Pov: Dafne White
Bajo del taxi y sigo mirando el anillo con detenimiento.
"Te acepto por esposa, gruñoncita, este anillo solo es la pequeña prueba, en la habitación tendrás la confirmación"
¿Y eso?
Juro que hasta sentí su aliento en mi cuello diciendo todo eso, podía ver con claridad a él colocándome el anillo en mi dedo.
¡No, eso no es posible!
Busco la llave, riendo, de seguro fue otro juego más de ese presumido, esto debe ser de juguete incluso. Vuelvo a guardarlo en mi cartera y abro la puerta con una sonrisa divertida.
— ¡Llegué, Grace! —dejo mi maleta para mirar el departamento con curiosidad.
Está muy silencioso.
—¡Grace! —escucho la cadena del baño.
— Amiga —la veo con ojeras y tocándose la barriga con las manos.
— ¿Qué te sucedió? —me abraza y está ardiendo—. ¡Grace, estás ardiendo!
— Me intoxiqué o quizás me dio influenza, el médico dijo que a lo sumo me durará unos días, al parecer, algo viral —ella debería guardar cama.
— Grace, debes acostarte, te prepararé algo suave de comer —niega y se aparta para sentarse en el sillón.
— Ven y cuéntame todo, eso es lo único que me importa ahora —palmea el sillón y me siento con una sonrisa—. ¡Uy, ese crucero estuvo increíble! De-ta-lles ¡Ya! —me carcajeo.
— Grace, ni siquiera convaleciente tú te pierdes el chisme —agita su pelo y comienza a toser.
— Jamás —se ríe de ella misma—, dime por favor, que un soltero buenote, con brazos grandes, te quitó los calzones con sus dientes —lanzo una sonara risa.
— ¡Grace! —nos reímos—, quizás sí, porque no los encontré al despertar.
— ¡SÍÍ! GRACIAS JESUCRISTO, POR PERMITIRLE A MI AMIGA, SER REVOLCADA SIN PIEDAD POR UN PAPACITO —no aguanto la risa, ella siempre me hará reír.
— Por favor, tienes que calmarte, fue...
— Más detalles, tamaño, forma, ancho, ¿sabor? —abro mis ojos.
— Tú eres una pervertida —asiente levantando sus cejas de forma sugestiva.
— Es que estoy feliz, muy feliz, Ben quedó en el olvido. ¡Adiós, infiel! —sonrío y suspiro porque recordarlo aún duele.
No fue una relación de meses, llevamos dos años juntos, es mucho tiempo y cuesta olvidar tan fácil.
— Vamos, detalles sucios —muerdo mi labio inferior.
— Triste y vergonzosamente, estaba tan, tan ebria, que no recuerdo nada —hago un puchero apenada.
— ¡No inventes, Daf! ¿Cómo que no recuerdas nada? —me encojo de hombros.
— Desperté con un tipo, que por cierto; conocí antes de subir y le di mi otro boleto.
— Tú sí que sabes cómo ligar —niego divertida.
— En fin, un idiota presumido que me cayó pésimo, aunque no negaré que sí era muy guapo, unos ojos color del mar y una sonrisa blanca perfecta —Grace sacude su mano.
— El cuerpo, eso me importa —ruedo los ojos—, vamos, tuviste que despertar desnuda envuelta en sus sábanas traumatizada, te conozco —ella sí me conoce demasiado.
— Estaba muy bien, debo decir, pero lastimosamente no recuerdo nada —me lamento de eso a decir verdad.
— Pero la sensación de una follada magistral se siente en el cuerpo, dime que te dolía todo —muerdo mi labio inferior y asiento.
— ¡YUJU!
— Tengo moretones en las caderas —jadea.
— Amiga, ese era un animal salvaje. ¡Maldita ebriedad! Debiste repetir para recordarlo, aunque eso te podría provocar invalidez, ¡pero qué importaría! —me tiro atrás en el sillón.
— Lástima que era un presumido, realmente sobria no me hubiera acostado con él, pero supongo que el alcohol me hizo verlo con simples ojos de mujer y él de verdad que era un importante espécimen masculino, Grace —ella sonríe.
— ¿La pasaste bien al menos? —asiento.
— Muy bien, me siento mejor, renovada y fue una aventura divertida —palmea mi hombro.
— Eso es genial, ahora con el chisme ya resuelto, necesito que salves mi trabajo —abro mis ojos.
— ¿Cómo es eso? —suspira y cierra los ojos tirándose hacia atrás en el sillón.
