[CAPITULO 4]
**El Encuentro Inesperado**
Mis manos sudaban y temblaban, mi corazón latía desbocado con cada paso. Había salido de la habitación y ahora bajaba las escaleras, dirigiéndome a la sala donde ya estaban todos reunidos. Al entrar, vi a mi padre y a tres personas más. Una mujer de mirada curiosa y sonrisa amable me analizó de pies a cabeza, y la oí decir:
—¡Por Alá, pero qué belleza de mujer!
Embojé una sonrisa. Había un hombre de la misma edad que mi padre, quizás unos años más joven, supuse que era el padre de Emir, el señor Tahir Arslan. Y luego… luego estaba Emir Arslan. Estaba junto a su padre, alto, demasiado alto y fuerte. Pelo y ojos negros como la noche, cejas tupidas, nariz perfilada y labios gruesos. Estaba serio, muy serio. Su mirada era intensa, sentía cómo calaba mi piel, un escalofrío recorriendo mi cuerpo al sentir su mirada detallarme. Aparté la mía de él, pero volví a mirarlo con discreción. Vestía un traje hecho a medida, color n***o, y una barba bien cuidada adornaba su rostro. Nuestras miradas volvieron a encontrarse, y eso me puso mucho más nerviosa. Escuché la voz de mi padre llamarme:
—Ven aquí, hija, acércate.
Fui hacia él, sintiendo esa mirada intensa que no se apartaba de mí, lo que aumentaba mis nervios.
—Ella es mi bella hija, Belgin.
Me dirigí hacia la señora, besé su mano y la llevé a mi frente, igual que con el señor Tahir. Cuando llegué junto a Emir, le ofrecí mi mano para estrecharla en un saludo formal, pero vi duda en su mirada. Tardó más de lo debido en aceptar mi saludo y, justo cuando estaba a punto de bajar mi mano, sentí su agarre firme y delicado. Una corriente recorrió todo mi cuerpo, erizando cada centímetro de mi piel debido a su toque.
Nuestras miradas y mi saludo fueron interrumpidos por tía Hasan, quien informó que la cena estaba lista y podíamos pasar al comedor.
Papá tomó la delantera, seguido del señor Tahir y la señora Ema. Cuando me di la vuelta para seguir a los demás hacia el comedor, sentí su mano detenerme. Me sobresalté al sentir su mano sobre mi hombro. Al ver mi reacción, me soltó de inmediato. Nuestras miradas se encontraron una vez más, y fue él quien rompió el silencio.
—Esto es para ti.
Me extendió su mano, ofreciéndome un ramo de rosas y una caja de chocolates. Los tomé y agradecí. Él asintió con la cabeza y emprendió su camino hacia el comedor, que estaba justo al lado. Sentí la mirada de todos los presentes sobre nosotros, ya que nos habíamos tardado, y me ruboricé de inmediato. Tomé asiento al lado de papá, él también se sentó. La cena transcurrió mientras hablaban de negocios; yo estaba sumergida en mis pensamientos, casi sin prestar atención a nada de lo que se habló en la mesa.
Al finalizar la cena, nos dirigimos a la sala para hablar de la razón por la que todos estábamos aquí.
Anuncié que iría a la cocina por el café, a lo que baba asintió. Me dirigí a la cocina por café, como era costumbre en momentos como este.
—Es muy guapo —escuché la voz de tía Hasan al verme entrar—. Tendrán bebés hermosos.
¿Qué? No pensaba nada de eso. ¿De qué hablaba?
—¿De qué hablas, tía Hasan? Ni siquiera lo conozco, ¿qué bebés?
—Ya lo conocerás —dijo ella con una gran sonrisa dibujada en su rostro. Yo negué con una sonrisa, divertida por sus ocurrencias.
Tomé el café ya hecho, cortesía de tía Selim. Serví el café en una charola dorada y me dirigí a la sala. Entré, ofrecí una taza de café a todos los presentes en la sala y luego tomé mi café y me senté en mi lugar.
—Tres meses —habló mi padre—. Podemos planear la boda para dentro de tres meses.
Abrí mis ojos con sorpresa, atragantándome con el café. Empecé a toser. Papá me miró y yo solo me disculpé. Sentí su mirada sobre mí, seguida de su voz ronca y firme:
—No quiero ser irrespetuoso, señor, pero puesto que seremos nosotros quienes nos casaremos, al menos nos gustaría elegir el día de nuestra boda.
Me quedé atónita al escucharlo hablar así.
—¡Emir! —escuché la voz de su padre hablándole con advertencia, pero eso no causó nada en él. Vi el rostro de mi padre contraerse en una clara muestra de molestia al escucharlo hablar así. Yo me quedé en total silencio.
—Muchacho, nosotros, como los mayores, y sobre todo yo como padre de la novia, es tradición que elijamos el día de su boda —dijo mi padre.
