La primera personalidad.
Mi primera aparición en este mundo había sido cuando tenía nueve años. Recuerdo jugar fuera del granero porque entrar allí me daba escalofríos. Así que me la pasaba dibujando en ocasiones, quería ser una gran dibujante y era buena o eso al menos decía mi madre. Recuerdo haber hecho una amiga, se llamaba Cassie, ella era única amiga en el mundo después de mis hermanos.
Mis hermanos Riley y Elody en ocasiones no me comprendían. Pensaban que cuando me ponía a llorar era raro, pensaban que era mezquina con los juguetes y por alguna razón dejaban de jugar conmigo. Por eso no me agradaba pasar tiempo con ellos. Además, Elody jamás me prestaba sus cosas.
Cassie en cambio, sí me prestaba sus muñecas, yo no tenía ninguna. Mis padres jamás me compraron o al menos no recuerdo haber tenido, por eso las dibujaba. Cassidy vio uno de mis dibujos y me preguntó porque siempre dibujaba muñecas de porcelana, así que le comenté que quería una. Ella un día, me trajo a escondidas una de las suyas. Y fue un regalo que tuve que esconder hasta que Riley me molestó porque tenía una muñeca y mi padrastro me preguntó de donde la había sacado.
Tuve que decir la verdad y Cassie nunca más volvió a visitarme. No sé porque no me dejaban jugar con ella. Lloré y me puse muy triste en aquel momento, a tal punto de que dejé de dibujar las muñecas y también dejé de dibujar.
Habían días que me dolía demasiado la cabeza y otros que perdía mucho tiempo sin saber dónde estaba y luego aparecía en un lugar sin sentido alguno. No sabía como regresar o cómo había llegado hasta allí, así que recuerdo muchas visitas al médico.
Elody era una estúpida, la quiero pero mamá hacía una gran diferencia entre ella y yo. Elody podía tener muñecas, y yo no. Elody tenía el cabello lacio y cuidado y yo no. Elody podía jugar a cosas de niñas, y yo no. Y no podía quitarle las cosas de Elody.
Riley en cambio, me entendía un poco más, y en ocasiones me traía algunas cosas de Elody en secreto para que jugara. Solía esconderlas en el granero, no sé como Riley podía entrar ahí. Siempre le dije que el granero me daba miedo y él siempre me dijo que lo sabía. Así que le creí, supongo que son cosas de hermanos. Él me entendía.
El día que volví a ver a Cassie a través de las rejillas de la granja, vi porque no la habían dejado llevarse conmigo. Ella me saludó a lo lejos y su madre la tomó de la mano y la llevó con fuerza, allí supe que el problema eran sus padres. Volví a llorar porque me sentía mal de que no me dejaran jugar con Cassie, no había nada de malo en que jugara con ella. Pero luego me dormí, y todo terminó.
La siguiente vez que recuerdo despertar, fue cuando los policías me mostraron fotos de mujeres desnudas y ensangrentadas, me puse a llorar y les dije que pararan de mostrarme eso. Que no eran cosas apropiadas para que vieran los niños, yo entendía perfectamente lo que deben ver los niños y lo que no, pero al parecer los policías no, así que se miraron unos a otros con caras extrañas. Trajeron a una señora con traje de médica que me preguntó mi nombre, le dije que me llamaba Kiara, ella me preguntó que me gustaba hacer. Le dije que no solía hacer muchas cosas, que no recordaba hacer muchas cosas al decir verdad, pero ella me mostró algunos de mis dibujos y me preguntó si los había hecho yo. Luego mostró algunos que no, y le indiqué con el dedo índice cuales eran míos y cuales no. Se notaba la diferencia, los míos eran de muñecas, el resto eran dibujos que no entendía. Aunque había uno que me dio curiosidad, era uno de un granero.
Le dije a la mujer que ese granero se parecía a uno en el que teníamos herramientas en la granja de mi padrastro. Ella también sabía del granero, así que no me hizo más preguntas. Solo me preguntó cual había sido mi recuerdo más reciente, así que le dije de la vez que Cassie dejó de llevarse conmigo. Ella me contó que Cassie de hecho había sido muy amable conmigo aunque no jugáramos juntas, que inclusive su madre y la mía en ocasiones charlaban mucho. Le comenté que Cassie era la única amiga que recordaba, pero ella me dijo que mis hermanos y yo teníamos muchos amigos. Aunque yo no recordaba a ninguno.
