Capitulo 7

3113 Palabras
Jaladi estaba preocupada. El reino estaba alterado. La reina estaba calmada. —Así que huyo, ¿no?— se burló Teles Su voz le había llegado de atrás tomándola por sorpresa. Trato de relajar su rostro antes de voltearse. Coloco sus manos en su cintura —¿deseas algo? —La princesa ha desaparecido. Ya van dos días. Un odio recorrió los ojos de Jaladi. Su amiga no había huido. Ella no lo haría. Al menos no sin contárselo a ella primero. —No deberías hablar así de tu reina —Futura reina,—le corrige la otra — Ahora mi soberana, es mi reina Ula Ella rueda los ojos, un gesto casi involuntario —¿no tienes otro lugar al que presentarte? Teles se endereza y sus ojos verdes son fríos hacia ella —Cuida tus acciones— le advierte — eres la mejor amiga de la princesa, pero no eres intocable. Yo, —se señalo — en cambio, soy la hija del jefe de la guardia real de la reina. Vigila tu lengua—le advirtió —Mi lengua está bien, y agradece tu interés— sonríe Aquellas palabras soltadas con aburrimiento la ponen crispada — veremos si te sigues riendo así cuando la princesa no regrese. ¿A quién crees que están pensando interrogar? Aquello le hace recorrer un escalofrío por la espalda —Y ya sabes como son los interrogatorios de la reina, ella no será piadosa— se aleja nadando, pasando de largo de ella « j***r » Ella necesita saber a donde fue Kaia, necesita saber dónde esta, o traerla de regreso. Necesita respuestas. Mira hacia el pasillo que va hacia el interior del palacio, y sabe lo que tiene que hacer para conseguirlas. Espiar nunca ha sido su estilo, pero esto iba mas allá de toda regla, por seguridad, por amistad, porque quiere saber donde esta Kaia. « Llegare al fondo de esto» se promete. *** Cuando James se despierta se levanta sobresaltado. Él se encuentra en su cama. Cambiado y seco. ¿Acaso todo fue un sueño? Su vista va hacia el estanque gigante que esta cubierto por una lona. Luego recuerda lo sucedido. Y la prueba de ello es el agua que aún sigue en el piso de su cuarto. Agua que ha sido provocada por el, al formar un charco cuando salió del estanque de una manera tan abrupta. Revisa su celular, y encuentra un mensaje de Aiden. “Cuando despiertes ya me abre ido, no quiero hablar sobre el tema de que tuve que cambiarte la ropa. Es más, olvida que lo mencione. Solo tienes que saber que me debes una, y enserio una muy grande. No vuelvas a hacer nada impulsivo como eso de nuevo. Y por favor… vuelve a pensar en lo que te he dicho por años. La prueba de ello es que sigues vivo, por segunda vez. Amigo, date cuenta eh. Entiendo tu corazón, pero deberías escucharlo alguna vez. Adiós, James.” El joven suspira, y empieza a mandar un mensaje de regreso “Primero, ¿sabes cuantas mujeres amarían tener ese privilegio que tu acabas de tener? Normalmente son ellas las que me quedan debiendo algo luego de verme casi desnudo. Soy demasiado sexy si es que tengo que reconocerlo yo mismo. Aun me cuestiono como es que no me he enamorado aun de mi reflejo. En segundo lugar, ¿Qué tanto viste Aiden? Espero hayas mantenido tu distancia eh. Y tercero, solo bromeo. Olvidado todo lo que te acabo de decir anterior a esto, solo…. gracias." sus dedos se detienen en el aire pensando que más escribir "Creo que parte de yo seguir vivo ahora mismo es debido a ti, por tu intervención y tus buenos sentimientos. Mi corazón es confuso y me está gritando muchas cosas, no sé si quiero dejarme llevar por el completamente. Quizás es lo más parecido a un caballo desbocado. Puede que me esté volviendo loco por lo que quizás estoy dispuesto a hacer ahora. Quizás necesito una segunda opinión. No lo sé, pero, otra vez, gracias.” James se queda mirando la pantalla apreciando lo que ha escrito. Lo manda. Se levanta de la cama y se acerca a la pecera cubierta nuevamente. Respira profundo y alza la lona una vez más. Y allí esta ella, no podría ir a ninguna parte, aunque lo quisiera. « Aprecio tus palabras Aiden, pero quizás sea hora de adquirir otras » —¿Fuiste tu? — las palabras brotan de la boca de James ya sin poder contenerse, la duda, la incertidumbre, el escepticismo. —¿Tu eres la razón por la que sigo vivo? —una pausa —¡Dilo! Habla— golpea el cristal —¿tú me salvaste de