Una vez había bebido con un amigo y mi amigo tenía un auto, un buen auto. Esas son las cosas que le interesan a las mujeres, un auto, una billetera, y la aventura. No era un tipo que se considerara a sí mismo como un muñeco, ni tampoco era un marica. Era un forajido, y eso es lo que les llamaba la atención, mi larga cabellera negra, mi bigote, mi bandana. Las aventuras con mi amigo Nielsen se volvieron alocadas en esas épocas, eran los años 60 y a las mujeres te las encontrabas buscando aventuras en las carreteras, con sus mochilas, y pidiéndote un aventón.
Y la pasamos bien esa tarde, bebimos, reímos y nos presentamos. Billie en realidad tenía una personalidad un poco sosa con las mujeres, así que veía venir que tuviera que ayudarlo a meter el p**o en algún lado. Y yo, tenía encima a una mujerzuela que obviamente no sabía de buenos modales o escapaba de una casa en la que ser así no le estaba permitido.
Me daba un poco de risa, las mujeres fingían que eran parte de nosotros, pero Billie y yo eramos unos desconocidos para ellas. Pero en ese entonces, las mujeres eran muy incrédulas. Eran los años 60, no habían grandes peligros y no se sabían de las crueldades del mundo. Ni tampoco ninguna de ellas sabía con firmeza lo que les haríamos esa noche. Y aunque Billie no estuviera muy de acuerdo, recuerdo haberles emborrachado tanto que ni siquiera podían pelear, pero gritaban, gritaban como locas y rasguñaban, así que tuve que atarlas de muñecas y tuve que pedir ayuda a Billie si tenía una cinta aisladora, que por suerte tenía, ya que su padre era mecánico. Y esa noche fuimos nosotros. Billie aprendió lo que era una mujer, y yo sonreía habiendo hecho lo mío, sentado y transpirado a lo lejos, sonriéndole porque me debía una el bastardo.
El problema fue haberlas dejado vivas, yo le dije a Billie que para cosas como éstas no había que dejar rastros, pero él y las chicas insistieron en que no hablarían. No hablarían mis pelotas, al día siguiente, me vinieron a buscar unos policías y lo supe. Billie me había delatado, era el único que sabía quien era yo. Por mucho que quisiera pensar que las mujerzuelas eran quienes lo habían hecho, un retrato dibujado tarda mucho tiempo en encontrar a una persona similar, y eso había sido instantáneo. Al día siguiente que lo hicimos, fue el día que me apresaron.
Pero no recuerdo mucho, se lo repetí incesantemente a la perra vestida de blanco, aunque ella buscara caerme bien, sabía que en el fondo no dejaba de ser quien era. Pero ella pensaba que estaba más allá que yo, que era más inteligente porque era diplomática, que podía estudiar mi cabeza.
''No puedes estudiarme'' le dije riendo.
Y ella me pasó un cigarrillo.
En algunas ocasiones no era una estúpida perra.
''Larry, dime que más recuerdas'' insistía.
Yo no recordaba nada, en realidad. Tenía periodos de amnesia pero no quería hablarle de esas cosas a esta mujer, no me importaba quien fuera ni que importancia tuviera, no me importaba estar en la cárcel si así lo decidían, no quería que pensaran que podían comprenderme, ni tampoco me gustaba pensar que podían mirarme con la misma mirada que me veía esa zorra y todos los demás vestidos de blanco que rebuscaron entre mis entrañas como si pudieran sacar algo.
''Interesante'' decían todos. ¿Que era lo interesante? ¿Acaso era su conejillo de indias? No me fiaba de esta gente y ellos lo sabían, pero por alguna razón, no me tenían miedo.
''Mira, si es por las chicas, ni siquiera no es que le haya hecho gran cosa, ambas están vivas'' le dije entonces a la mujer que me invitaba los cigarros.
''Lo sé, Larry'' espetó ella.
''¿Y si lo sabes entonces porque sigo aquí?''
Ella sonrió cabizbaja.
''¿Sabías que aquellas mujeres si no fuera por lo que contaste, no sabríamos que había sucedido?''
''¿Cómo es eso posible? La policía me buscaba''
''Larry, la policía te buscó por otros crímenes, tú confesaste el de las chicas, pero ellas jamás presentaron cargos''
''Entonces fui un estúpido''
''Eres un forajido, después de todo, eso es lo que eres ¿no?'' dijo la mujer complaciente.
Me molestaba, pero hacía ver que todas las atrocidades por las que el mundo me juzgaría, ella no lo haría.
Lo supe después, en el juicio, cuando intentaron inculparme de algo que ni siquiera había hecho yo.
