Capítulo 5. El bar

2591 Palabras
Frank estaba sentado en el bar del pueblo de Salem, disfrutando de una cerveza sin alcohol en compañía de su nuevo amigo de Alcohólicos Anónimos, Nathan. Fue entre risas, que Frank comentó: — Nathan, confieso que me resulta realmente extraño estar en un bar mientras intentamos recuperarnos del alcoholismo — Nathan era un hombre de unos 40 años, parecía motoquero pues era muy musculoso, lleno de tatuajes, con el cabello cortado al estilo militar y una barba estilo vikingo. Tenía el cabello castaño claro, ojos color caramelo y una mirada dura. Nathan era el dueño del bar, ya que lo había heredado de su padre. — Oh, sí, es completamente irónico. Este bar solía ser propiedad de mi padre, pero debido a su adicción al alcohol, lo perdió todo, incluido el amor de su vida. Y yo repetí su patrón, y creo que eso es lo más irónico de todo, amigo mío — murmuró mientras secaba un vaso tras la barra. Frank estaba bebiendo un trago de una cerveza sin alcohol de la botella y sonrió. Siguieron hablando acerca de Salem y el grupo de AA. Aunque el arquitecto tenía a su padrino de AA en el centro de la ciudad, el dueño del bar era el anfitrión de Frank en Salem, la persona que lo guiaba y orientaba en ese lugar. El grupo operaba como un sostén, por lo que, en caso de no estar su padrino, Frank podría contar allí con Nathan. El hombre suspiró. — Supongo que cada uno arruina su vida a su manera, aunque lo mío no fue como lo tuyo. Yo la perdí casi todo por mi propia estupidez… — dijo Nathan, como si se hubiera quedado pensando en el tema. A pesar de ser diferentes y provenir de familias y lugares distintos, tenían cosas en común y, dejando a un lado las tragedias personales, ambos continuaron conversando animadamente. Mientras charlaban, Frank observó de reojo a una joven bailando en el centro del bar. Vestía unos jeans y una camiseta de tirantes que dejaba poco a la imaginación. Era evidente que estaba bajo los efectos del alcohol. Mirando mejor se dio cuenta de que una vez más era ELLA la muchacha medio loca que se había topado dos veces ya. Intrigado, le preguntó a Nathan sobre su historia fingiendo no conocerla previamente, ya que quería saber lo que este hombre pensaba de aquella joven. — Mira a esa chica, ¿quién es? Parece que está bajo los efectos del alcohol, un poco perdida ¿no? — murmuró como al pasar mientras tomaba un sorbo de su botella mirando de reojo. — Esa es la hija del comisario. Solía salir con Bob, un oficial de la ley corrupto que murió en la cárcel. La pobre chica quedó destrozada y además perdió a su bebé. Estaba desde antes un poco desequilibrada emocionalmente, si me preguntas —dijo y suspiró—. ¿Recuerdas al hombre que quemó el comercio de Morgana Falcone, no? Ese fue Bob — Oh, ¿y él era la pareja de ella? — preguntó incrédulo Frank. —Así es...— respondió críptico. Y no agregó más, pero Frank la siguió observando. Unos hombres se habían acercado para bailar con la joven y sus intenciones no parecían ser las mejores. — Están aprovechándose de ella me parece, ¿no deberíamos hacer algo? — preguntó Frank, visiblemente preocupado. — Siempre es lo mismo, el problema no son los hombres que se le acercan, es el alcohol, y su padre no quiere oír sobre ello. Dice que es temporal y que ya va a terapia... así que no se puede hacer más — dijo encogiéndose de hombros —. Si ella no quiere ser ayudada y la familia tampoco hace nada… aparte, es el sheriff, no sé si me explico — dijo y miró a Frank significativamente, y él entendió. Nathan tenía un bar, no quería problemas, pero, aun así, la chica le daba mucha pena... y quizá era también algo más. Cuando vio que uno de los hombres se le acercaba por delante mientras otro la arrimaba por detrás, Frank decidió intervenir. Curioso pero a la vez molesto por la situación, se levantó y dirigió al grupo de hombres rodeando a Brenda, la joven ahora alcoholizada, con la que se había cruzado dos veces ya. El corazón de Frank se llenó de indignación al ver cómo la acosaban sin piedad. Instintivamente, supo que debía hacer algo. Se acercó más, con ímpetu y, sin importarle las amenazas de los hombres, les pidió que se detuvieran. —¡Dejen a la chica en paz! ¡¿No tienen nada mejor que hacer?! — exclamó, alzando la voz. Los hombres lo miraron con desprecio y se burlaron de él. — ¿Y tú quién te crees? No tienes nada que hacer aquí NUEVO, vete — respondieron agresivamente. Brenda, en su estado de embriaguez, apenas podía articular palabra pero sus ojos reflejaron una pizca de reconocimiento hacia aquel extraño que intentaba ayudarla. Frank, sin dejarse intimidar, se mantuvo firme. —Si tengo algo que hacer o no es mi problema no suyo. Lo único