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958 Palabras

Jan mordió sus labios con algo de pena, y posó su mano en el hombro de la chica para sacudirla con delicadeza. Dalia parpadeó varias veces e inspeccionó su alrededor como si no hubiera estado ahí antes para luego detenerse en el pelinegro. Tardó unos segundos en entender lo que pasaba, porque se encontraba algo confundida, sin embargo al recapitular la risa que había brotado de sus labios al imaginar un divertido suceso, comprendió que había causado un malentendido. Tendía –en la mayoría de manera inconsciente– a divagar en su propia mente. No importaba que tan importante o serio fuera la situación, ella en algún segundo de despiste se alejaba completamente de su realidad, y al final despertaba con la mirada de algunos, que extrañados le preguntaban que le pasaba. Se sentía apenada en es

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