Tanner Un año después... —Señor, me alegro de verle de nuevo—, se inclinó Benedict, mi mayordomo. —Gracias, ha pasado tiempo—, retumbé, entrando en el vestíbulo de la mansión. Estaba tranquilo, pero ya me lo esperaba. No he vuelto en un año. Me largué después de mi fin de semana ilícito con Daniela, dándome cuenta de que estaba jugando con fuego, de que ambos íbamos a quedar hechos cenizas, ardiendo en llamas. Porque Daniela era hermosa, divertida, inteligente y ambiciosa. Era todo lo que necesitaba, todo lo que siempre había querido. Pero el puto problema era yo, un hombre mayor que usaba ese cuerpo inocente de todas las formas posibles cuando la dulce adolescente no sabía qué hacer. Porque claro, tenía dieciocho años, pero eso no era excusa. Su madre me había ordenado que cuidara de

