No durmió en toda la noche. El corazón le dolía al cerrar los ojos, y solo se dejó caer a la madrugada en el barandal del balcón, donde enrollada con su edredón observó las pocas estrellas del cielo. Físicamente estaba agotada, pero mentalmente su cabeza estaba revolucionada, era la primera vez que quebrantaba su rutina y eso no la hacía sentir mejor. La causa de su desvelo tenia nombre y apellido, el motivo de su tristeza su propio nombre y el de su enojo, dos. ¿A quién podía culpar por sentirse así? ¿A la rizada miss perfecta? ¿Al chico que le hacía sentir en el paraíso? ¿A ella misma por quererlo? ¿A quién podía culpar por su desenfrenado impulso que la llevaba al límite todo el tiempo? Al final terminaba sintiendo culpa, sintiéndose cada vez más sola. ¿Qué pensaba al actuar así? ¿Era

