dinero, yo... "Necesitaba el dinero", siempre la misma excusa, como si eso justificara el engaño y la traición. Nada me molesta más que las personas que te rodean, a quienes les das la oportunidad de trabajar para ti, sean las que sacan el puñal e intentan clavártelo en la espalda. Ya me aburrí de este cobarde llorón. Aprieto el gatillo y el tiro queda en la frente del traidor, haciendo que caiga en seco en el piso de la sala. Hay algo en el sonido de un disparo que siempre consigue calmarme. Por muy retorcido que eso suene. Si, lo sé. No soy una buena persona, pero eso es algo que deben saber desde el principio. Esta no es la historia de un héroe, o de un villano que busca redención e ir hacia el lado bueno. Yo no huyo de quien soy. Al contrario, me abrazo a mi mismo, y a todo lo que he logrado para hoy estar aquí. En el lugar en el que siempre quise estar. - Encárguense de él. - doy la orden. Los dos guardias que se encuentran uno a cada lado de la puerta asienten y se acercan. Lo toman de un brazo y lo arrastran hacia la salida, por dónde justo entra mi abogado, con su elegante traje, siempre en perfecto estado, a pesar que ya paso el día. - Y que cambien la alfombra. - agrego antes de que salgan por la puerta. - Si, señor Markov. - Que forma más agradable que tienes de terminar la noche, Izan. - comenta, una vez que quedamos solos. Me acerco a la mesa y dejo el arma sobre esta. Me siento en la silla de la punta, apoyando mi espalda contra el respaldo. Saco un cigarrillo, me lo apoyo en los labios y lo enciendo mientras subo las piernas, una encima de la otra. Doy una calada, sintiéndome más tranquilo cuando el humo recorre mis pulmones. - No hay peor enemigo que un traidor. - anuncio con firmeza. - Así que me gusta encargarme de que reciban su merecido. Ni más, ni menos. Cada quien tiene lo que se merece. Soy alguien justo. Hace una mueca. - Recuérdame nunca hacer trampa contigo cuando jugamos a las cartas. - ¿Por qué todavía estás aquí? - pregunto, trayendo mi cuerpo hacia adelante, y así servirme más whisky en mi vaso que se encuentra vacío. - Creí que ya te habrías ido. - El trabajo aquí nunca se termina, no con ustedes, que siempre se están metiendo en algún lío. - se acerca y toma la botella que hasta recién tenía en mis manos, para luego servirse en un vaso. - ¿Es una indirecta para que te aumente el salario? - fumo. Me observa con esos ojos tan celestes, arqueando una ceja. - No voy a decirle que no a un cero más en mis cheques mensuales. - Agarra el vaso y le hace fondo de un solo trago. Lanza un suspiro de placer. - Aunque el bono fue muy generoso. - Me olvidé escribirle "Feliz cumpleaños" en una esquina. Se encoje de hombros. - Se que no te gusta decirlo. Deben ser las dos palabras que más odias, junto con "Lo siento". Chasqueo la lengua. - No exageres. - ¡Aún no te disculpaste cuando me rompiste la mano con la pelota de fútbol! - se queja. - ¿¡Yo tengo que disculparme por qué tú tengas manos de mantequita!? Pone los ojos en blanco. - Tratar de razonar contigo es inútil. - se acerca más a mi y deja sobre la mesa una carpeta. - Solo venía a traerte eso. Léelo y fírmalo. - ¿Qué no puedes hacerlo tú? - pregunto con fastidio. - Para algo te pago. - Sabes la regla. - responde serio. Suspiro. - Bien. Trataré de tenerlo para antes de que termine el mes. - le doy una calada al cigarrillo. - Apenas vamos por la primera semana. - comenta extrañado. - Sabes que soy lento para leer. - No, no eres lento, eres vago para las cosas que no te interesan. - dice dándose la vuelta, yendo hacia la puerta. - ¿Qué harás en la noche? - le pregunto. Se detiene y se gira hacia mi. - Lo que suelo hacer últimamente... seguir trabajando con una botella de vino. - Y yo que me pregunto por que siempre vives tan estresado. - Mi trabajo no me estresa, sino que... - ¡Hay que salir a festejar! - exclama Novak entrando, con su voz alta y vivaracha, y los brazos en alto. - Nosotros invitamos los tragos. - De camino