La reina Ula era el temor del mar. El rumor de su magia, sus hechizos y lo potente de estos recorría el reino llenándolos de respetos hacia ella.
Miedo, era la verdadera palabra clave aquí.
El hecho de que Kaia hubiera desaparecido traía como consecuencias dos cosas. La primera, podría plantearse la posibilidad de reinar para siempre si esta no apareciese, quizás tener un hijo, otro heredero que no fuera ella. Y la segunda opción, es que eso mostrara la voluntad de la reina como algo risible. Lo que ella decía era ley, y el hecho de que la princesa escapara era como ir en contra de los deseos de la reina. Aun cuando ella misma había anunciado el hecho de un compromiso.
La reina Ula no dudaba de que aquella niñata solo lo hubiera hecho para fastidiarla. A ella y a sus planes. Quizás Kaia haría lo que fuera para evitar el compromiso, aunque ella no creía que realmente no aparecería pronto. Seguramente estaría un par de días, o hasta semanas afuera, si le daba algo de crédito, seguramente estaría fuera de los límites del reino, solo hasta cansarse, aburrirse, o resignarse.
Quizás ella estuviera de acuerdo en darle un plazo de tiempo.
Esperaría su regreso, o al menos hasta pensar como acabaría realmente con el asunto de la corona.
Kaia estaba por cumplir la mayoría de edad, y eso significaba ocupar su puesto, aquel que le correspondía a ella. Un año más. Contaba con tan solo un año más.
—Aquí esta mi reina— cuando uno de sus centuriones entra en la cámara real, este lleva consigo a una joven sirena de pelo rojizo y mirada castaña.
La reina puede sentir su miedo emanando de ella.
—Has tardado— murmuro con soltura
—Perdóneme mi reina— dijo el guardia con aire contenido, quizás aquella pequeña sirena no fuera la única asustada.
—Puedes retirarte— la mujer lo desplazo de un leve movimiento que realizo con la mano. La magia del control del agua siempre estaba remitida a la familia real.
Cuando quedaron a solas la esbelta y hermosa figura de la reina nado hacia ella, solo lo suficiente para que esta primera pudiera apreciarla mejor
—Jaladi— menciono su nombre como quien dicta una sentencia — Supongo que ya debes intuir porque estás aquí
—Si mi reina— ella estaba inclinada, mirar hacia el rostro de la reina cuando estas siendo juzgado nunca ha sido algo correcto, o siquiera permitido. Las únicas veces que debías ser digno de apreciar su rostro y su inalcanzable belleza era al momento en el que la reina dictaba leyes, o hacia anuncios.
—Pequeña familiar—dice en tono suave y calculador — solo lo preguntare una vez, ¿sabes dónde esta Kaia?
Aquella pregunta era esperada, pero aun así Jaladi dio un respingo —No, mi reina.— se aseguro de decir aquella respuesta de una manera tan dócil y sumisa que si Kaia estuviera aquí se hubiera reído de ella.
Los ojos ambarinos de la mujer la recorren con aire evaluador, solo un tonto seria capaz de mentirle a la reina en plena cara. —Así que debo suponer que ha huido sin siquiera contárselo a su familiar. En ese caso, debo tomarme el atrevimiento de decirte que has hecho un pésimo trabajo. Un familiar bastante inutil.
Jaladi toma aquel comentario como una puñalada, ella no puede evitar pensar que parte de las palabras de la reina eran ciertas. Solo tenia un solo trabajo, y habia fallado
Si Kaia tenia planeado algo ¿Por qué no se lo dijo? No es que creyera de verdad que ella huyera, ella aun pensaba que la reina podría estar detrás de su desaparición, pero algo así ya no empezaba a tener sentido. ¿Porqué la reina la estaría interrogando entonces tan fervilmente? ¿Para aparentar?
En un atisbo de rapidez y audacia, Jaladi alzo la mirada mientras su reina pasaba a su izquierda, y alcanzo a notar aquel rostro inquisitivo.
« La reina no tiene idea » pensó
Realmente esta tan desconcertada como ella y en busca de respuestas
Kaia de verdad se ha metido en esto sola.
—Sin una princesa—murmura la mujer mientras mira a Jaladi —¿De que sirve un familiar?
Quizás esta era su sentencia de muerte…
—Si has perdido tu propósito de vida—dijo haciendo referencia hacia la princesa — ¿para que esta viva un familiar?
La pequeña sirena aprieta sus manos en puños lo mas fuerte que puede tratando de tomar valor de un lugar inexistente dentro de ella. Tiene miedo. Miedo por su propia vida
—Mi reina… le aseguro que…
—No.— contesta bruscamente la mujer — no me asegures nada
La reina le da la espalda y se acerca de vuelta a sus aposentos. Cuando esta se vira, Jaladi alcanza a retirar la mirada y posarla otra vez en el suelo
—Esta vez, te daré un seguro
« ¿Un seguro? » piensa ella
—Un limite de plazo,— dice en medio de un suspiro — es mas que obvio que nuestra pequeña princesa solo se está divirtiendo. Y como sabrás, yo amo la diversión.— ella no sabría decir en que tono la reina ha dicho aquello, o siquiera que expresión estaría ahora mismo en su rostro
—...
—Como sabrás, las reglas antiguas prohíben matar a un familiar sin cerciorarse antes de que su objetivo de vida haya muerto. Después de todo, sin un objetivo, no hay un familiar. ¿Estamos de acuerdo en eso?
—Si mi reina
—Pero como no podemos saber si Kaia sigue o no con vida, hasta entonces seré piadosa y no te matare— dice como si le estuviera haciendo un favor
Jaladi siempre supo que el dia que Kaia muriera también seria su propia condena. El fin de su propia vida. Pues no se esperaba que un familiar viviera mas que su propio dueño. Ahora, si Kaia desaparecía, ella era inservible, pero gracias a la ley intocable. A menos que se demostrara que la princesa había muerto.
—Un dia antes del vigésimo cuarto cumpleaños de Kaia, ella deberá haber regresado para contraer matrimonio aquel mismo dia. Esa será la fecha de la boda, la celebración se dará en todo mi reino.
—…
—Ahora, mírame — le ordeno.
Jaladi obedece.
—Te doy ese límite de tiempo para encontrarla — le dice — si ella no llega para el dia del compromiso, se asumirá que ella murió. Y por lo tanto, perderá su derecho al trono, y como consecuencia —la mira y sus ojos ambarinos parecen fríos cual oro — tu morirás.
Jaladi lo entiende.
—¿Te ha quedado claro?
Ella le asiente
—Ahora, retírate.
Se levanta y nada fuera de sus aposentos lo más rápido que puede, ella nada lejos del palacio y se adentra en las profundas aguas de su hogar.
Solo cuenta con unos cuantos meses para encontrar a su princesa, doce meses para ser precisos.
No puede perder tiempo. Su destino ha sido dictado. El suyo, el de Kaia, y el de todo un reino. Ella sabía lo que tenia que hacer. Lo que se tenia que hacer para salvarlos a todos.
Ella tenía que encontrarla.
Sabia en la posición en la que se encontraba, y como el mundo parecía estar en su contra.
Esto se habia convertido en una carrera contra reloj.
Ella solo esperaba no perder. ¿Qué hacías cuando tenias todo el peso del mundo en tus manos?
Quizás solo hacer la carga mas liviana...
Tenia que encontrar a Dorian.