La siguiente vez que desperté, fueron unos años después, con otra mujer que me preguntó como era mi nombre y me volvió a preguntar sobre mis muñecas, pero esta vez, ella trajo algunas, así que eso me agradó mucho. Me preguntó si quería dibujar y aunque le dije que ya no dibujaba, me pidió que lo hiciera como favor a ella y que le dibujara una muñeca para ella, porque tenía una hija de mi misma edad que también le gustaban las muñecas. Así que lo hice, le dibujé una muñeca, era la mejor de mis muñecas antes dibujadas. Al decir verdad, nunca había dibujado una muñeca mejor, esta era como la muñeca de mis sueños. Le dije a la mujer que era la muñeca de mis sueños, así que ella preguntó si yo solía jugar con muñecas de niña y le volví a contar sobre Cassie y que Elody nunca me dejaba jugar con sus muñecas. Me preguntó si sabía la edad que tenía Cassie y Elody, así que le mencioné que Cassie tenía alrededor de mi edad y que Elody era dos años más grande que yo.
Ella me volvió a preguntar, si sabía la edad que tenían actualmente Cassie y Elody, así que tuve que ponerme más específica y con ayuda de mis dedos, le dije que Cassie seguramente tenía nueve y que Elody tenía once. Ella solo silenció y miró a través de una pared.
La vez que me desperté en una celda fue horrible, fue sin dudas una de las veces que más sola me había sentido y que más lloré, extrañaba mucho a mi mamá, a mis hermanos y a mi padrastro aunque él fuera en ocasiones un poco tosco conmigo. Pero los extrañaba demasiado y pedí a gritos que me dejaran verlos, pero nadie me hizo caso. Se escuchaban hombres gritarme cosas malas, hombres malos. Así que dibujé mucho ese día y luego me fui a dormir. Dormir me hacía sentir que nadie podría herirme, y ese lugar me daba la misma sensación que el granero.
Como dije, al despertar todo siempre era mucho mejor. Me había acostumbrado a no recordar cómo había entrado y salido de un lugar, porque haber salido de ese lugar era lo único importante. Me encontraba en un lugar lleno de personas raras, en un patio, donde tenía muchos lapices y cosas para dibujar. Una mujer se encontraba a mi lado y me acercaba jugo de durazno cada vez que le pedía. Pero le dije que quería ver a mi mamá, y dijo que donde estaba no se podía. Así que le pregunté quienes eran las mujeres que me habían mostrado esos policías, y ella me dijo que yo debería saberlo. Le dije que no tenía televisión ni periódicos para ver esas cosas, y que tampoco las recordaba. Ella pareció ignorarme y siguió su curso ayudando a otro sujeto allí.
Recorrí un poco ese lugar y dejé mis dibujos donde estaban, el lugar no era tan prometedor como pensaba que era, al final estaba lleno de sujetos raros. Había uno que se mecía todo el tiempo, otro que contaba sus pasos y otros que se sentaban en círculos jugando juegos que no entendía, pero sabía que eran de apuestas. Soy muy inteligente para mi edad, no había apostado nunca pero mi padrastro solía hablar de que existían juegos de apuestas donde se podía ganar mucho dinero, y mi mamá le discutía en ocasiones porque aparentemente también se podía perder mucho.
Me di cuenta que este era el lugar donde terminaban las personas que no controlaban ese tipo de cosas, como los juegos y demás. Pero vi una niña de mi edad, y me acerqué a ella. Tenía una parte del rostro quemado así que intenté no mirarle mucho.
''¿Porque estás aquí?'' le pregunté.
''Porque me he quemado la cara, ¿no se nota?'' me respondió.
''Sí, pero tranquila, solo si miras con detenimiento, yo casi no me he dado cuenta''
''Me mientes'' me dijo ella.
''No me trates de mentirosa'' le dije.
''¿Mentirosa?'' replicó ella.
''Sí, yo no miento''
''¿Y tú porque estas aquí?'' me preguntó devuelta.
''No sé. Desperté aquí''
''Dicen que hiciste muchas cosas malas y que hay que tener cuidado contigo''
''¿Que cosas malas pude haber hecho yo?'' pregunté enojada.
''Como que violaste y mataste mujeres, cosas que los hombres como tú les hacen a las jóvenes''
''Pero yo no haría eso, además, yo soy una niña''
''Mírate al espejo'' me dijo.
