Vittorio Al salir de la biblioteca, salgo de la casa hecho una furia. Me enciendo un cigarrillo aún con las manos temblorosas y empiezo a fumar. ¿Quien diablos se cree que es? - pienso molesto. - ¿Con que derecho me mantiene aquí encerrado? Como si fuera su maldita propiedad, o como si fuera uno de sus hermanos, al que puede mandonear. Noto a mis espaldas a los dos guardias mirándome expectantes, uno a cada lado de la puerta. Los observo. Si que son altos, deben pasar los dos metros. Me recuerdan a esos soldaditos británicos, que tienen esos sombreros altos, y que les prohíben moverse. A veces me dan ganas de echarme a correr a ver si a los segundos los tengo detrás de mi, a punto de taclearme. - Pueden quedarse tranquilos, que no voy a huir. - les digo, un tanto alterado aún. Supong

