Desperté aferrada al cuerpo de Alan, con un peso en mi espalda, mis ojos se abrieron con pesadez y en mis labios se formó una sonrisa al divisar por sobre mi hombro a mi pequeño dragón sobre mi espalda. —iba a despertarte, pero preferí no hacerlo – informó mi esposo, asentí —¿Qué hora es? – pregunté soñolienta —las ocho con cuarenta – contestó, mis ojos se abrieron en sobre manera Quité como pude a Elliot de mi espalda y salí casi corriendo al baño, me di una ducha rápida y pronto estuve en mi closet preparándome, mis clases comenzaban nueve y treinta y yo aún estaba en casa, siendo que me tomaba cuarenta y cinco minutos llegar a la universidad; me coloque unos pantalones de semi cuero marrón, los combine con un top de lana con cuello y mangas largas, blanco, me calce mis botas