Que niña tan extraña. Pero intenté hacerle caso y busqué un espejo. Lo siguiente que sucedió no lo recuerdo.
La última cosa que recuerdo fue un viaje en barco con mamá. Ella estaba el doble de vieja de como recordaba, así que le pregunté que le había pasado.
''Estamos viajando, y los viajes pueden ser muy largos'' dijo ella.
Yo la miré con cara rara, pero la abracé. La había extrañado mucho. Y todo se sentía como en un sueño.
Luego recuerdo haber estado con Riley, él me preguntó mi nombre nuevamente. No sé porque hacían esto de preguntarme el nombre todo el tiempo, pero cuando le dije, que quien más, su hermana, creo que lo entendió y me trajo un regalo. Era una muñeca gigante. Una gran muñeca.
Podía jurar que había sido el día más feliz de mi vida. Pero luego me detuve a pensar, él no se parecía a Riley.
''Me estás tomando el pelo, tú eres demasiado viejo para ser Riley'' le dije.
El viejo sonrió y solo me abrazó diciéndome que era graciosa. Pero sí se parecía a Riley y actuaba como Riley. Quizás el tiempo había pasado como con mamá, y había sucedido distinto otra vez. Quizás estuve todo el tiempo dormida.
A veces pienso que soy como la bella durmiente, que duermo años y años. Pero la bella durmiente no escucha voces, creo que ellos deben ser la razón por la que el tiempo corre y yo despierto en lugares distintos.
Las voces dicen cosas como;
''Es mi turno''
''Duérmete''
Y algunas solo se pelean entre sí, sé que en sueños puedo oír a una en específico, ella dice que me cuidará, que hay veces que no debo despertar porque no es seguro, yo le hago caso. No me gustaría despertarme en el granero, las voces habían dicho que el granero era el peor lugar del mundo para despertar. Y tampoco quería despertarme viendo a esas mujeres en la policía, dijeron que habían fotografías peores que yo no había visto. Y dijeron también, que hay momentos de mi vida en los que las voces malas han hecho cosas malas, y que las niñas como yo no deberíamos presenciarlas. Soy una niña obediente, pero también soy temerosa, no quiero ver algo que me cause pesadillas, así que en cambio las voces me dicen las cosas que me darán pesadillas y las cosas que no, como momentos. Así que les hago caso.
Y un día lo supe, viendo televisión en una casa extraña donde me había despertado porque al azar, me preocupé tanto al verme al espejo que todo sucedió rápidamente y solo lloré hasta volverme a dormir. Había visto a un sujeto grande, barbudo y pelirrojo. No era yo. Lo que veía no lucía como yo. Y luego recorrí la casa en donde estaba, había sangre con la que me resbalé, los muebles de la sala de ese lugar estaban dados vueltas, habían algunos vidrios rotos y una franja de sangre que llevaba hasta detrás de un sofá que se encontraba frente a una televisión encendida, no quise ver con detenimiento, pero sabía que era una persona, una mujer blanca que yacía boca abajo y con algo en el cuello. Subí por las escaleras para ver si alguien podía ayudarme, revisé el baño pero no había nada, así que me dirigí hacía los cuartos, la primera puerta que abrí me encontré con un escenario espantoso.
Habían pies detrás de la cama nuevamente, y mucha, mucha sangre en las sábanas, así que solo cerré rápidamente la puerta y seguí a la siguiente, aunque todas mis pisadas estaban cubiertas de sangre y cada paso que daba dejaba una marca horrorosa.
El lugar olía espantoso, toda mi ropa olía espantosa y sudorosa, así que seguí al cuarto siguiente, pero este estaba vacío. Y entonces seguí al siguiente, ya que solo quedaban dos puertas más que abrir.
La primera puerta que abrí, encontré a una mujer boca abajo sobre la cama, su cabeza podía sentir que me miraba, así que cerré rápidamente también esa puerta y corrí a la siguiente para ver si había alguien que me ayudara o encontraba al monstruo que había hecho esto, pero nada.
En el último cuarto ni siquiera pude abrir la puerta porque al intentar entrar me encontré con unos pies que me hicieron tropezar con una mujer desnuda y con la espalda pisada. No sabía si alguna de las mujeres estaba viva, pero ésta seguramente no lo estaba porque logré ver su cabeza, y estaba como si una fruta hubiera caído al piso.
