Golpeaba la punta de sus pies, haciendo un sonido continuo para acaparar el silencio entre los dos. Dalia lo miraba de vez en cuando, y él jugaba con su pulsera, estirándola cada tanto. Después de aquella escena, Jan la invito a sentarse en el banco más cercano, y ella asedió con tal de alargar su compañía. El teléfono de Jan sonó, y él se apresuró a sacarlo de su bolsillo para atender. Vio el nombre y lo dejo sonar. Dalia frunció el ceño repentinamente molesta, y se alejó de él. — ¿Dejara que suene?—Le dijo haciendo más fuerte el golpeteo en sus pies para concentrarse en ese sonido solamente. -La gente tiene cada vez menos gusto. — ¿Disculpa?—Inquirió mirándola con el entrecejo fruncido. —Usted y Minie tienen gustos horribles. Yo me apresuraría a contestar si tuviera ese tono de llama

