CAPÍTULO 4 Con sorpresa, Daisy llegó a la cocina y observó que la mesa ya estaba preparada para el desayuno. Los chicos debieron despertarse mucho antes que ella porque ya no oía el sonido del agua en la ducha. Fue a preparar el café y se sorprendió al encontrarlo humeante y listo, y el pastel del desayuno ya estaba en la mesa. Sin embargo, no se dio cuenta de que en la silla donde normalmente se sentaba había un paquete envuelto para ella. «¡Buenos días, Daisy!» dijeron Keith y Mike al unísono mientras bajaban juntos las escaleras. «Chicos, ¿qué está pasando?» preguntó con un poco de curiosidad, señalando la mesa ya puesta. «¡Nada! ¿No podemos agradecer la ayuda que nos has dado estos días en el rancho y la que nos das cada día en casa?» respondió Keith, tratando de sonreír lo menos