que importa es que esta chica necesita ayuda y ustedes están cometiendo un acto de abuso — sus palabras apenas se oyeron por sobre la música pero uno de ellos abrazó a Brenda aferrando así su cuello. — A ella no le molesta, ¿no Brenda? — dijo y lamió con lascivia y provocación la mejilla de la joven. — Maldito bastardo — murmuró él dando un paso hacia adelante pero uno de los hombres, en un acto de provocación, empujó a Frank desde atrás. La situación se tornó tensa y el corazón de él latía con fuerza por la adrenalina. Sin embargo, en lugar de dejarse llevar por la ira, Frank respiró profundamente y decidió actuar con calma y destreza. Con movimientos rápidos y precisos, evitó los golpes, bloqueando los ataques de los hombres que intentaban detenerlo. La pelea comenzó a volverse cada vez más agitada. Frank recordó sus años de entrenamiento en Karate y aplicó las técnicas con destreza, sin hacer daño innecesario pero con la suficiente fuerza para neutralizar a sus oponentes. Pronto, los hombres estaban casi derrotados pero nuevos parroquianos se sumaron, uno muy alto le dio lo que pareció un cross de derecha preciso al pómulo que lo dejó tambaleando. Fue en ese momento que se oyó un disparo y todos se congelaron. Justo en el momento más álgido de la pelea, Carol, la nueva oficial de policía que reemplazaba a Bob, llegó al bar y dio un tiro al techo, pidiendo perdón al dueño en el proceso. Fue ella la que imponiendo orden, expulsó a aquellos que habían estado molestando a Brenda, con la amenaza de que los arrestaría la próxima vez, y mientras trató de calmar a Brenda, Nathan les gritó que deberían pagar por los daños causados durante la pelea y echó al resto, luego, se puso a ordenar el bar con un suspiro cansado. — Yo pagaré...— murmuró Frank, a quien se le estaba empezando a hinchar el ojo, y Nathan le pasó una bolsa con hielo. — Cállate de una vez, la próxima lo pensaré dos veces antes de invitarte a mi lugar... — Si la hubieran dañado, hubiese sido peor, ¿no crees?— respondió Frank alzando una de sus cejas de forma elocuente. Mientras, Carol, la atractiva oficial de civil que reemplazaba a Bob, se había acercado. Tenía bajo su brazo a Brenda, que lloriqueaba y pedía por su bebé, gimoteando. — Siéntate aquí mientras llamo a tu hermana... — le ordenó y los miró —. Cuídenla y sin más escándalos, por favor, “señor arquitecto” — dijo con sarcasmo mirando especialmente a Frank. Frank se acercó a Brenda y trató de reconfortarla, asegurándole que todo estaría bien. La joven se recostó sobre su hombro, y él le acarició el cabello despacio. La mujer policía había puesto su chaqueta sobre sus espaldas. — Quiero a mi bebé — dijo hipando con voz de niña, como si fuera mucho menor de lo que era en realidad. — Lo sé... tranquila, todo estará bien… — intentó tranquilizarla él. — NADA ESTARÁ BIEN, QUIERO A MI BEBÉ... ¿POR QUÉ? ¿POR QUEEEE? — exclamó y comenzó a llorar otra vez. Frank miró a Nathan mientras este limpiaba el ahora desierto bar y enderezaba las sillas que se habían caído en la pelea, y este puso sus ojos en blanco. — Shhhhh...ya ya Mientras gimoteaba, se acomodó en su cuello. — Tú... hueles bien...— susurró con su aliento etílico cerca de su oído, lo que a Frank le produjo escalofríos. — Gracias... — dijo con una sonrisa incómoda y un leve sonrojo. — Me gustas, eres rubio... HIP... como Bob, pero HIP... más atractivo — dijo y puso su mano sobre su regazo, específicamente agarró su v***a, para ser más específicos. Unos segundos después, entró la mujer policía. Vestía una camisa de cuadros arremangada y muy justa al cuerpo que marcaba cada curva, unos jeans con botas texanas y su largo cabello cobrizo en una cola de caballo. Miró a Frank y levantó una ceja de modo acusatorio. — ¿Esto es cuidarla para ti? — dijo mirando la mano de la chica. Frank carraspeó incómodo y tomó la mano de Brenda para sacarla de allí. — Solo intenté protegerla…— dijo evadiendo el tema. — Sí, veo de qué modo la estás "protegiendo" — le contestó con los brazos en jarra y de mala manera. — Yo no... — Frank quiso decirle que no quiso aprovecharse así que la miró de manera inocente, pero antes de que pudiera decir otra palabra fue interrumpido, pues una joven y atractiva chica pelirroja, como un pequeño duendecito, llegó muy preocupada prácticamente corriendo. — Oh, Brenda, cariño, ¿qué ha pasado? — preguntó quién evidentemente era la hermana que la policía había llamado. La muchacha se lanzó a los brazos de la pelirroja dejando caer la chaqueta que tomó Carol y empezó a llorar desconsoladamente sobre ella, aferrándose a la otra como si fuera su tabla de salvavidas. Y por alguna razón desconocida para él, Frank sintió