— ¿Por qué siempre terminamos igual? —La pregunta de Jan pareció ser más bien dirigida a sí mismo. Fue un pensamiento dicho en voz alta, que aún no tenía respuestas. Durante todo el viaje en autobús esa duda le venía persiguiendo. ¿Por qué? ¿Por qué al final por más que se digan que no volverían a verse, terminaban encontrándose? .Al caer la noche, cuando su lejanía se hacía más fuerte y estaban determinados a tratarse como desconocidos –o durante estos últimos días, como compañeros de trabajo-, de alguna u otra forma volvían a ser parte de los juegos del destino. Jan estaba caminando al lado de la chica, yendo a su casa a cenar. Si ella no hubiera estado en la entrada a esa hora que el pasaba, nada de eso hubiera pasado. — ¿Por qué insististe en alejarme? —Esta vez sí le pregunto a Dalia.

