Daniela Ojalá pudiera decir que todo fue un "felices para siempre", pero no fue así. La vida no es un cuento de hadas, y las cosas con mi tutor no funcionaron, por desgracia. Claro, las cosas fueron bien durante el resto del fin de semana. Después de realizar mi pequeño espectáculo con el consolador, flotaba en el aire, sintiéndome nada menos que espectacular. El hombre no me soltaba de sus brazos, me llevaba con él a la ducha, me hacía agacharme y me la metía, esta vez con su polla en vez de con el consolador, mientras me susurraba al oído promesas obscenas. —¿Entiendes, nena?—, me dijo al oído. —Sólo el Sr. Morgan te toca, sólo la polla de papi entra en ese dulce coñito. Me perteneces. Y qué podía hacer yo sino jadear y asentir sin aliento, con las entrañas temblorosas, el coño folla