al club podemos conseguir un pastel y una bengala. - sigue Kirian, quién se acerca unos pasos más atrás que su mellizo. - Sabemos que son tus favoritas. - sonríe divertido. Suelen decir que no es sencillo trabajar con la familia, pero en mi caso, todo se me ha hecho más fácil al poder contar con mis hermanos. No existe persona en la que confíe más que en ellos. Y son quienes me mantienen centrado, marcan la división entre dónde empieza Izan, su hermano mayor, o Izan Markov, el jefe de la mafia. Kai lleva sus manos a la cintura. - ¿Acaso hablo un idioma diferente al de ustedes? Ya les he dicho a lo largo de la semana que no me apetecía hacer eso. No estoy con ánimos. - Terminaste hace un mes con Rita, ya supérala. - digo con fastidio y continúo fumando. Se gira hacia mi y me observa incrédulo. - ¡Fue hace una semana! - exclama indignado. - ¿Tan poco? - pregunto extrañado. - Me parece de más tiempo que oigo tus llantos. - Soy alguien con sentimientos, no un bloque de hielo como ustedes. En eso si que no difiero. Kai es el más diferente a nosotros, en cuanto a personalidad. Él no tiene ese lado "malvado y perverso" de los Marshall, como suele decirle. Sin duda sacó el lado más bueno de nuestros padres, su inteligencia y bondad. Pero por más que lo niegue, yo se que tiene eso que tanto intenta reprimir, lo he visto en sus ojos. Es más fuerte de lo que cree. A veces desearía presionarlo hasta el límite y que deje que todo eso explote, aunque se que se sería como abrir la caja de pandora. Y a una pequeña parte de mi eso lo inquieta como para permitirlo. Novak y Kirian, por otro lado, son más bien conocidos como los "hermanos del mal", su fama les precede desde que son niños. Eran un dolor de cabeza para nuestros padre cuando tenían que siempre ir a la escuela por ellos, luego de que hicieran explotar algo con algún invento raro, o de más grandes, cuando hackeaban los sistemas del instituto para cambiar las calificaciones, o los menús del almuerzo. Nunca vas a ver a Novak sin Kirian, ni a Kirian sin Novak. Son como una misma persona dividida en dos cuerpos. Aunque el mayor de los dos sea más carismático y bocaza, mientras que el menor es más reservado y pensativo. - En realidad. - comienza a decir Novak. - A nosotros no nos han rechazado, ni mucho menos han terminado con nosotros. Nadie se atrevería a tanto. - ¡Pues ahí está el problema! No lo entienden. - exclama Kai. - ¡Iba a casarme con ella! - ¿Y que es lo que te apetece hacer entonces? - le pregunta Kirian, cambiando de tema, cruzándose de brazos. Debe temer que se largue a llorar. Rita era la novia de Kai desde que ambos tenían 16 años e iban a la escuela juntos y eran la típica parejita. Él, el quarterback, con encantadora sonrisa y el cabello que se le movía con el viento, toda una sensación entre las chicas. Ella era la animadora, presidenta de la clase, que los chicos babeaban cuando la veían pasar. Ambos eran muy queridos, coronados rey y reina del baile, todos pensaban que serían de esos que luego del instituto se casan y tienen muchos hijos, pero no fue así. Al menos no hasta hace una semana atrás, cuando Rita rompió el compromiso y se regresó a Nueva York, llevándose consigo el corazón de mi hermano. - ¿Qué es lo que me apetece hacer? - sigue. - Tirarme en el sofá de mi casa, con la barra de chocolate y la botella más grande de vino que encuentre en el mercado y quedarme allí tirado, viendo películas de terror, para luego terminar durmiendo con las luces encendidas. Esas me hacen llorar, pero al menos de miedo. - Vaya.... - Novak hace una pausa. - Eso fue especifico. - No te imaginas. Los dos mellizos se miran entre ellos. Y como si se leyeran el pensamiento, lo cuál no tengo dudas de que sí lo hacen, ambos se acercan a Kai, lo toman cada uno de un brazo. Kirian desliza, con una gran agilidad, su pierna detrás de las suyas, haciendo que en un grácil movimiento de un traspié y quede sentado en el piso. El mayor empieza a hacer movimientos