envidia. — Gracias, Carol — dijo por sobre el hombro de una llorona Brenda, Vicky la hermanastra de la chica —. Gracias a todos... y perdón por los inconvenientes... si hay que pagar algo…— dijo y miró a Nathan. — No es necesario — murmuró el dueño del bar rápido y ella asintió visiblemente agradecida, y se llevó a Brenda, abrazada, cubriéndola con su abrigo. — ¿Y quién es la chica que se parece a una duendecita? — interrogó Frank con curiosidad. Carol rio y se sentó en la barra. — Dame un trago, pero de verdad, no como esa mierda sin alcohol que toman ustedes... — ordenó a Nathan, quien fue por una botella de whisky y se lo sirvió en un pequeño vaso. La atractiva oficial lo miró de reojo, alzando una ceja tras beber un sorbo. — Te gusta jugar peligroso, ¿no? Es la hermanastra de Brenda que si no te lo dijo Nathan ya, es hija del comisario…— murmuró y lo miró de costado—. Yo te diría que tengas cuidado en Salem. Parece un inofensivo pueblo, pero no lo es tanto... Bueno, me voy. Mañana tengo que empezar temprano... Los dejo, pórtense bien... — susurró y se tomó lo que quedaba en el vaso. Luego se levantó para dirigirse a la puerta, y ambos la miraron partir. — Tiene un buen culo — dijo Frank finalmente. — Hey — protestó Nathan y le dio un golpe en la parte posterior de la cabeza con la mano. — ¿Qué, sales con ella acaso? Nathan se encogió de hombros. — Lo he hecho un par de veces, pero es un hueso difícil de roer... Y sí, es atractiva... Pero ¿qué pasa contigo? te gustan todas: la pelirroja, Brenda, Carol... — No, la policía ya me quedó claro que debe quedar fuera de mi "jurisdicción" — dijo y rio por lo bajo —. Y la pelirroja es atractiva, pero no es mi tipo realmente... Entonces esa es la hermana, qué raro. Conocí a la madre... y no se parecían… — susurró extrañado. — La madre biológica de Brenda murió. Mary es la mujer de Bill el sheriff, y madrastra de Brenda y la madre biológica de Vicky, la pelirroja... y no, no se parece a ella la hija. En realidad no son hermanas sino que son hermanastras las muchachas, Vicky tiene otro padre. Me resulta raro que no la hayas conocido ya, a Vicky digo... ¿Realmente no te resulta familiar con ese cabello rojo naranja oscuro tan pero tan peculiar? Frank lo miró un momento, ya que no estaba al tanto de los chismes del pueblo. Hasta que finalmente cayó en la cuenta. — ¡NOOOOOOO! — finalmente exclamó cayendo dándose cuenta de a quien le recordaba la chica más pequeña. — Oh, sí, sí... Brenda es la hermanastra de Vicky Falcone, la chica con cara de duendecita esa... es la hija de Pat Falcone. Así que te sugiero que tengas cuidado con ella y su familia. Sabes que se dicen cosas acerca de ellos... — Sí, algo he escuchado sobre sus lazos con la mafia. Dicen que Mike Falcone, sería el abuelo, ¿no? Mandó a descuartizar a los hombres que mataron a su hermano. También había oído un rumor extraño de que lanzó una bomba a un prostíbulo no muy lejos de donde yo vivía en Boston…— murmuró entrecerrando los ojos para hacer memoria despacio. Nathan se acercó, desde el otro lado de la barra, y habló en voz baja. — Te voy a contar algo, pero no lo sabe mucha gente. Aparentemente, los FALCONE, los padres de todos, Mike y Linda, tuvieron unos hijos gemelos cuando eran muy jóvenes y se los robaron en el hospital. Y de algún modo, esos bebé terminaron aquí en Boston. Uno de ellos es Braxton un policía retirado, alguna vez lo verás, pues frecuenta mucho a su hermano Pat. En cambio el otro, por esas cosas locas del destino, terminó como hijo del jefe de la mafia Caputto. Cuando saltó el estofado, Bruno Caputto o Falcone como sea, quiso irse con su familia biológica y la mafia no quería dejarlo ir, ya que sabía demasiado. Dicen que el viejo Mike Falcone les tiró un misil como advertencia cerca de donde estaban reunidos y luego voló el club que era de la “familia”. ¿Me entiendes? — dijo y alzó ambas cejas de modo elocuente. Frank tragó saliva nervioso. — Si he conocido a Pat, pero es un tipo simpático. También conozco a Lucas, su primo el que tiene la constructora…claro, ambos son Falcone... — sopesó. — Pueden ser muy simpáticos, pero son Falcone en definitiva, así que de verdad ten cuidado, porque con ellos no se jode. Y aunque Brenda no sea directamente de su familia, por Vicky bien podrían considerarla una de los suyos —dijo y lo miró alzando una ceja a modo de advertencia. — Yo tampoco iba a hacer nada, menos con la chica en ese estado, CARAJO...me siento como cuando mi padre me leía la carta a los 17, Nathan…— le recriminó al otro. El dueño del bar levantó las manos en alto. — El que avisa no traiciona, hermano. Y yo solo te lo he aclarado...
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