''Yo no hice esto'' le dije a los jueces.
''No te dirijas a los jueces, Chuck, solo mira las fotos y mira lo que le hiciste a esas mujeres''
Veía las fotos y la verdad es que si alguien no me conociera, creería fácilmente que yo había hecho esa masacre, pero la verdad es que esas chicas estaban en una fraternidad, durmiendo, no buscaban diversión. No escapaban de sus casas queriendo nada. ¿Porque interrumpiría la vida de personas que en algún momento serían alguien en la vida?
''No soy Chuck'' le insistí al abogado.
''Está bien, no eres Chuck. Pero antes habías violado a dos mujeres indefensas, habías alardeado con tus amigos, obligaste a tu mejor amigo Barry a que haga lo mismo que tú con esas chicas y te gustaba robar gasolineras, este eres tú, esta es tu naturaleza''
Fruncí el ceño rápidamente.
''Mi naturaleza no era matar a nadie''
''¿Y si estaba bien violar?''
''Fue hace mucho tiempo, creía que se lo merecían, creía que eran unas zorras''
''Lo mismo que creíste cuando merodeabas a estas chicas de la fraternidad, pensaste que eran unas zorras, que se merecían todo lo que les ibas a hacer, ¿verdad? después de todo, eres un forajido''
La palabra forajido comenzaba a hastiarme.
''No hice eso de las fotografías que muestra, una cosa es matar a toda una fraternidad y otra cosa es pasar un poco de diversión con chicas como tú y luego dejarlas ir''
El abogado se volteó al jurado.
''¿Ven? Eso es lo que piensa Chuck, que tiene el derecho de divertirse cuando le plazca con las mujeres que le plazca, y aunque lo niegue, estas mujeres fueron víctimas atroces de ese deseo de diversión que jamás pudo ocultar''
Pero luego de aquello, mi mente se silenció. Y volví cuando mi abogado me decía lo obvio, que no había sido un buen día para el caso por mis dichos, pero que luego de demostrar el punto de la doctora, saldría en libertad. No sabía cual era ese punto, y tampoco sé de leyes, solo recuerdo la primera vez que robé cigarrillos y luego comencé a robar en gasolineras.
Tenía once años y había acompañado a la gasolinera a mi padrastro, me dieron ganas de unos chocolates que estaban en venta, pero mi padrastro no era de las personas que compraban cosas como esas a los hijos de su esposa. Así que los tomé tan rápido como pude y los guardé en mi bolsillo, pensé que el lugar tenía cámaras, pero no las tenía para mi sorpresa, o las que tenía no me captaron. Y allí sentí que podia hacer lo que quisiera con la libertad que quisiera. Allí todo siguió en aumento.
Luego dejé de vivir con mi padrastro por alguna razón y ya nadie me vigilaba de cerca, y mi madre trabajaba doble turno para mantenernos, así que tomaba todo lo que pudiera de las gasolineras me gustaba mucho mas monedas de chocolate, me recordaban a la época en la que mi madre me compraba esas monedas. Y un día supongo, que dejó de hacerlo porque no podía. Aunque siempre le traía a mis hermanos algunas monedas de chocolate, jamás les decía que no mas compraba.
Mis amistades eran unos pusilánimes, así que en el instituto tuve que fingir ser el más fuerte, y en ocasiones les contaba algunas cosas que hacía, pero nadie creía, o casi nunca estaban de acuerdo, como Barry, que nunca supe de él después de aquello.
Pero había algo que detestaba más, y era cuando todo terminaba, cuando volvía a la prisión, y todo en ese lugar me llamaban Chuck, y aunque al principio les dijera que me llamaba Larry, con el tiempo dejé de insistir, y aunque sabía que tenían al hombre equivocado, las cosas del tal Chuck me recordaban un poco a mí, así que no las tiré del todo, las dejé, aparte, pero las guardé, y en mi cuaderno de dibujos, solía dibujar algunas cosas que me gustaban, como deseos, como que Barry muriera por soplón, o que debería haber terminado el trabajo con esas dos chicas, o que el juez era un imbécil por tener al hombre equivocado, y que la mujer doctora aunque en ocasiones fuera amable, no dejaba de ser una zorra privilegiada, nada en comparación con mi madre, que jamás se había podido permitir esos lujos.
Recuerdo pocas cosas de mi padrastro, pero recuerdo odiarlo, y dibujaba mucho de él y sobre las diferentes maneras en las que lo mataría si lo tuviera presente. Si de todas maneras, todo lo que yo dibujara, pensarían que lo hacía Chuck