bruscos, para intentar zafarse del agarre de los dos, pero es inútil, son más fuertes que él. - ¡Suéltenme! - se queja. - Tú te vienes con nosotros. - anuncia Novak. - Y no es opcional, porque era afirmación y no pregunta. Está noche tendrás sexo. Ya verás como después de eso todo se vuelve más fácil. Kai me mira expectante, esperando a que yo interfiera y salga a su defensa, pero sé que es gastar energía y tiempo en algo que no va a suceder, porque cuando a los dos diablillos se les pone algo en la cabeza, es muy difícil hacerlos cambiar de opinión. De por si un Marshall es complicado, pueden imaginarse dos que actúan y piensan al compás. Aunque, siendo honesto, tampoco tengo ganas de meterme, y en parte creo que le hará bien olvidarse de ella y enfocarse en otra cosa. Rita lo absorbía mucho, él siempre estaba caminando en la sombra de ella. Ningún Marshall debe andar tras los pasos de otra persona, como si fuera un perrito faldero. El amor convierte a la gente en idiotas. - Es tarde. - digo y fumo. - Mi oficina de quejas ya cerró. Suspira con fastidio y comienza a levantar de a una sus piernas, dando patadas al aire, como si así consiguiera que los mellizos lo suelten. - Que lamentable. - menciona Kirian, con su semblante serio, negando con decepción. - Ves, esto sucede cuando no quieres que te entrenemos. - le reprocha Novak. - No es equitativo, ustedes son dos. - se queja Kai, aún dando esas patadas vergonzosas al aire. - Ni siquiera estamos haciendo el esfuerzo. - sigue Novak. - Pareces una anciana haciendo pilates. - comenta Kirian. Nuestro hermano se da por vencido, no sin antes lanzar un relincho, rendido, a merced de los dos. - ¿Otra vez lo están usando como saco de práctica? - pregunta Anya entrando, llenando el ambiente con su aroma a perfume. - Porque la ultima vez que lo hicieron se quejó por dos meses, llorando que lo dejaron lleno de moretones, y no quiero volver a oír ese lamento de ballena. Antes le arranco la garganta. - ¡Así no sueno! - replica ofendido. - Ana, ayúdanos a cargarlo al auto. Tómale las piernas. - le pide Novak. - Oh, que va, sin duda es como quiero pasar un jueves a la noche. - menciona. Se acerca a ellos y lo sujeta de los pies. Anya Vólkov. Nuestra prima y mi segunda al mando. Es una de las persona más fuerte e inteligente que conozco, después de mi, claro. Fue la primera en unirse cuando asumí el cargo del clan familiar. Podría decirse que es a quién estoy más unido, desde siempre fuimos cercanos, cuando éramos unos bebes, y de más grande no fue la excepción. Para nosotros ella ha sido una hermana más, en especial dado que somos todos hombres. - ¿Lo arrojaremos al mar? - pregunta con entusiasmo. - Ay no, ya basta. - empieza a lamentarse nuevamente, moviéndose como una lombriz. - ¡Ey! - sentencia la rubia de larga melena con voz firme, que hace que enseguida mi hermano se quede paralizado. - Tú me das una patada y pierdes la pierna. Así que yo que tú empiezo a quedarme quietecito. ¿Entendido? - Kai asiente. Mira a los otros. - Por cierto, ¿A dónde lo llevan? - Por unas copas. - responde Kirian. - Su cumpleaños aún no ha terminado. - ¡Si! - exclama nuestra prima, con una enorme sonrisa. - Conozco un bar nuevo que abrió, dicen que tienen los mejores tragos. - Iremos al club. - anuncia Novak. - Ya le pagamos el entretenimiento allí. - ¿Eso que significa? - pregunta Kai extrañado, colgando de sus cuatro extremidades, como si fuera un cerdo al espiedo. - Te enteras luego. - le susurra Novak, restándole importancia. - ¡Eso no es justo! - se queja Anya, soltando las piernas del mayor contra el suelo. Este lanza un quejido cuando se estrellan con brusquedad. - ¡Anya! ¡Me has roto los talones! - agoniza Kai. - ¡Saben bien que no puedo entrar! - se sigue quejando, haciendo caso omiso a los lamentos del mayor. - Creo que estoy viendo borroso... - Si, si puedes entrar. Solo que tendrías que cambiarte de ropa. - le corrige Novak a nuestra prima con malicia. - Cerdo. - exclama