niño? Los ojos ambarinos de la chica se fijan en el, pero sus labios se mantienen sellados. ¿Cómo? ¿Cómo se supone que podía darles una segunda oportunidad a esos seres cuando se negaban a cooperar con él? Cuando se negaba a decirle algo. ¿Acaso no era digno de merecer sus palabras? Quizás Aiden se equivocaba. —Mi amigo es de corazón puro y tiene buenas intenciones, pero…— la mira nuevamente — quizás se haya dejado engañar por ti. ¿En que estaba pensando? Era un imbécil, ¿y porque siquiera una sirena lo salvaría? Hace años cuando conto su relato a Aiden, este le planteo la posibilidad de que aquella pequeña sirena pudiera haberlo llevado hasta la costa, hasta la orilla de una playa. Lo cual sería una estupidez. Fueron ellas quienes atacaron el barco en primer lugar, matando a su propio padre y a toda su tripulación. ¿Por qué elegirían a uno para salvarlo mientras el resto moría? ¿Habia una razón por el cual el aun estaba vivo mientras el resto no? El rostro de James se endureció —¿Enserio prefieres quedarte ahí y no decir nada? ¿Pasaras todo tu encierro en voto de silencio hasta que mueras? «Matarla » pensó Kaia « James aun quería matarla» Se habían conocido desde niños, quizás no en las mejores condiciones, y ahora el destino, o más bien los esfuerzos de James la habían traído de vuelta a él. Años más tarde aquí estaban de nuevo, cara a cara, ambos cambiados, ambos diferentes, pero aun así con el mismo corazón ardiente latiéndoles en el pecho. Los ojos de ambos se habían vuelto a encontrar. Un azul profundo con un ambarino arrollador. El sol y el mar combinados. La puesta del sol. Un momento en el que el horizonte se topaba con estos dos, formando el mas hermoso de los colores. Un momento mágico; un atardecer perfecto. Quizás James estuviera abierto a un trato, o por lo menos al dialogo. A veces se necesitaban más que las miradas para poder hacerse entender, las palabras eran importantes para transmitir aquello que tenías en la mente, pensamientos, y sentimientos. Las palabras eran buenas para transmitir aquello que yacía en tu corazón. —Quieres confianza, te estoy dando mi voto— la mira — solo necesito la verdad. La verdad sobre lo que paso aquella noche. Necesito saberlo todo Kaia sintió lastima por el chico, estaba claro que la expresión de dolor en sus ojos no era una mentira. El no estaba actuando semejante sufrimiento. Ella se había sentido en deuda con el y con el océano aquella noche. Pero ahora… ¿el muchacho merecía su piedad? ¿Luego de haber matado a tantas de las suyas sin importarle el dolor de los familiares de estas? Ella se negó dándole la espalda. James vio desaparecer sus ultimas esperanzas junto con aquellos rizos dorados. Así que hizo una ultima promesa aquel dia. Kaia viviría todo lo que pudiera, pero sufriría cada segundo de su encierro. Si ella no podía devolverle aquel pedazo perdido en sus recuerdos de aquella noche, entonces el fingiría perder la llave de su libertad. Su vida estaba entre sus manos. Kaia había dejado de pertenecerse a si misma esa dia. La princesa era completamente suya. *** —¿Qué estás haciendo? Jaladi dio un respingo cuando escucho la voz proveniente de su espalda. Miro rápidamente al recién llegado y abrió muchos los ojos al comprender de quien se trataba. O algo así. —¿Qué estás haciendo aquí? —Creo haber preguntado eso primero— se quejo el muchacho mientras se cruzaba de brazos. —Y-yo… vine a arreglar unas cuentas cosas… —¿Ah si?— pregunto el muchacho mientras examinaba los brazos de Jaladi, totalmente ausentes de cosas. —Bueno.— dice — eso se debe a que aun no voy por ellas. —Mas parecía que espiabas a alguien— sugirió el muchacho Ella nado rápidamente hacia él y le cubrió los labios con sus manos —shshsh— le insto a callarse, y luego lo jalo a un pasillo mas allá cuando escucho que otras voces se acercaban. Ambos jóvenes escucharon pasar al grupo de Teles acompañada de mas centuriones —¿Entonces la reina no está pensando en buscarla? —No ha dado ninguna orden — explicaba la chica — mi padre me lo ha contado, pero no quiere que le mencione esto al reino. —¿Y que pasara con la princesa? —Nuestra reina no esta interesada en traerla de vuelta, si ella ha huido, esto le beneficia. —Quien sabe— dice un muchacho de tes pálida — quizás ella misma pago para deshacerse de la princesa. Después de todo, quiere el poder absoluto. —¡Cállate!