Aún no amanecía y Paulina ya contaba los minutos para que saliera el sol; Después de pasar la noche en vela buscando la mejor estrategia para lograr su cometido, había hecho una lista en su cabeza con los primeros pasos a seguir:
UNO- llevar a los niños a casa de su hermana, sabía que tendría que aguantar sus "te lo dije" y una interminable plática sobre los muchos errores que había cometido desde que se involucró con Abel, pero también sabía sin duda alguna que su hermana y su novio la apoyarían, tanto con los niños, como con todo lo que sucedería de ahora en adelante, pues la decisión estaba tomada y no habría nada que la hiciera claudicar en su cometido.
DOS -ir al ministerio público a levantar un acta de hechos, informando todo lo acontecido la noche anterior e informar que se saldría con sus pequeños del hogar familiar para salvaguardar su seguridad. Este paso era de suma importancia para evitar que Abel en un arranque de ira y desesperación buscará acusarla de abandono de hogar y quisiera quitarle a los niños.
TRES- Conseguir un buen abogado que le ayudará a resolver de forma definitiva la custodia de los niños, pero para eso era prioritario obtener un empleo para costear los honorarios y mantenerse ella y sus pequeños.
Esos tres pasos los había repetido en su mente una y otra vez, como un mantra, para no perder de vista su enfoque y para ir detallando los pasos a seguir.
Cuando brevemente cerró los ojos, rendida ante el desgaste de su cuerpo y espíritu por la terrible pelea y con su mente trabajando tiempo extra y a marchas forzadas para encontrar soluciones, se quedó finalmente dormida, sentada en el suelo, recargando la cabeza en la cama de su pequeña, velando por sus sueños.
Una molesta luz que se filtró entre la cortina, y le apuntaba directamente a los ojos, la sacó de la tranquilidad de su sueño. Y entonces después de los primeros y breves momentos tras despertar, todos los recuerdos de la noche anterior, del último mes, y de unos 3 años para acá, le cayeron de golpe, poniendola en alerta y haciendo que su cuerpo acelerará con la expectación de lo que el futuro le deparaba.
Lo primero que hizo fue comprobar el estado de Abel, vamos, que el hecho de haber llegado a su límite y decidir continuar su camino sin él, no implicaba que lo odiara, y mucho menos desearle algo malo; después de todo era el padre de sus hijos y ella lo amo profundamente. Tras confirmar que seguía durmiendo, perdido después de la borrachera, atendió con premura a sus pequeños, primero al bebé, le cambió el pañal, lo amamanto, lo peinó y perfumo para la visita a casa de su tía, "visita permanente, si todo sale como espero" pensó Paulina.
Después despertó a la preciosa Elena, y tras desayunar juntas y preparar algunas de sus cosas en una maleta, salió decidida a buscar un mejor futuro para ella y para sus hijos.
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Después de respirar profundo tomando valor para no desmoronarse, Paulina tocó el timbre de la casa de su hermana, a pesar de ser tan sólo las 8:20 a.m. Se podía escuchar el bullicio dentro de la casa. Era claro que no los había despertado, ya que como cualquier día entre semana, se preparaban para el trabajo y sus diferentes ocupaciones. Tras unos minutos que le parecieron eternos, la puerta se abrió acompañada de un grito agudo de emoción, que Marina emitió al ver por la mirilla y encontrar a su hermana con el pequeño Matías en brazos y junto a ella, una expectante Elena que veía a su tía con esos enormes y preciosos ojos oscuros llenos de sorpresa y alegría.
Tras la sorpresa inicial, Marina los hizo pasar rápidamente, mientras caminaba delante de ellos, hablando sin descanso
- hola, preciosa, pero mira que grande estás - dijo dirigiendo toda su atención a Elena y envolviendola en un abrazo cálido y efusivo
- y tu mi pequeño hombrecito- decía mientras tomaba a Matías de los brazos de su madre y lo llenaba de besos que hicieron reír al pequeño
Paulina, no sabía como iniciar, aunque sabía que debía decir algo, esperaba encontrar las palabras adecuadas, aunque en ese momento su mente estaba en blanco
Sin embargo, basto una breve mirada de su hermana, ver la duda en sus ojos y el nervioso gesto que hacía apretando sus manos, para que Marina supiera que Paulina la necesitaba
- vamos, adentro - dijo con dulzura pero de manera contundente - prepara café en lo que hago una llamada, creo que hoy me tomaré el día y me quedaré en casa, parece que tienes mucho que contar- le dijo Marina, mientras se dirigía a la cocina con un bebé en brazos y una pequeña de la mano, que miraba con duda a su madre que permanecía en la puerta de la cocina cuestionandose si en verdad estaba ahí y si todo era real. ¡¡Por fin, lo había dejado!!
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- Entonces, dices que te amenazó con quitarse la vida!!! Y enfrente de la niña??! - exclamó alarmada Marina
- Si, ya te dije todo, TODO, lo que pasó - le respondió Paulina haciendo énfasis en la palabra todo, cansada de repetir la misma historia por cuarta vez, ante su hermana y su cuñado Arturo, quien como siempre, era más un espectador frente a la charla que monopolizaba su impulsiva y parlanchina novia.
- Ahora, lo que necesito es ir al MP a dejar constancia de los motivos por los cuales me salí del departamento con mis hijos y buscar un buen abogado para obtener la custodia total de los niños - dijo decidida - y necesito saber si nos podemos quedar aquí por un tiempo, en lo que busco trabajo, y guardería para Matías, a Elena la puedo cambiar de escuela, creo que eso no es mucho problema, porque no quiero que su papá vaya a hacer escándalo al kinder.
- Vaya, por fin abriste los ojos!!! - le dijo Marina, con una dosis significativa de... emoción?? Paulina no quiso detenerse a pensar mucho en ello, pero parecía que a su hermana le gustaba toda esta situación
-sabes que cuentas con nosotros para lo que necesites - dijo Arturo, sacando a Paulina de sus conclusiones. - Por supuesto que se quedan aquí!!! - dijo con un agudo énfasis Marina, mientras sonreía a su hermana y a su querido Arturo, alternadamente
Paulina lo observó fíjamente por un tiempo, tratando de captar en sus ojos algún indicio de duda o molestia, por tener que aceptar tenerlos en su casa a ella y a los niños, pero no encontró nada, más que la determinación y paciencia por la que hacía tiempo admiraba a su cuñado.
- Gracias, en verdad, a los dos - fue todo lo que pudo decir, haciendo un gran esfuerzo para que su voz no saliera ahogada por la gran cantidad de emociones que bullian en su interior