En lo que consideraba su nuevo lugar de reclusión Zarela seguía estrictamente las indicaciones que le había dado el médico y esperaba ansiosa su próxima visita, llevaría a cabo su plan de pedirle ayuda para comunicarle a Darlan su ubicación y su actual estado. Koste llegó una mañana, como siempre, y se sentó a observarla. –¿Qué me ves tanto? –preguntó ella luego de un rato bajo escrutinio. –¿El padre de tu hijo es el hombre del que te aleja tu padre? –Sí –respondió sin mostrar sorpresa, al mismo tiempo que pensaba que si ese hombre sabía lo que estaba pasando también lo sabía su padre. –Debes continuar con el tratamiento que te dio ese médico, pero dijo que no volverá ya que no quiere enfrentarte después de decirme lo que se suponía sería un secreto entre ustedes. –¿Ya se lo dijiste