— la voz de Teles llego como un látigo — no profanes su titulo insinuando tales atrocidades. —¿Aunque sea verdad? —Solo aprende con quien debes abrir o cerrar la boca. Sea verdad o no, no podemos andar por ahi insinuando esas cosas. —Mejor concentrémonos en nuestras tareas.— sugiero otra chica —¿Y la princesa?— inquiero un cuarto centurion —Ella ha decidió desaparecer por su cuenta. —menciono Teles —Seguramente por ahi vagando porque no quería casarse con aquel joven. Muy infantil de su parte. —¿Y vagando por el océano sobrevivirá? no hay muchos lugares habitables que estén protegidos de las bestias marinas —No lo se— confeso Teles —Aunque si me lo preguntas a mí, espero que esa tonta este muerta. Aquella ultima frase escuchada y emitida por los labios de la centuriona hizo hervir la sangre de Jaladi. Sino fuera por el muchacho que la sostiene de la muñeca muy posiblemente hubiera corrido hasta el encuentro de esa boca floja para partirle los dientes. —Contrólate— le susurro el joven, algo en su voz también parecía una reprimenda en los oídos de Jaladi. Y asi, el grupo de centuriones se marchan dejándolos solos de nuevo. Los ojos de ella volvieron al muchacho. Justo al encuentro de unos ojos verdes — quizás eso debió ofenderte a ti también. El niega — A pesar de estar comprometido, no es algo que yo haya planeado. Jaladi entrecierra los ojos —No me digas. —Sabes que a quien verdaderamente amo, es a ti.—confiesa el joven, y su cabello n***o ondula en el agua con cada movimiento. —No es momento para esto— dice cuando trata de irse, pero el chico vuelve a detenerla impidiendole el paso. —Sabes que si te encuentran merodeando en el palacio te caerá un castigo. Solo puedes pisar este lugar con compañía real, y ahora mismo la princesa Kaia ha desaparecido. Si te atrapan no tendrás excusa que te salve de un castigo —¿Y? El joven suspira — si quieres averiguar que le ha pasado a tu princesa te ayudare, iré a la par contigo si es lo que deseas. Si nos atrapan, diré que estas aquí en mi compañía, porque así te lo he ordenado yo. —¿Y ahora eres tan importante? —Bueno, ahora soy el prometido de la princesa, así que si, tengo acceso total al palacio. Aquellas palabras le duelen a Jaladi, se supone que la relación que existía entre ambos era un secreto. Ni siquiera Kaia lo sabía. No podía haberse arriesgado. Después de todo, si los descubrían, alguno de los dos seria castigado, y muy posiblemente aquel castigo seria la muerte por profanación. Jaladi es conocida como lo que las sirenas llaman "un familiar". Ella había estado destinada a la princesa desde que nació, su único propósito de vida era servirle a la familia real, específicamente; a Kaia. No estaba en su poder, o destino elegir tener su propia vida, tener hijos, enamorarse y vivir con una familia. Los familiares eran intocables. Debian ser puros para servirles a la familia real. Por lo cual su único objetivo y motivación de vida debía ser servir a la persona encomendada. Ella debía estar las veinticuatro horas al dia pendiente de su princesa, y ahora la había perdido. ¿Qué iba a pasarle ahora a ella exactamente? —Todo estará bien— le tranquiliza el muchacho, casi como si hubiera adivinado la tortura mental que se estaba infligiendo Jaladi a sí misma. Verlo a Dorian una vez mas dolía. Saber que hace unos pocos días habían anunciado que seria el prometido de Kaia, y que el amor de su vida pronto se casaría con su mejor amiga le había destrozado el corazón. La habia destrozado por completo. —Ella no huyo…— murmuro por lo bajo —¿Estas segura de eso? Ella le asiente, y sus ojos castaños transmiten la honestidad que una pareja profesa a la otra —entonces yo te creo. —le dice —¿La reina le habrá hecho algo? El joven se encoge de hombros — eso no lo se… —Quiero encontrarla —Y yo te ayudare.—le promete —¿Por qué te arriesgaras a esto? Sabes lo que te harían si descubren una conspiración. Un juicio se levantaría en tu contra, sin importar el puesto que tenga tu padre en la corte. —No es una conspiración. —¿Ah no?