indignada, cruzándose de brazos. Se gira hacia mi y me clava esa mirada oscura y penetrante. - Reglas son reglas. - sentencio firme. - No deberían aplicarse a mi. - replica, frunciendo el ceño. - Anya. La regla principal del club es que no se admiten mujeres. - digo. - Todo se centra en eso. ¿Por qué crees que todos se manejan con total libertad allí dentro? Porque pueden estar tranquilos y confiados de que sus esposas no aparecerán. Perderíamos nuestra credibilidad. Y es nuestra mayor virtud. - No soy la esposa de ninguno. - sigue diciendo, aún molesta. - Por supuesto que no, sino tendrías la cabeza dentro de un cubo con cloro, a ver si así se te aclaran los pensamientos. Pone los ojos en blanco y se gira otra vez hacia mis hermanos. - ¿Y tiene que ser allí dónde será la fiesta? - No es una fiesta. - replica Kai, al mismo tiempo que Novak responde con un "Si". - Malditos hermanos Marshall. - se queja con fastidio saliendo de la sala. - Te amamos Anyi. - le grita Novak, a lo que ella responde levantando su brazo y enseñándole el dedo medio. Él me mira. - ¿Le tomas tú las piernas? - Ten piedad, Izan. - me suplica Kai. - Tengo curiosidad. - apago el cigarrillo. Bajo las piernas de la mesa y me paro. - Si Novak se arriesgó a fastidiar a Anya, estoy seguro de que debe ser algo bueno. - me acerco a ellos y las tomo. - Yo creo que nada justifica el encabronar a Anya. - agrega Kirian, encaminándonos hacia la salida. - Si se quedaba unos segundos más, estoy seguro de que le hubiera ofrecido mi alma para que la masticara, con tal de que dejara de mirarme de esa forma tan escalofriante. - comenta Novak. - Mañana nos hará la vida imposible. - sigue su mellizo. - Es por eso que hoy debemos emborracharnos mucho. - continúa. - Solo así resistiremos a su ira. - ¿No podemos tan solo seguir con mi plan original? - pregunta la victima, mirándonos desde abajo. - Tengo unas cuantas películas agregadas en mi lista, que debo ver antes de los Oscars. - No. - niega firme Novak. - Ese es el plan para alguien que está por celebrar su jubilación, no para alguien que cumplé 32 años. - Tengo alma vieja, no me fastidien. - Hasta papá es más fiestero que tú. - menciona Novak. - Papá me mandó un video de unos perros cantando el feliz cumpleaños, así que no creo tanto esa afirmación. - Hay que pedirle a mamá que lo mantenga alejado del internet. - comento. - Ustedes aún están a tiempo de salvarse. Para mi ya es tarde. - sigue Novak. - La semana pasada publicó una foto mía desnudo, chapoteando en una piscina inflable, con mi cara llena de helado. - ¿Reciente? - pregunta Kirian. - Porque hay que decirle que no debe ofrecer gratis lo que en otros sitios de internet pagarían mucho dinero. - ¿Creen que tengo futuro como estrella porno? Porque era mi segunda opción si esto de jugar a los Corleone no funcionaba. Dejamos de caminar y nos quedamos observándolo en silencio por unos segundos. - Si. - respondemos luego, los tres a coro. Sonríe con satisfacción. - Genial. Entre los tres subimos a Kai al auto y por ultimo nosotros. Luego de unas cuantas cuadras, se resignó y aceptó su destino... que no se puede librar tan fácil de nosotros. - Deja de rezongar, Kaikai. - dice Novak divertido, mientras conduce, observándolo por el retrovisor con una sonrisa triunfante. - Hasta Izi vino. - No tenía nada mejor que hacer, de hecho. - menciono en la parte trasera, encendiendo otro cigarrillo. - Solo es otra noche en el club. - ¡Claro que no! - se queja Novak. - Lo que digas. - comento, sin darle importancia. En ese momento no sabía que efectivamente no sería tan solo una noche más. Porque fue esa noche en la que todo cambió. Esa noche lo conocí a él... *** Hola! No se si lo notaron, pero el inicio del capítulo fue un guiño guiño a como empezó "No puedes comprar mi amor". Ahora estos días voy a empezar a actualizar más seguido. ¿Ansiosas por conocer mejor a los hermanos Marshall? Saludos!
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