La castaña grita, pero las calles están más solitarias, siente como la sujetan y tapan su boca, temiendo lo peor al tenerla inmovilizada. —No grites, debes calmarte, le hace daño al bebé. — Dice el rubio para tratar de tranquilizarla. El susto fue tan grande, que aún con su presencia se siente en peligro. —No vuelvas acercarte a mí de esa manera, sentí que me moría del susto. — Replica la castaña, con los nervios a flor de piel, el rubio la mira con seriedad. —Estás, tampoco son horas de Salir del trabajo, cualquier hombre con malas intenciones te haría daño Valeria. —Reprocha por ver a la castaña exponerse, en la soledad de la noche. —Tenía trabajo atrasado y no podía dejarlo para otro día. — Responde apretando sus brazos por la brisa fría que golpea su cuerpo, el rubio se quita el s

