La buscó con el corazón en la boca. Al recorrer los alrededores y no encontrarla, marcó al número de Hana. Escuchó el primer tono y luego el segundo, se mordía las uñas angustiada de los nervios, murmurando en voz baja que la pelinegra contestara el maldito teléfono. — ¿Hola?—Se escuchó al tercer tono su voz al otro lado. Minie dejó escapar el aire e inmediatamente se apresuró a decir. —Dalia huyó y no la encuentro. — ¿Qué? ¿Qué quieres decir?—Inquirió la pelinegra. —Se puso pálida como una hoja y salió corriendo muy mal. No la encuentro por ningún lado, por favor ayúdame. —Le explicó cómo pudo, al borde del llanto. —Okey, no te preocupes, ya mismo salgo a buscarla. Colgó la llamada. Hana, que estaba en la cafetería, salió disparada a la salida dejando su almuerzo abandonado. Arras

