Capítulo 6: Vampiro

1181 Palabras
VI Jerom llegaba a su propia fiesta de manera discreta, por una de las puertas del jardín principal. Desde que sus destellantes ojos verdes hicieron presencia, las miradas de lástima y temor no pudieron evitar llegar a su ser, que en ese momento se encontraba descansado y relajado luego de esa tarde de sexo. Después de saludar muy escueto, vio a lo lejos a su primo y con una media sonrisa se acercó hasta él. Hablaba con un catador que había encontrado en uno de los vinos de la empresa, el más delicioso deleite. —Jerom, qué bueno que llegas —saludó Liam dándole un golpecito en el hombro—. El señor dice que desea hablar contigo, tiene una propuesta para abrirnos un poco más al mercado asiático con nuestras propias tiendas. —Asia es un mercado muy difícil, en extremo tradicional. Lo hemos intentado antes y no pasamos de un intercambio diplomático de palabras —agregó Jerom, poniéndose algo serio. —Lo entiendo, también fue muy difícil para nosotros. Lo que se necesita es un intermediario. El hombre que venía directo de Londres, estaba muy interesado en la marca Tramonte, que tenía una salida tímida al exterior. Lo que le gustó a Jerom sobremanera es que él le hablara del negocio, y no del pesar que le tenía por haber perdido a su esposa hacía tan poco. Liam sabía que hablar de ese tipo de cosas animaría a su primo. Jerom le pidió al joven inglés un plan de negocios y que lo discutieran en la oficina el lunes siguiente. Fue bien recibida su propuesta, quedarían entonces en una reunión formal y otro posible golpe de buena suerte. Siguieron hablando trivialidades, y ahí fue cuando la ansiedad del CEO le llevó las pulsaciones arriba de 100. Liam lo notó, ese excesivo movimiento de su manzana de Adán al tragar mucha saliva lo delataba. —Quisiera presentarte a otros de nuestros inversionistas, para que te des una idea… Liam poco a poco se fue llevando a este futuro inversionista, para alejarlo de su primo. Todo porque de seguro en algún momento sí o sí iba a salir el tema de su vida personal y aún el corazón estaba muy herido. El CEO se asomó a un ventanal, pretendiendo mirar a la casa de huéspedes. Desde su ángulo era totalmente imposible, pero sintió una extraña paz al saber que alguien, así fuera a la fuerza, lo esperaba. Caminó entre la gente, queriendo pasar muy deprisa para no escuchar nada de lo que quisieran decirle. Desafortunadamente, no pudo. —Jerom, amigo, has rechazado mucho nuestras invitaciones —habló un envidioso indolente, sabiendo lo mucho que incomodaba—. Tienes que dejarnos ver tu cara de vez en cuando. —¿No es suficiente en las fotografías del club? —respondió con ironía—. Ahora solo me dedico a mi trabajo. —La vida sigue amigo —siguió indisponiendo el intruso, que era uno de los socios de la compañía—. No tardarás en estar bien. —¿Qué insinúas con eso? —inquirió Jerom tomando un trago. Algo malo se venía. —Tramonte, cada vez que te casas, te ves más joven. Eres como un vampiro, que haces ¿las drenas hasta matarlas? Se venía una risa que se vio interrumpida cuando la voracidad de un puñetazo le voló un diente. Jerom, poseído por el demonio le saltó encima y siguió golpeándolo sin piedad, hasta que el cínico cayó inconsciente y Liam junto con un ejército logró quitar a Jerom de encima. —¡¡FUERA TODOS DE MI CASA!! ¡¡AHORA!! Con la sangre del enemigo en sus puños, subió corriendo por las escaleras hasta llegar al baño donde con prisa se lavó las manos. Bufaba de ira, tenía que haberlo matado. No le importaba ir a la cárcel, pero la memoria de sus esposas no la iba a mancillar cualquier maldito. Pasó casi media hora, hasta que escuchó silencio absoluto. Sentando en el borde de su cama, no dejaba de temblar ni de beber, en cualquier momento colapsaría. —¿Jerom? —tocaron en la puerta. Luego se abrió y Liam entró por esta. —¿Ya se fueron todos? —Sí, la ambulancia se llevó a ese imbécil que, claro, no va a poner denuncia, o se expondría a quedar fuera del grupo. —Liam hizo una pausa, no sabía cómo se sentía su primo—. Deberías descansar. —Por favor, vete tú también… no quiero que me veas más así. —Te entiendo. Date un baño y ve a la cama. Liam salió de ahí, sin hacer mayor escándalo. Dolía que la tragedia de Jerom fuera motivo de burlas y sospechas. Tomó aire y cuando iba a subir a su auto, vio una pequeña luz en la casa de huéspedes. —Espero que nadie esté haciendo nada indebido en esa casa. Mañana la revisaré —se dijo para sí, encendiendo su motor. De haber esperado un poco más, Liam hubiera visto el espectáculo de su primo caminando por el jardín, descalzo, con la camisa a medio abrir y una botella de vino en su mano. Por primera vez estaba tan descompuesto por la muerte de alguna de sus esposas. Siempre tuvo que mantenerse estoico, solo liberando frustraciones con prostitutas. Pero que le hubieran llamado «vampiro», lo tocó en lo más profundo. Porque de cierta manera tenía razón ese infeliz. Él seguía vivo y no debía ser así. Tropezó y cayó de bruces en el césped, haciendo trizas la botella. Con mucha dificultad se levantó, sin importarle si se enterraba algún trozo de cristal, ese ya no era Jerom. Llegó a la casa de huéspedes, y en el primer piso se quitó la ropa que le quedaba, dejándose solo la ropa interior. Dando tumbos, subió a la habitación de su cautiva y no se sorprendió por ver la puerta sin seguro, solo entró y cerró todo lo despacio que pudo. Luego se dejó caer al lado de Amy, que fingía seguir durmiendo. La chica había escuchado el tremendo escándalo, sin imaginar siquiera lo que en realidad había pasado. No se movió un centímetro, hasta que escuchó los ronquidos de borracho de su «jefe». Cuando uno de esos sonidos retumbó demasiado, por fin giró y lo vio tendido en la cama como un tapete viejo. Boca arriba, roncando y en bóxer. Se estremeció un poco al verle los nudillos lastimados. —Pobrecillo… —susurró levantándose para buscarle una manta, pues se había tirado sobre toda ellas. Cuando lo iba a cubrir, casi sale disparada a una pared con otro ensordecedor ronquido, que la hizo reír un poco. Ese hombre, siempre tan perfecto, no se podía imaginar nadie lo horrible que roncaba. —Espero que lo que siga, no sea echarte gases… —se dijo para sí, conteniendo una carcajada. Se acostó de nuevo, haciendo de los ronquidos enloquecedores, sus arrullos. Hacía mucho tiempo no dormía tranquila al lado de un hombre, sin que cada centímetro de su piel no temblara de terror. *** Fin capítulo 6
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