—No es mi intención faltar al respeto con mi comentario y, créame, el que haya durado siete años en el extranjero no me hace menos turco —dijo, y yo me sorprendí aún más al escucharlo hablar así.
—Conozco las tradiciones tanto como cada una de las personas sentadas en esta linda sala. Me veo obligado a recordar que dentro de tres semanas empiezo el proyecto de construcción, que usted como socio sabe que es algo que ocupará mucho de mi tiempo. El trato era unir nuestra familia antes de este proyecto. Propongo una boda privada, solo la familia y personas más cercanas. Me veo en la obligación de recordar que mi abuelo lleva dos semanas de fallecido, por lo que sugiero una boda como la que ya he mencionado. En dos semanas nos casaremos, en dos semanas.
—¡¿Qué?! —dije sorprendida. Pensé que extendería el tiempo que había dado mi padre, pero creo que está loco. ¡Dos semanas! Mi padre me lanzó una mirada de desaprobación al escuchar mi arrebato e incluirme en la conversación. Emir solo me miró.
Bajé la mirada avergonzada por mi arrebato y seguí escuchando la conversación mientras mi corazón latía con fuerza por todo lo que se estaba hablando.
—Sí, es cierto, los primeros meses del proyecto serán duros. Tienes razón, muchacho. Así será. Tendrán una semana para pasar tiempo después de la boda y antes de que inicie el proyecto.
Sentí que podría morir en ese momento al escuchar la aprobación de mi padre.
La noche transcurrió, pasando todo lo que se suponía debía pasar. La conversación terminó y con ello llegó la marcha de nuestros invitados, ya estando todo claro. ¡Por Alá, me casaría en dos semanas!
Los padres de Emir se adelantaron, y escuché la voz de mi padre decir:
—Belgin, deberías escoltar a tu prometido a la salida.
A lo que yo cedí. Me encaminé con Emir hacia la salida.
—Buenas noches —le dije con la mirada baja.
Pero entonces lo sentí ponerse justo frente a mí. Puso su mano en mi barbilla y levantó mi mirada. Me sorprendí por su toque, por lo que di dos pasos atrás, pero entonces él dio dos adelante, tomándome por la cintura para que no me alejara. Le sostuve la mirada en silencio, pero fue él quien lo rompió:
—Tú y yo hablaremos en la noche de bodas.
Y con eso me soltó, dio la vuelta y caminó hacia la puerta.
**Dos Semanas Después: El Día de la Boda**
Estos días pasaron de lo más rápido. No puedo creer que ya hoy es el día de mi boda con Emir. Tengo los nervios a flor de piel.
Camino por el jardín, levanto mi mano para ver el anillo que él colocó en mi mano derecha. No hubo tradición, no hubo nada de eso. Él solo se levantó, pidió permiso a mi padre para acercarse a mí, me pidió la mano y colocó este anillo con un gran diamante en mi dedo.
Han pasado dos semanas desde que estuvo aquí. No lo volví a ver más, ni a hablar con él, ni nada. Hoy nos veremos de nuevo aquí para casarnos.
—¡Señorita Belgin! ¿Qué hace aquí? Debería estar preparándose. La señora Hasan la ha estado buscando.
—Ya voy a mi habitación, solo quería mirar que todo estuviera bien.
—No se preocupe por nada, todo estará perfecto, señorita. Nosotros nos encargamos.
—Gracias —logré decir y me encaminé hacia el interior de la casa.
No he cruzado palabra con mi padre. Ha estado muy ocupado y yo casi no he salido de mi habitación.
Subo las escaleras y me encamino a mi habitación para prepararme para lo que debería ser mi gran día.
—¡Belgin, hija! —escuché la voz de mi padre antes de poder entrar a la habitación—. ¿Cómo has estado? Siento que no nos hemos visto en días.
—Porque es así, papá.
Él esbozó una sonrisa y se acercó a mí.
—Voy a extrañarte tanto, pero ese es el curso que tiene que transcurrir en la vida. Mírate, te pareces tanto a ella... —Mis ojos se llenaron de lágrimas al escucharlo—. Sé que está feliz de ver la mujer en la que te has convertido. Sé obediente con tu esposo, sé paciente. Sé que no me vas a avergonzar, porque estoy seguro de la clase de mujer que he criado, hija mía. Ven aquí y dale un abrazo a tu viejo padre, cariño.
Me acerqué y lo abracé. Iba a extrañarlo mucho.
—Anda, arréglate. Sanem ha llegado y va a ayudarte con todo. El cadi (juez) llegará pronto y la familia Arslan también, cariño.
Asentí y entré a la habitación. Tomé un baño, me puse el vestido de novia blanco con un listón rojo en mi cintura, indicando que todo estaba listo.