Cuando intenté llamar a la policía, todo lo que siguió fue oscuridad.
Dejé que la oscuridad me consumiera, quizás todo eso había sido un mal sueño. Después de todo, algunas de estas cosas me las habían mostrado los policías y eso pudo haberme causado pesadillas. Y un día, el sueño fue infinito. Las voces dijeron que no habría más dolor, ni sufrimiento, ni que nadie me haría daño. Que solo debía guardarme, no sabía con exactitud que significaba ''guardarse'' pero podía darme cuenta que me adormecía, y mientras me adormecía, la oscuridad me consumía, pero ya no le temía. Algunas veces dicen que la muerte es como un sueño largo y profundo, pensaba que quizás se podía sentir como ahora, lenta, profunda y que se derramaba por cada parte de mí. Pensé que al final vería una luz como solían decir en las películas, pero no la vi. Solo sentí oscuridad, inmensa oscuridad. Y sueño, un profundo sueño.
No podía negarme, porque al fin estaba sola, al fin podía irme en esa oscuridad y no oía ninguna voz decirme nada. La oscuridad me arrastraba, pero no veía nada, así que intenté imaginar algo, intenté imaginar a mi mamá y a mis hermanos, a mis dibujos y a las cosas que me hacían feliz, y allí fue cuando todo fue más fácil. Encontré una enorme luz que se acrecentó y se extendió rápidamente para mí como las luces delanteras de un auto que se dirigía directamente hacía mí.
Y ahí lo supe.
Soy Chuck, yo había hecho todas esas cosas. Pero no lo sabía antes hasta que desperté de nuevo y supe que una parte de mí lo había hecho. Era culpable, mi cuerpo era culpable, una parte de mí o muchas, lo eran, pero yo no lo era. Yo dejé de habitar este cuerpo hace diez años. No recordaba nada de lo sucedido, pero todo indicaba que era mi culpa. Todos decían que lo era.
Me sentía apenado y avergonzado, tenía miedo y sobretodo asco por mí, por lo que había hecho. Pero la doctora Murier dijo que no volvería a suceder, que no temiera, que estaba curado. Nuevamente tenía el control de mí mismo. Así que solo busqué a mi hermano Riley y a Elody para saber que había sucedido, al parecer, ellos vivían en lugares diferentes.
Había pasado un tiempo en prisión, y otro tiempo en los hospitales psiquiátricos, pero nada de eso lo recuerdo. Riley dijo que me escapé a verlo, pero tampoco lo recuerdo. Solo recuerdo despertar y todo lo que está escrito en este libro, y me da miedo leerme. Me da miedo ver que fui capaz de tales actos de crueldad y me da miedo sobretodo, volver a perder la noción de que soy Chuck. Cosas malas suceden cuando no soy Chuck, cuando no soy yo.
La doctora Murier dijo que yo era un paciente sensible y cálido, que en realidad no debería avergonzarme, que ya estaba curado y que si volviera a irme, ella ayudaría a encontrar el camino devuelta.
Han pasado años desde entonces, siempre visito a la doctora Murrier, a mis hermanos, a mis sobrinos, a mi madre aunque ya está envejeciendo y la llevamos a vivir con Elody, y yo vivo con mi hermano Riley aunque me he enamorado de una mujer, no sé realmente porque ella me ama si sabe las cosas que he hecho, pero sin embargo ella me ama. Le dije que no viviéramos juntos, para protegerla. No quiero volver a irme, no quiero que mientras duerma, una parte de mí tome el control y la ataque, así que está bien por el momento.
Habrá una nueva sentencia ante el tribunal, será la tercera y definitiva. En la primera me habían condenado inocente por demente, y en la segunda ordenaron que esté en un hospital bajo vigilancia médica. Dicen que me han visto psiquiatras de muchos lugares y continentes, que por eso es que ahora estoy devuelta aquí, que por ellos es que estoy libre y que también he encontrado la luz. Ya no soy un niño temeroso de nadie, pero sí me temo a mí mismo, pero lo charlo todo el tiempo con la doctora para asimilarlo. Me pregunto, ¿algún día podré ser normal?
Pero sé que ésta es la última hoja de mi diario, estas son las últimas que escribiré, ya no quiero tener miedo. Las demás hojas, pueden pudrirse.