— Mi jefe es Satanás. ¿Puedes creer que me dijo: "Si no estás muriendo, ponte cubre bocas y asistes"? —frunzo el ceño.
— Es un desalmado —asiente muy segura.
— Debes ayudarme, cúbreme por un día, solo es darle café y unos documentos, pero todo está en la tableta que te daré —niego espantada.
— No, Grace, acabas de decirme que tu jefe es un hombre desalmado y como un ogro. No iré, sabes que no funciono con personas groseras —hace ojitos.
— Por favor, solo serán unas horas, controla tus impulsos solo por mí.
— Eso no es tan fácil, los ambientes hostiles me alteran, Grace —resopla.
— Tendré que cambiar de empleo, ¿qué son 1000 al día?, conseguiré algo mejor —abro mis ojos sorprendida por el monto.
— ¿Te pagan 1000 al día? —asiente.
—¿Cómo crees que pago mis cuentas y todos mis innecesarios caprichos y las deudas de la universidad que tengo? —sigo sorprendida.
— Eso es mucho, Grace. ¿Si te cubro me pagarías lo de un día?
— Sería lo justo la verdad. ¿Lo harás? —la verdad que por ese dinero no me molestaría aguantar unas horas a un idiota.
— Son 1000, Grace, creo que puedo soportar al idiota de tu jefe un poco. ¿Él no notará que no soy tú? —rueda los ojos.
— No sé siquiera si ese hombre alguna vez me mira a la cara, ponte un cubre bocas y ya.
— Si tú dices, pero me das todas las indicaciones.
— Sííí, relájate. ¡Gracias! —me abraza y sonrío.
— Es ayuda mutua, amiga, con eso pagaré la deuda de hipoteca que tiene mamá —Grace me mira con una sonrisa comprensiva y feliz.
..............
Voy en el taxi apretando mis manos, tratando de recordar todo lo que Grace me dijo. Cuando acepté cubrirla dije: genial, 1000 dólares, pero cuando me dijo que trabajaba para Logan Wallace, me dio pavor. Miro la ventana y veo un enorme cartel con una publicidad de ropa donde está él, tan guapo y tan ogro, lo miro con detenimiento y en una foto juraría que se ve igual a...
¡Vamos, Daf! Mira si un millonario de su calibre estaría aceptando un boleto de crucero barato.
Además, solo lo vi de pasada, es mera imaginación mía, hay muchas personas parecidas.
¡Soy una fantasiosa! Como si Logan Wallace se fijaría en mí.
Llego al lugar y subo al piso correspondiente, con el gafete de Grace y espero.
.
10 minutos pasan y no llega.
Me estoy orinando y no sé qué hacer.
— ¿Sabe cuánto más puede tardar en llegar el señor Wallace? —pregunto a una chica que está en el piso.
— ¿Vienes a cubrir a Grace?
— Sí. ¿Crees que el señor Wallace se dé cuenta? —se sonríe.
— No si no hablas, tu voz es muy distinta a la de Coleman —eso no me ayuda con mis nervios.
Necesito ir al baño.
Corro al baño rápido porque no creo que sea buena idea aguantarme las ganas y luego me dé una infección de riñón.
Termino mis necesidades y me apresuro a salir.
— ¡Coleman! —una grave voz llega a mí y deduzco que es su jefe, así que me apresuro.
— ¡Aquí... —me quedo callada porque no debí hablar.
Pero es peor aún cuando se voltea y lo reconozco. ¡Carajos! Sí es él.
— Gruñoncita —mis ojos se abren como platos.
— Bruce... ¿Eres Logan Wallace? —sonríe y frunce el ceño.
— ¿Por qué tienes el gafete de mi asistente? Espera... ¿Conoces a mi asistente?
— Es mi amiga y...
¡Jesús! Me acosté con un súper modelo.
— No importa, luego me explicarás eso, ahora no puedo creer que estés aquí y... nosotros tenemos asuntos muy importantes que arreglar —pestañeo incrédula—, a mi oficina por favor —solo camino impactada.
Esto es algún sueño raro o algo así.
Entro a la oficina y él cierra la puerta poniendo el seguro.
— Te envié a investigar, hoy me llegarían tus datos, pero estás aquí, supongo que el destino me ama.
— ¿Tú me buscabas a mí? ¿Por qué? —me mira con obviedad.
— Por nuestro problema —arqueo una ceja.
— Estoy confundida —se carcajea.
— Es cierto, tú no lo sabes —sigue riendo con diversión —. Estamos casados, señorita White.
— ¡¿Qué?!