— dijo ella esceptica mientras levanta una ceja —No. Solo buscamos a nuestra soberana. —le explica — y aunque no fuera así, me arriesgaría, —la mira — porque tu estas involucrada. —… —Jaladi, tu eres mi corazón. A ella le hubiera gustado decir que aquella mirada y aquellas palabras no la desarmaban, pero seria una mentira. —Te casaras tan pronto la princesa regrese.—le recuerda —No estoy disfrutando la idea de casarme con alguien más. Ella se burla —¿seguro? La mira con tanta intensidad, que la hace vacilar —No te cambiaría por nadie.—le confiesa— Ni siquiera por una princesa. Ni por todo el océano. No anhelo una corona, —le explica — te anhelo a ti, Jaladi. Tu eres todo cuanto he querido, quiero, y querré. —Dorian… —Para mí, eres la sirena mas hermosa que ha existido. Jamás habrá otra persona para mi en todo el océano. Tu eres la belleza de la luna. —su rostro se tiñe de un dolor incalculable —Tu eres mi tormenta. Ella quería creerle. Pero si su destino era estar juntos, eso seria en otra vida. En una mejor que esta. Porque en esta... ella estaba condenada. *** Su abuelo le había enseñado bien. Aiden era un experto en lo que correspondía a cosas de pesca. Era hábil. No comandaba realmente un barco inmenso, pero si un bote bastante confiable. Y en el, cada semana recolectaba muchos peces. Los suficientes para tener una buena cantidad de clientela que acudía a su tienda en busca de comestibles, o en este caso, pescado. —¿Tienes Atún? —Toda clase de peces mi señora, desde albacora, hasta salmon. —Dame también unos cuantos de albacora —¿Lo mismo de siempre? —Exacto Aiden Aiden mueve sus manos rápidamente y empieza a empacar lo solicitado. Después de todo, aquella pareja eran clientes habituales. La familia Jones eran una pareja de gente un poco mayor, los cuales habían perdido a su único hijo hace apenas cuatro años atrás en un choque automovilísticos provocándole la muerte. ¿Cómo brindabas consuelo a eso? No era normal que los padres despidieran a sus hijos. Aiden pensó que, James habia perdido a sus padres, pero al menos el se habia quedado. El chico mas joven, aquel que aun tenia mucho camino por recorrer. Porque si le preguntas a un padre, te diría que no dudaría ni un segundo en tomar su lugar con tal de que su hijo viviera. La familia Jones había sufrido. Los primeros meses se veían destrozados, nadie podría imaginar un dolor así a menos que lo viviera. Y era una experiencia que Aiden no quería que nadie pasara, y que no le deseaba a nadie experimentar. Seguramente hubieron noches donde debieron haberse despertado pensando que todo era tan solo una horrible pesadilla, un mal sueño. Los primeros meses, cuando los veías por las calles era como si se pudiera palpar el sufrimiento, ellos eran la definición de desesperación, el notaba la compasión dibujada en los ojos de la demás gente que los miraba. Ellos estaban lidiando con lo imposible. Pero un corazón valiente sobrevivía. Y ellos lo habían hecho. Una parte de ellos habia muerto con su hijo, pero otra parte seguía viva, y también era debido a su hijo. —Dale nuestros saludos a tu abuelo— esa fue la despedida del señor Jones Ambos se fueron. Aiden pensó también en sus propios padres, no es que ellos hubieran muertos. De hecho, estaban bastantes vivitos y coleando. Pero su padre jamás lo reconoció como su hijo, su madre era muy joven y aun quería vivir su vida, así que su abuelo lo crio. Su abuelo fue padre y madre para el. Su abuelo era toda la familia que el conocía. Al ver las diferentes personas pensó que era curioso como algunos padres desechaban a sus hijos como si no fueran nada, y como otros darían todo lo que tuvieran con tal de recuperarlos. Quizás este mundo no fuera tan justo. El mundo necesitaba mas compasión. Una notificación entro a su celular, el se lo saco del bolsillo y leyó cuidadosamente. —James— murmuro con alivio, y a su vez compasivo. Había mucho que su amigo aun necesitaba comprender, este mundo le había dado una segunda oportunidad, algo que muchos no tenían y hubieran deseado tener, solo esperaba que James estuviera a la altura de aquel regalo. « El mundo necesita más compasión » se recordó « El mundo necesita más corazones valientes»
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