Día 22 Como se estaba haciendo costumbre para mí, despierto viendo un techo desconocido, de una cama desconocida, de un sitio que no conozco. Pero con mi memoria llena de uno de los recuerdos más bonitos de toda mi existencia. Había besado a Antonio. Había tenido mi primer beso con... bueno, el segundo beso con Antonio si me olvido de ese vergonzoso momento al despertarme como Irene. Lo había besado y él me había correspondido. Ese beso fue mágico, hermoso y tan romántico que mis mejillas no paran de sentirse calientes, ni estos labios que estoy tocando como si yo fuese una chiquilla a la que nunca le habían besado. Es que de hecho, ese beso no fue comparable con ninguno otro que me hubiesen dado o yo hubiese dado. Fue un beso cálido, tierno y excitante debajo de la lluvia, conmigo em

