La claridad del nuevo día traspasa las persianas en el cuarto de Valeria, se niega a levantarse, no quiere despertar y recordar todo lo que vivió la noche anterior, pero su estómago anuncia que debe comer, al no quedar de otra se levanta, hoy no quiere saber nada de nadie. Prepara unos panqueques con avena y miel junto a un jugo de naranja, come sin muchos ánimos, pero su bebé necesita que su madre se alimente bien, luego de comer limpia un poco el estudio y cerca de la hora del almuerzo su timbre suena, alertándola, no imagina quien pueda ser, se acerca a la puerta y por la mirilla puede ver la figura de James, impaciente, vuelve a tocar el timbre y Valeria termina por abrir la puerta. El pelinegro curva los labios en una sonrisa de alivio y se acerca a la castaña. —Pensé que te había

