Había pasado el día en la playa, me había desahogado, llore hasta el cansancio, hasta que pensé, mi garganta se desgarraría por el llanto fuerte, el miedo había invadido por completo mi mente y cuerpo, se me hiso casi imposible parar de llorar; cuando creí necesario volví, había encendido nuevamente mi móvil y me había encontrado con, literalmente, cien llamadas perdidas y cuarenta y cinco mensajes de Alan, en mi bandeja de entrada había tan solo un mensaje que me hiso volver, era un audio de mi pequeño dragón. |—cuando volverás mami, ya paso mucho tiempo, te extraño—| Aquello me hiso sonreír y levantarme de la arena, para volver al pent-house. […] Hace ya media hora que llegué, me estaba terminando de vestir, cuando la puerta de mi habitación fue abierta, los risos naranjas de mi

