Obligada, sin escapatoria por un corazón débil y empatía sin precedentes ante la dueña de este cuerpo, estoy entrando del brazo de Antonio al fulano cóctel de negocios de los Parker. No había tenido la oportunidad vestirme de esta manera nunca en mi vida, pero la situación lo ameritaba. Lo de siempre con las tarjetas de Irene, bastó entrar en una boutique, pedir un vestido de gala y debido a las medidas que tenía (y presupuesto), todo perfecto. Llevaba un vestido azul rey de hombros descubiertos y tela vaporosa, el cabello peinado hacia atrás y lacio caía en la espalda. Un par de pendientes bonitos, más maquillaje profesional y listo. En arreglarme y las compras pasé el resto de la tarde. Debían ser como las 8:00 PM. Antonio por su parte llevaba un elegante traje n***o que se sacó de

